0. Opciones Generales

OPCIONES GENERALES 

«Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar» (EN, 14). Esta es la convicción radical de la que arranca nuestra ponencia. Estamos convencidos de que la primera tarea y el quehacer más urgente en nuestras parroquias es redescubrir en la acción evangelizadora su dicha, su vocación y su identidad más profundas.

Con el fin de clarificar los objetivos de este texto y precisar mejor su contenido, vamos a hacer algunas observaciones.

 

A.- DE UNA PASTORAL DE CRISTIANDAD A UNA PASTORAL DE MISIÓN

Sin ignorar ni dejar de valorar tantos esfuerzos de renovación y tantos logros positivos que se pueden constatar en la organización de las parroquias, la revitalización de la celebración litúrgica, la calidad y mejora de la acción catequética o la pastoral de la caridad, creemos, sin embargo, que el talante y clima general, el funcionamiento pastoral y las actividades habituales de muchas parroquias responden todavía más a una sociedad supuestamente cristiana que a una sociedad donde ya no todos aceptan la concepción cristiana de la vida ni los valores evangélicos. Son parroquias que, de hecho, están concebidas y funcionan más para ofrecer los servicios de culto y catequesis que necesita una sociedad cristiana que para impulsar una acción propiamente misionera en medio de una sociedad que se va descristianizando y deseclesializando día a día.

Creemos, por ello, que el reto más importante al que se enfrentan hoy la mayoría de nuestras parroquias es precisamente el paso de una pastoral de cristiandad a una pastoral de la misión. Más concretamente, el paso de una pastoral de conservación dedicada preferentemente a instruir la fe de los practicantes y alimentar la vida cristiana de los fieles por la participación en los sacramentos, a una pastoral evangelizadora más orientada a despertar en sectores alejados la fe y la adhesión al Evangelio y a hacer presente en la sociedad actual la fuerza liberadora y salvadora de Jesucristo.

Este texto trata de responder a preguntas que están hoy vivas en la inquietud pastoral de muchas comunidades parroquiales: ¿Es posible poner a una parroquia en estado de misión? ¿Es posible ir transformando nuestras parroquias en comunidades vivas capaces de difundir e irradiar la fuerza salvadora del Evangelio? ¿Podemos encontrar cauces concretos de acción misionera que nos permitan superar la inercia pastoral y descubrir de manera práctica la dicha de evangelizar al hombre de hoy?

 

B.- HACIA UNAS PARROQUIAS AL SERVICIO DE UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Es cada vez más frecuente entre nosotros hablar de «pastoral misionera» y de «evangelización», y sin duda, este lenguaje indica una sensibilidad y una actitud pastoral nuevas. Pero, en bastantes casos, ello no deja de ser una manera de designar con una terminología diferente y, a veces, claramente inadecuada, una actividad pastoral en la que no se ha producido todavía un cambio real en orden a la acción evangelizadora.

Este texto asume como punto de referencia la descripción de la acción evangelizadora que nos ofrece el Congreso «Evangelización y hombre de hoy».

La evangelización anuncia y realiza la Buena Noticia de Jesucristo: Dios Padre ama al mundo en su Hijo. El don de Dios en Jesucristo se nos ofrece a los hombres como el principio más hondo y decisivo de la salvación personal y colectiva, creador de un hombre nuevo y de una humanidad nueva, por la acción del Espíritu.

La evangelización se dirige a la conciencia libre de las personas que viven en una sociedad concreta. Aporta a quienes acogen el Evangelio la capacidad de una transformación real que, desde el interior del hombre, penetra en toda la convivencia social, la hace más humana, más justa y fraternal, y la ilumina y eleva con el don de Dios.

La oferta convincente y significativa de la forma de vida de Jesús en la acción evangelizadora se realiza desde una presencia encarnada en la vida de los hombres y desde la pobreza evangélica, no desde el poder (CE, conclusión nº 10)

Así pues, cuando en la ponencia hablamos de una parroquia más evangelizadora, no tratamos de cualquier renovación o mejora pastoral, sino precisamente de aquella transformación que pueda capacitar a las parroquias para hacer presente hoy la fuerza liberadora y salvadora que se encierra en Jesucristo, en medio de unos hombres y mujeres que o no han recibido aún el Evangelio o lo han recibido de manera insuficiente o lo han abandonado, de manera que no es posible ya percibir en ellos la eficacia de la salvación cristiana.

Pero el Congreso concretaba más nuestra tarea urgiéndonos a promover precisamente una nueva evangelización, es decir, «esa nueva evangelización que debe fecundar todo un país de tradición cristiana que, al cabo del tiempo y con la evolución histórica y cultural, tiene estratos más o menos amplios y profundos que ya no están impregnados por el Evangelio: sectores importantes de población que desconocen la fe cristiana o que se han alejado de ella, grupos numerosos de bautizados que no han personalizado la fe, estructuras vitales de la sociedad (familia, cultura, economía, política,…) en grado tal de transformación que manifiestan en el presente serias incoherencias con una concepción cristiana de la vida» (CE p. 115).

Este texto quiere escuchar esta llamada a una nueva evangelización. No pretendemos abordar toda la problemática y los planteamientos que es posible hacer en torno a la parroquia, sino sencillamente ofrecer pistas y cauces de acción que puedan ayudar a las parroquias a ponerse al servicio de esta evangelización.

 

C.- POSIBILIDADES Y LÍMITES DE LA PARROQUIA

Constatamos que el marco de la parroquia ofrece hoy grandes posibilidades para impulsar una nueva evangelización en nuestra sociedad. Al mismo tiempo sabemos que tiene unas limitaciones que nos han de urgir a extender nuestra acción evangelizadora más allá de la parroquia, sin encerrarnos exclusivamente en ella.

Entre los factores que hacen de la parroquia una plataforma irremplazable para la evangelización hoy, señalamos los siguientes:

*La parroquia es el marco normal donde la mayoría de los creyentes viven y alimentan su fe. Con todas sus deficiencias y lagunas, en las parroquias encontramos esas comunidades cristianas llamadas a testimoniar y difundir el evangelio. Difícilmente penetrará la acción evangelizadora en nuestra sociedad si no somos capaces de imprimir un dinamismo evangelizador a estas comunidades.

*Dentro de la Iglesia diocesana, la parroquia es la comunidad que, al estar arraigada en un territorio determinado, mejor asegura la consolidación y continuidad de la vida cristiana en un lugar. Para la mayoría de los ciudadanos es la manifestación visible más concreta de la Iglesia de donde les puede llegar el anuncio y la interpelación de Jesucristo.

*En una sociedad en la que encontramos una variada gama de modos y grados de vivir la fe y la pertenencia a la Iglesia – desde cristianos convencidos hasta personas netamente increyentes, la parroquia es la comunidad eclesial más accesible y cercana con la que entran en contacto, de una manera o de otra, la inmensa mayoría de hombres y mujeres concretos. El arciprestazgo, el sector, la zona pastoral o la diócesis les resultan realidades mucho más vagas y lejanas.

*La parroquia es una comunidad que por sus dimensiones y características, puede encarnarse en la vida cotidiana de las gentes y en la diversidad de situaciones y problemas humanos.

*La parroquia es un lugar privilegiado para la iniciación y la educación en la fe. Para la inmensa mayoría y teniendo en cuenta la configuración de la vida actual es el ámbito concreto donde pueden hacer el aprendizaje de una vida más evangélica.

*La parroquia es también lugar privilegiado de la celebración de la fe que, cuando es auténtica, tiene por sí misma fuerza interpeladora y produce un impacto incluso en aquellos que asisten sin una adhesión personal convencida a Jesucristo.

Pero junto a estos valores, hemos de constatar también las limitaciones de la parroquia:

*En primer lugar, la parroquia acotada a un territorio concreto, queda demasiado corta y estática para seguir la movilidad y dispersión del hombre contemporáneo (trabajo, diversión, fin de semana, etc.). Y aunque últimamente parece que el lugar de residencia, la vida de barrio, la asociación vecinal, etc., van recuperando peso específico, la residencia ha dejado de ser para muchos el factor englobante de su vida. Esta situación sociológica nos obliga a superar una concepción autárquica, autosuficiente e independiente de la parroquia para promover una colaboración más estrecha entre las parroquias de una misma zona y una coordinación de la acción evangelizadora dentro del sector o de la zona pastoral o del arciprestazgo.

*Por otra parte, la vida moderna ha ido configurando espacios y ámbitos cada vez más complejos y especializados que quedan lejos de la plataforma parroquial y desbordan ampliamente sus posibilidades. Pensamos en el mundo de la educación y la cultura, la economía, la sanidad, los medios de comunicación, etc. Son ámbitos que requieren una evangelización especializada para la que, normalmente, la parroquia no tiene medios suficientes.

*Por último, la parroquia no puede promover adecuadamente una acción evangelizadora en determinados ambientes que quedan lejos de la pastoral parroquial y exigen un estilo de presencia capaz de ejercer una acción transformadora. Pensamos en el mundo obrero y sindical, el mundo estudiantil y universitario, los hombres del mar, etc, que exigen una pastoral específica de ambientes.

Este texto, como es obvio, aborda la acción evangelizadora a promover desde la parroquia. Pero, naturalmente, hemos de preocuparnos de situarla correctamente y complementarla con la acción evangelizadora promovida desde una pastoral territorial supraparroquial (arciprestazgos, zonas, diócesis), desde una pastoral especializada y desde una pastoral de ambientes.

A continuación, se ofrecen siete orientaciones de renovación de la parroquia. Son las siguientes:

1.-Hacia una parroquia como lugar de acogida y experiencia del evangelio.

2.-Hacia la parroquia como comunidad viva de fraternidad cristiana.

3.-Hacia una parroquia corresponsable en la acción evangelizadora.

4.-Hacia una parroquia abierta a la misión evangelizadora.

5.-Hacia una parroquia al servicio de la evangelización en una sociedad en vías de descristianización.

6.-Hacia una parroquia comprometida en la acción transformadora.

7.-Hacia una parroquia capaz de evangelizar a los pobres.

En cada una de ellas se ofrece una explicación de la orientación, unas líneas prioritarias de acción y unas actitudes.

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