200301_Lectio Divina

Lectio Divina del Domingo I de Cuaresma

Resultado de imagen de Matthew 4, 1-11

Oración

Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú le ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz , que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección.

Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Tí, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén..

Contexto en el Evangelio

En el marco narrativo formado por los vv. 1 y 11, tenemos un relato con tres partes. Los términos «Espíritu» (v. 1) e «Hijo de Dios» (vv. 3.6) establecen la conexión con la perícopa anterior. En las tres tentaciones el peso recae en las citas bíblicas. Entre las tres tentaciones existen amplias coincidencias: la iniciativa parte siempre del diablo, que «se lleva» a Jesús. En las tres ocasiones Jesús contesta al diablo con una cita del Deuteronomio. Las tentaciones del diablo se escalonan: Jesús es conducido desde el desierto al templo y desde el templo al monte. Dos veces se refiere el diablo a la filiación divina de Jesús; se trata, pues, de acreditar la filiación divina proclamada en 3,17. La tercera tentación exige sin ningún ocultamiento la adoración del diablo. Concluye con su rechazo definitivo y el acercamiento de los ángeles.

Podemos descubrir una estructura siguiendo el contenido de la perícopa:

Introducción al relato (vv.1-2)

I tentación (v.3)

I respuesta de Jesús (v.4)

II tentación (vv.5-6)

II respuesta de Jesús (v.7)

III tentación (vv.8-9)

III respuesta de Jesús (v.10)

Conclusión: El diablo se aleja luego de tentar y unos ángeles se acercan a servir (v.11)

PRIMERA LECTURA Gén 2, 7-9; 3, 1-7

Creación y pecado de los primeros padres

Lectura del libro del Génesis.

El Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo.

Luego el Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado.

El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal.

La serpiente era más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».

La mujer contestó a la serpiente:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios:

“No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».

La serpiente replicó a la mujer:

«No, no moriréis; es que Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal».

Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió.

Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 50, 3-4. 5-6ab. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

R. Misericordia, Señor: hemos pecado.

V. Misericordia, Dios mío, por tu bondad,

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

V. Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado.

Contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

V. Oh, Dios, crea en mi un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme.

No me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

V. Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

SEGUNDA LECTURA (forma larga) Rom 5, 12-19

Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos.

Hermanos:

Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte se propagó a todos los hombres, porque todos pecaron…

Pues, hasta que llegó la ley había pecado en el mundo, pero el pecado no se imputaba porque no había ley. Pese a todo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que tenía que venir.

Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por el delito de uno solo murieron todos, con mayor razón la gracia de Dios y el don otorgado en virtud de un hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos.

Y tampoco hay proporción entre la gracia y el pecado de uno:

pues el juicio, a partir de uno, acabó en condena, mientras que la gracia, a partir de muchos pecados, acabó en justicia.

Si por el delito de uno solo la muerte inauguró su reinado a través de uno solo, con cuánta más razón los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo.

En resumen, lo mismo que por un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos.

Pues, así como por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno solo, todos serán constituidos justos.

Palabra de Dios.

EVANGELIO Mt 4, 1-11

Jesús ayunó cuarenta días y es tentado

+ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.

El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».

Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».

Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».

Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».

De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras».

Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».

Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Palabra del Señor.

1. Lectio

El capítulo 4 del Evangelio de Mateo comienza con la escena de las tentaciones que Jesús sufre en el desierto por el diablo. El espíritu del mal es una criatura espiritual que lucha contra el plan de Dios. La escena se compone de tres secuencias: el desierto, el templo de Jerusalén, una montaña muy alta.

El texto está marcado por un triple «entonces» (vv. 5,10,11) de manera similar al pasaje que precedió al bautismo (3,5-15); el tercero introduce una conclusión que recuerda el final del diálogo entre Juan y Jesús (3:15): «Entonces el diablo lo dejó …» (v. 11), mientras que el doble «y he aquí» de la escena del bautismo (3 , 16.17) se toma aquí como un eco: «… y he aquí que los ángeles vinieron a él y le sirvieron» (v. 11).                       

La perícopa se divide en varios momentos: introducción con presentación de los personajes fundamentales (vv. 1-2); historia real con las tres escenas de tentación (vv. 3-10); conclusión con la retirada del tentador y la presencia de ángeles (v. 11).

El desierto es convencionalmente el lugar de retiro, en el cual el hombre enfrenta las elecciones esenciales de la vida. A medida que el pueblo de Israel madura su vocación como pueblo de Dios en el desierto, Jesús, antes de comenzar su misión, se va al desierto. Sin embargo, a diferencia de Israel, el Señor vence la triple tentación de los bienes materiales, el éxito y el poder, una tentación en la que el hombre había caído en el jardín del Edén (Génesis 3, 1-7): donde el antiguo Israel sucumbió, quien simboliza el nuevo Israel, Jesús, se resiste y gana.

Las tres tentaciones llevan a Jesús a rechazar el poder temporal, la fácil apelación al milagro y, sobre todo, la seducción de la idolatría.

Jesús se aleja enérgicamente de estas tres tentaciones, renunciando a toda costa a usar el camino del poder, el prestigio y el milagro fácil. Los otros sinópticos también dan testimonio de esto, Juan mismo lo recuerda (6,6).

Otro dato fundamental de la perícopa es el estrecho vínculo entre la tentación de Jesús y el bautismo. Es el Espíritu, que descendió con motivo del bautismo, quien lleva a Jesús al desierto, para ser tentado por el diablo (4,1). La misión de Jesús se caracteriza desde el principio por la presencia hostil del demonio que apoyará una lucha continua contra el Hijo de Dios en todas las áreas de su ministerio: cumplir toda justicia (5.10) significa precisamente vencer al mal.

La presentación de las tentaciones se caracteriza por la cadencia de citas del Antiguo Testamento. Parece claro que Mateo quiere presentar, en un contexto catequético o mejor aún litúrgico, a Jesús como a quien se le ordena toda la historia de Israel.

Como Jesús llena las expectativas de su pueblo, toma todas las dimensiones de su historia y cumple toda la justicia al darse cuenta de la aprobación del Padre, triunfa sobre las tentaciones a las que en otros tiempos el pueblo judío había cedido y, por lo tanto, verdaderamente se revela como el hijo de Dios.

El tentador sobresale en el arte de embellecer imágenes y con algunos elementos dibuja una imagen grandiosa: el pináculo del templo que domina la ciudad santa, los altos muros que caen abruptamente, la presencia de los ángeles invocados como posibles «ayudantes» celestiales de Jesús … Como director experto, quiere hacer que Jesús desempeñe el papel del Mesías triunfante, que viene con su poder y que se manifiesta al mundo entero con gestos claros y poderosos. ¡Pero esto no se realiza!

En la primera tentación, Jesús rechaza el papel mesiánico en un contexto espectacular y prodigioso, pero lo vive en fidelidad a Dios como todo hombre justo y creyente.

En la segunda, Jesús supera todas las deformaciones religiosas que tienen su modelo en la magia y/o el milagro.

En la tercera tentación, Jesús muestra claramente cuán perversa y diabólica es la idea de una conquista y del poder imperialista en nombre de Dios.

Es la triple tentación de Jesús: una tentación que, más allá del tiempo y el lugar circunscrito por el evangelista, abraza y toca toda la vida del Mesías, que se convierte en una tentación diaria y una prueba continua. No se trata de la descripción de un día de la vida de Jesús, sino de la reflexión completa sobre la vida de Jesús, reflejada, o mejor aún anticipada, en el resumen muy conciso y esquemático de las tres tentaciones.

2. Meditatio

Las lecturas de cuaresma del ciclo «A» están vinculadas con el catecumenado y la iniciación cristiana que culmina en el bautismo dado en la noche de Pascua. El primer domingo, Adán que sucumbe a la tentación (primera lectura) es igualado por Jesús que vence la tentación (evangelio) y ofrece a cada cristiano la oportunidad de vencer las suyas, la oportunidad de conocer la gracia de Dios (segunda lectura).

El binomio pecado-muerte con el que Pablo interpreta la caída primordial se presta a una reinterpretación a partir de la página de génesis. La tentación actúa dentro del hombre a partir de la palabra con la que Dios le ordena que coma todo excepto una cosa (Gén 2,16-17). De lo contrario, el hombre ciertamente encontrará la muerte. La tentación actúa principalmente en el corazón humano como frustración.(«Si estoy privado de una cosa, estoy privado de todo»: Gen 3,1). La prohibición de la única fruta, en lugar de la orden de permiso para comer todo lo demás, afecta y hiere a la criatura que se siente atraída por lo que está prohibido. Y del poder del deseo se defiende con más prohibiciones que exacerban la prohibición divina: «No debes tocarla» (Gen 3, 3). Y él especifica: «de lo contrario morirás» (Gen 3, 3). La muerte ya está presente en el mundo, está actuando en la mente y el corazón de la criatura humana y está produciendo miedo. Y precisamente las palabras que aseguran: «No morirás en absoluto», vencen la resistencia de la mujer y la empujan a la transgresión. Por lo tanto: el pecado viene de la muerte, incluso más que lo contrario. O más bien, por miedo a la muerte. El pecado aprovecha el miedo a la muerte. Pecamos y lo entregamos a las tentaciones para engañarnos a nosotros mismos para dar vida a la forma de posesión, abuso, acumulación, poder, consumo … Pero el resultado de esto es mortal y el hombre se ve esclavizado por lo que lo ganó. El Nuevo Testamento afirma que Cristo redujo al señorío al que tiene el poder de la muerte, el diablo, liberando así a los hombres que, por temor a la muerte, estuvieron sujetos a la esclavitud toda su vida (Heb 2,14-15).

Jesús pasa por la tentación, no la quita. Es decir, acepta medirse contra él en sí mismo: no proyecta la imagen del enemigo en realidades externas, sino que acepta que el poder de la tentación se desarrolla en lo íntimo, en el corazón. Solo aquellos que superan el poder del divisor en sí mismos pueden expulsar demonios de otros humanos.

La victoria de Jesús es interior y espiritual: gana recordando la palabra de Dios. Y la palabra recordada lo hace volver sobre el camino del pueblo después de salir de Egipto. Las tentaciones matutinas reproducen el viaje de Israel en los cuarenta años en el desierto posponiendo (a través de las tres citas de Deuteronomio en la boca de Jesús) a tres episodios fundamentales del éxodo: el maná y las codornices (Ex 16); Massa y Meriba (Ex 17,1-7); el becerro de oro (Ex 32). El recuerdo de la palabra de Dios, el recuerdo de los dioses, es lo que guía a Jesús a la victoria. Y la memoria de los dioses no es un simple recordatorio de frases bíblicas, sino un evento espiritual que interioriza la presencia de Dios en el corazón del hombre.

Las tentaciones de Jesús no son solo las tentaciones de lo milagroso, lo sagrado y el poder (o, respectivamente, las tentaciones económicas, religiosas, políticas), sino algo más.

En la primera escena también existe la tentación que surge cuando nuestra experiencia de la realidad es la experiencia de un desierto, de dureza pedregosa, cuando la realidad parece estéril, fértil solo en desilusión e incapaz de alimentarse.

En la segunda escena, el camino se abre a la tentación que surge cuando uno ha ido más allá de las imágenes idealizadas de lo sagrado y lo religioso, es decir, cuando las imágenes gratificantes y consoladoras de lo divino se han derrumbado y el espacio para Dios se reduce cada vez más.

Y en la tercera escena, la siguiente tentación se abre a las ilusiones de poder, riqueza, gloria: es decir, cuando estas realidades revelan su locura y hombre puede llegar al cinismo, la desilusión, quizás el resentimiento. Jesús pasa por todo esto y lo que queda es un cuerpo desnudo que, en la fe desnuda, recuerda y repite la palabra de Dios. Es así en el desierto, será así en la cruz (Mt 27,46).

3.- Oratio

Adora al Señor tu Dios y solo a Él adórale ( Mt 4,10).

El principal interés de Jesús era obedecer a su Padre, vivir constantemente en su presencia. Solo más tarde le quedó claro cuál era su tarea en sus relaciones con las personas. Esta es la forma en que también propone a sus apóstoles: «Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos» (Jn 15, 8). Quizás debemos recordar continuamente a nuestra memoria que el primer mandamiento, el que requiere que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, es verdaderamente el primero.

Me pregunto si realmente creemos esto. De hecho, parece que vivimos como si tuviéramos que entregar nuestros corazones, almas y mentes lo más posible a nuestros semejantes, tratando de hacer todo lo posible para no olvidar a Dios. O, al menos, sentimos que nuestra atención debe dividirse en partes iguales entre Dios y nuestro prójimo. Pero Jesús pide algo mucho más radical.

Pide un compromiso exclusivo para Dios y solo para Dios. Dios quiere todo nuestro corazón, toda nuestra mente, toda nuestra alma.

Es este amor incondicional de Dios el que nos impulsa a cuidar a nuestro prójimo, no como una actividad que nos distrae de Dios o compite con nuestra atención hacia Dios, sino como una expresión de nuestro amor para Dios que se nos revela como el Dios de todos.

Es en Dios que encontramos a nuestro prójimo y descubrimos nuestra responsabilidad hacia él. Incluso podríamos decir que solo en Dios nuestro prójimo se convierte en nuestro prójimo y no una violación de nuestra autonomía, y que solo en Dios y a través de Dios se hace posible el servicio.                                                                                                

(JM Nouwen, Un recuerdo que guía, en ID., Muéstrame el camino. Meditaciones para la época de Cuaresma, Brescia, Queriniana, 2003, 20-22).

4.- Contemplatio

«Después del bautismo en el agua, el Espíritu lleva a Jesús al bautismo en tentación, pero no como una persona obliga a otra, sino como alguien permite a quienes han decidido. Se siente en soledad, así como Eva fue tentada cuando se encontró sola. El poder de Dios no se da a conocer mediante tales pruebas, porque Dios nunca hace nada inútil. De hecho, aquellos que conocen su fuerza no intentan mostrarla. Entonces, si el ayuno no te ayudara a no ser tentado, te permitirá hacerte fuerte hasta el punto de superar la tentación». (San Juan Crisóstomo)

«Como el primer Adán lo intentó por la garganta, así lo intenta el segundo por el hambre. El maligno, ganador del primero, será vencido por el segundo y cuando tentó al primogénito con vanagloria, diciendo que habrían sido como Dios, ahora tienta a Cristo con orgullo». (San Gregorio Magno)

«Jesús quiere ganar con humildad y con la autoridad de las Escrituras divinas y no con los signos de su poder divino. De esta manera, confunde más al enemigo y le da mayor honor a la naturaleza humana al indicar con qué armas también puede vencer al maligno. El maligno tenía este poder para usar su derrota. Así se permitirá a los impíos crucificarlo para que venga la salvación». (San Jerónimo)

«Satanás también cita la Biblia, pero ciertas citas no se iluminan: se oscurecen». (San Ambrosio)

5.- Actio

Vuelve sobre el texto del Evangelio, y pregúntate seriamente hasta qué punto quieres dar un paso en tu conversión personal. No le pidas al Señor que te quite la tentación, sino que te ayude a entender las astucias del Maligno. Por lo tanto te invito a que puedas hacer un proyecto en el que le recuerdes a algún amigo sobre cómo somos tentados y cómo se puede vencer la tentación. Y comienza a ser un discípulo de Jesús y en su misionero.

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