Futuro de la Iglesia

EL FUTURO DE LA IGLESIA

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La Iglesia es una familia, y una familia no puede ignorar lo que corre dentro de sus venas.

Cuando miramos el futuro desde una situación, como muchos están mirando a la Iglesia católica hoy, tendemos a encontrarnos con dos opciones. La primera opción es conservar lo que ha funcionado en el pasado sin tener en cuenta la realidad del presente. El segundo es avanzar más allá del presente sin tener en cuenta lo que realmente ha funcionado en el pasado. Realmente no hay mucha diferencia entre las dos opciones. Conservar el sueño de la historia cuando las cosas parecían correctas en el mundo es olvidar que ese sueño era solo una realidad para un número limitado de personas. Avanzar sin mirar al pasado es ser capitán de un barco sin timón que terminará con el dulce sonido de las sirenas esperando en las rocas. Me parece que la mejor manera de avanzar es el tipo de conservación progresiva de ser «un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo» (Mt 13,52).

La mayoría podemos señalar en nuestro árbol genealógico a alguien que causa un poco de tristeza o de dolor de estómago. Ese padre o abuelo que fue a por tabaco y abandonó a su familia; ese hermano que quedó atrapado en el mundo del alcohol o de la droga; ese tatarabuelo que fue un ladrón o dejó al mundo gritando blasfemias a sus verdugos. En lugar de orgullo, hay una especie de vergüenza en una parte de nuestro patrimonio. 

Pero, a medida que avanzamos con el linaje y crecemos ramas nuevas del árbol, cada niño traído al mundo ofrece nuevas posibilidades. El gran árbol familiar ofrece la oportunidad de un nuevo orgullo. Hay una voz de los antepasados que habla a las nuevas generaciones diciéndoles: «Hazlo mejor que yo».

Es importante conocer nuestro historial familiar: moratones, rasguños, quemaduras y todo. Conocemos a personas a las que realmente no les importa de dónde o de quién vienen. Y a otros que solo hablan de luces brillantes de su árbol genealógico y obvian las ramas rotas. El problema de descuidar o negar francamente cualquier parte de lo que te ha dado la vida es que no puedes aprender de los errores ni de las victorias. Sin conocer al abuelo ladrón, no puedes realmente alabar al tío doctor. Sin conocer el abismo potencial, no se puede entender por qué es tan importante subir el nivel.

Por eso los padres deben hablar con sus hijos sobre sus antepasados ​​y de dónde vienen. Esta es también la razón por la cual un buen padre reconoce los errores y las victorias de sus padres y de sus abuelos. Avanzan y hacen los cambios necesarios para ser mejores que las generaciones anteriores. Conservan las virtudes del pasado y se alejan de sus vicios. Los niños necesitan escuchar sobre el abuelo que salvó a una mujer y un niño en un embarazo de crisis para admirar el heroísmo dentro de su sangre. También necesitan escuchar acerca del ladrón de caballos para recordar el potencial del pecado en esas mismas venas. Ignorar el problema no hace que desaparezca; en realidad podría ser la razón por la que se repite.

La Iglesia es una familia de familias. Tenemos nuestra historia de criminales y héroes, de bien y maldad, de demonios y santos. Junto con los cobardes Borgias, tenemos a Santa Clara de Asís. Mientras Aarón estaba recogiendo el oro para construir un becerro de oro para adorarlo, Moisés estaba conversando en el monte Horeb con el único Dios verdadero. Nuestra familia es mística porque está unida, como un Cuerpo, a Cristo, la Cabeza. También es mística en el sentido de que ha sobrevivido. Nuestro árbol genealógico ha florecido y crecido durante 20 siglos. 

Hoy, todavía tenemos a quienes obstinados desean la conservación (ignorando la fealdad de los Borgia) o una progresión insensata (ignorando la belleza de Santa Clara). Lo que necesitamos hoy y de lo que dependerá el futuro de la Iglesia, es el estilo de educación que demos a nuestros hijos. No podemos ignorar lo que muchos criminales han hecho a tantos inocentes de nuestra familia. Sin embargo, tampoco debemos olvidar a los héroes dentro de nuestra sangre espiritual. Podemos y debemos avanzar en la medida que aceptamos nuestra realidad presente. También debemos conservar los mejores momentos y virtudes del pasado.

Los buenos padres son aquellos con visión. Ellos ven en quién quieren que se conviertan sus hijos, no solo en el sentido mundano (que es temporal) sino en el sentido sustancial de la eternidad. Su visión no se limita a las generaciones anteriores a ellos; sin embargo, no son tan tontos como para ignorar lo que hicieron bien. Los buenos padres también son aquellos que se dan cuenta cuando cometen un error, y están más que dispuestos a rogar el perdón de sus hijos y hacer las paces rectificando y cambiando sus maneras. Al igual que san Dimas, el buen ladrón crucificado junto a Cristo, un buen padre no niega un error, sino que desea avanzar; y la única virtud que se requiere es la humildad. 

El futuro de la Iglesia son los niños. Y lo que necesitamos ahora, tanto en la iglesia doméstica como en la mística, son buenos padres que han de salvaguardar la historia de su familia para no obligarles a repetirla. 

No al miedo, sí a la Gracia

No al miedo, sí a la Gracia

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Cada día, cada momento es una oportunidad de gracia y bendición. Cada encuentro con las personas es una oportunidad para comunicar la gracia de Dios. Tú y yo estamos destinados a ser canales, instrumentos a través de los cuales Dios derrama sus bendiciones en la vida de las personas. Sin embargo, a menudo dejamos que el miedo se interponga en el camino y evitamos que esas bendiciones lleguen.

Cuantas ocasiones en las que hemos querido acercarnos y abrazar a alguien, pero por temor a su reacción nos contuvimos. Hemos sentido la necesidad de decir a alguien que oramos por él o ella, pero por temor a lo que pudieran pensar, me les dijimos nada. Ese miedo ha contenido tantas bendiciones, nos ha impedido ser transmisores de la gracia de Dios que habría sido nuestra colaboración con el Creador.

Los padres

Mamá, papá, se os ha dado un regalo extraordinario no solo al traer una nueva vida al mundo, sino para amar a ese niño, para aprender a amar a través de ese niño, para enseñarle a amar al niño. Habéis sido colocados como un cabezas, la autoridad sobre ese niño, no para imponer vuestra voluntad, sino para guiar a ese niño en todos los aspectos de la vida. Y de muchas maneras habéis fallado.

No es que seáis unos malos padres, todos cometemos errores en la experiencia de aprendizaje de por vida que es la paternidad y la maternidad. Sin embargo, sin importar la edad de vuestros hijos hoy, podéis aprender a ser un mejores padres, mejores guías, especialmente cuando se trata de Dios.

¿Cuántas veces al día piensas en tus hijos? ¿Con qué frecuencia rezas por ellos? ¿Con qué frecuencia les dices que los amas? ¿Con qué frecuencia los bendices?

Padres, sois la primera imagen de Dios con la que vuestros hijos se encuentran. El primer amor, ternura, misericordia, alegría que experimentan es el vuestro. Aunque vuestro hogar no sea el lugar ideal para que aprendan estas cosas, la gracia de Dios puede brillar incluso en circunstancias adversas. Pero si no estamos abiertos a ello, no cooperamos con Él, no permitimos que fluya en nosotros y a través nuestro, no podemos hacer llegar su gracia a los demás.

«La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió» (Jn 1,5)

Esposos

Cuando os casasteis, ¿os disteis cuenta de en qué os estabais metiendo? Las imágenes románticas de caminar de la mano por una playa de arena mientras el sol se pone y las olas rompen suavemente en la orilla no tienen que desvanecerse por completo, pero una vez que la realidad toma carta de ciudadanía y las dificultades de la vida de casados llegan a casa, os dais cuenta que en el matrimonio no todo es placer y diversión.

El matrimonio, a menudo, es una lucha y eso se debe a que os habéis comprometido mutuamente, no solo para haceros felices, sino para amaros totalmente y llevaros al cielo el uno al otro. Esa es una gran responsabilidad. Y por supuesto, os enfrentareis a vuestras propias resistencias. Sin embargo, no estáis solos.

El punto central de la Eucaristía es que Él está presente en vuestro matrimonio. Mientras pronunciabais vuestro sí de compromiso, os llenabais de una gracia santificadora. Esta poderosa gracia vivificadora es la que hace posible amar a esa persona incluso cuando las cosas no van bien entre ambos. La gracia te permite no solo superar esos difíciles momentos de desilusión, sino también transformarlos en oportunidades de bendición.

«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5)

¿Cuántas veces has orado por tu cónyuge? ¿Cuántas veces has orado con tu cónyuge? ¿Cuántas veces has extendido la mano y hecho la señal de la cruz en su frente o has puesto tus manos en su cabeza y le has bendecido?

Tu vocación es ser una bendición para tu cónyuge.

Debes ser la presencia de Dios para tu cónyuge. Estás destinado a guiarlo a Dios. No permitas que las dificultades del matrimonio te impidan ser un recipiente de la gracia de Dios para tu cónyuge.

Sé que cuando tenéis una pelea, piensas que lo último que quieren escuchar es:  «Eh, vamos a orar».  Ser cristiano significa ir contracorriente. Es un estilo de vida contracultural y algunas veces te sentirás raro. Permite que Dios abrace a tu cónyuge en su amor. Permite que su misericordia se manifieste a través de ti. Después de todo, el matrimonio se trata de eso.

Compañeros de trabajo

El lugar de trabajo está, por regla general, desprovisto de gracia. ¿Por qué? Porque nos quejamos constantemente y hablamos negativamente de las personas con las que trabajamos todos los días. Podrías pensar que te estás desahogando. Pero en realidad, lo que estás haciendo es maldecir a tus compañeros de trabajo y haciendo un infierno de vuestras vidas.

Piensa: ¿qué pasaría si en lugar de quejarme de mis compañeros de trabajo yo orara por ellos? ¿Qué pasaría si cada día me despertara entusiasmado con las oportunidades que se abren para ser un instrumento de gracia para mis compañeros de trabajo y ellos para mi? ¿Qué pasaría los saludara con una sonrisa? ¿Qué pasaría si al final de la jornada de trabajo les diera una bendición al marcharme?

Así es como el lugar de trabajo se vuelve sagrado.

No significa que deba establecer una sesión de lectio divina durante la hora del almuerzo, aunque sería genial. Al afrontar la jornada laboral como una oportunidad para compartir el amor y la misericordia de Dios con los compañeros de trabajo, te conviertes en un faro de luz, no solo para parecer bueno ante sus ojos, sino para irradiar la luz de Dios sobre ellos.

No te preocupes por lo que piense la gente o lo que dirán sobre ti. Sé tu «la luz del mundo» que, por el bautismo, estás destinado a ser. Tu fe en Dios no solo debe transformar tu vida, sino la vida de quienes te rodean. Si tu luz está debajo de una caja o debajo de la mesa camilla, no va a brillar. No va a iluminar la habitación.

Imagina cómo tu alegría podría tocar la vida de un compañero de trabajo que está deprimido. Piensa cómo tu escucha podría influir en el que ha sufrido la pérdida de un ser querido… Las posibilidades son infinitas. Dios puede obrar en ti y a través de ti en las vidas de tus compañeros de trabajo de más formas de las que puedas imaginar. Pero tienes que estar abierto a su gracia.

Estos son solo algunos ejemplos de la forma en que puedes ser una bendición para los demás. Todo comienza en la familia, por eso he puesto ejemplos de los padres y los esposos. Sin embargo, la familia extendida (amigos, compañeros…) también es importante. No hay límites para que Dios pueda trabajar a través de ti. Cuando te abres a su gracia, Él te llevará a lugares que nunca imaginaste. Y Él tocará la vida de los demás a través de ti, si lo dejas.

Esa voz dentro de tu cabeza que trata de convencerte de no amar, de no orar por los demás, de no bendecir a otros, ése es el enemigo. Susurra sus mentiras todo día y noche. Solo cuando dejes de lado el miedo y sigas tu fe, confiando en la guía de Dios, experimentarás lo que es ser «la luz del mundo».

Antepasados de Jesús

Antepasados de Jesús

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Encontramos en los Evangelios dos listas de los antepasados de Jesús.

Una abre el Evangelio según san Mateo (Mateo 1,1-17) y otra precede a la vida publica de Jesús en el Evangelio según san Lucas. (Lucas 3,23-28).

Ambas listas son bastante distintas y no coinciden en muchos nombres.

LA LISTA DE SAN MATEO

San Mateo comienza por Abraham, el antepasado del pueblo hebreo y en tres series de catorce nombres cada una va descendiendo hasta Jesús.

Jesús es el descendiente de Abraham en quien serán benditas todas las naciones (Gen 12,3)

La primera serie abarca los patriarcas, hasta el rey David. En ella se destacan tres mujeres Tamar, Rajab y Rut, las tres extranjeras y sin embargo fieles al pueblo de Dios.

La segunda serie se abre con Salomón, que fue rey de todo Israel, destacando que su madre era la mujer de Urías, al que asesinó David para quedarse con ella. En esta serie se incluyen trece de los veinte reyes que tuvo el reino de Judá (Faltan Ococías, Atalía, Joas, Amasías y Joacaz, pero Atalía y Joacaz no estaban en la línea sucesoria). La supresión se hace para que el numero de generaciones cuadre a catorce.

La tercera serie incluye los personajes posteriores al destierro, de los cuales , fuera de esta lista, solo hay noticias de Salatiel y Zorobabel.

La lista acaba en José pero se destaca que es el esposo de María y no se dice que de él naciera Jesús, sino de su esposa María.

Algunos han notado que tres series de catorce son iguales que seis de siete y que con Jesús se comienza

una séptima serie que él llena por completo. No olvidemos que el siete es el número de la plenitud.

LA LISTA DE SAN LUCAS

La Genealogía de Jesús en el Evangelio según san Lucas está situada entre el relato del bautismo del Señor y el de las tentaciones.

Jesús es el nuevo David y cuando comienza su actividad tiene la edad de David al comenzar a reinar según decía la tradición judía basada en los relatos de los libros de Samuel.

La lista sigue el camino inverso que la de Mateo ya que es ascendente.

Una primera serie de nombres de personajes desconocidos encabezados por José que se pensaba que era el padre de Jesús, culmina en los protagonistas de la vuelta del destierro, Zorobabel y Salatiel.

En la segunda serie, que nos lleva hasta David, no van los nombres de los reyes de Judá como en Mateo, sino unos personajes desconocidos que enlazan con David a través de un hijo suyo llamado Natán (2 Sam 5,14)

La tercera serie tiene varios nombres en común con la de Mateo y nos lleva a los patriarcas para acabar en Abraham.

Una cuarta serie nos lleva a Noé, basándose en las genealogías del libro del Génesis.

La última serie, basada también en el Génesis nos lleva hasta Adán, del que se afirma que proviene de Dios.

El P. Manuel Iglesias afirma: “Esta genealogía, en línea ascendente, pudo tener su origen en círculos cercanos a María, aunque, como la genealogía de Mateo, es el árbol genealógico de Jesús por la línea de José. Verdadero hombre por pertenecer a la raza humana (que no existe por generación espontánea ni por evolución simple, sino que tiene su fuente en Dios), Jesús es Hijo de Dios por derecho propio y, a la vez, es el descendiente más cualificado de Adán, es el nuevo Adán«.

Puntos clave

De entre la infinidad de matices teológicos que cada nombre implica, destaco que ambas series mantienen los nombres claves de ZorobabelDavid y Abraham que identifican a Jesús como el heredero y cumplidor de las promesas de Dios a su pueblo.

Lucas amplía la perspectiva mostrando a Jesús como salvador de la humanidad descendiente de Noé y de Adam

La fecha del nacimiento de Jesús

Lucas comienza diciéndonos que la edad de Jesús al comenzar su predicación era como de unos treinta años, y como se nos ha dicho que Juan empezó a predicar el año quince de Tiberio, que comenzó a gobernar el año 14, Jesús habría nacido el año 1. Así se fijó la era cristiana. Pero, dado que las fechas son aproximadas y la edad de treinta años nos remite a los años que tenía David al comenzar a reinar, no sabemos muy bien que edad tendría Jesús y hay un margen de bastantes años para fijar su fecha de nacimiento.

MATEO 1

1Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán.

2 Abrahán engendró a IsaacIsaac engendró a JacobJacob engendró a Judá y a sus hermanos.

3 Judá engendró, de Tamar, a Fares y a Zará, Fares engendró a EsrónEsrón engendró a Arán,

4 Arán engendró a AminadabAminadab engendró a NaasónNaasón engendró a Salmón,

5 Salmón engendró, de Rajab, a BoozBooz engendró, de Rut, a ObedObed engendró a Jesé,

6 Jesé engendró a David, el rey. David, de la mujer de Urías, engendró a Salomón

7 Salomón engendró a RoboánRoboán engendró a AbíasAbías engendró a Asaf,

8 Asaf engendró a JosafatJosafat engendró a JoránJorán engendró a Ozías,

9 Ozías engendró a JoatánJoatán engendró a AcazAcaz engendró a Ezequías,

10 Ezequías engendró a ManasésManasés engendró a AmósAmós engendró a Josías;

11 Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos, cuando el destierro de Babilonia.

12 Después del destierro de Babilonia, Jeconías engendró a SalatielSalatiel engendró a Zorobabel,

13 Zorobabel engendró a AbiudAbiud engendró a EliaquínEliaquín engendró a Azor,

14 Azor engendró a SadocSadoc engendró a AquínAquín engendró a Eliud,

15 Eliud engendró a EleazarEleazar engendró a MatánMatán engendró a Jacob;

16 y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

17 Así, las generaciones desde Abrahán a David fueron en total catorce;

desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce;

y desde la deportación a Babilonia hasta el Cristo, catorce.

LUCAS 3,23

23 Jesús, al empezar, tenía unos treinta años, y se pensaba que era hijo de Joséque a su vez era de Helí,

24 de Matat, de Leví, de Melquí, de Jannaí, de José,

25 de Matatías, de Amós, de Nahún, de Eslí, de Nagái,

26 de Maat, de Matatías, de Semeín, de Josec, de Jodá,

27 de Joanán, de Resá, de Zorobabel, de Salatielde Nerí,

28 de Melquí, de Addí, de Cosán, de Elmadán, de Er,

29 de Jesús, de Eliezer, de Jorín, de Matat, de Leví,

30 de Simeón, de Judá, de José, de Jonán, de Eliacín,

31 de Meleá, de Mená, de Matatá, de Natán, de David,

32 de Jesé, de Jobed, de Booz, de Salá, de Naasón,

33 de Aminadab, de Admín, de Arní, de Esrón, de Fares, de Judá,

34 de Jacob, de Isaac, de Abrahánde Tare, de Nacor,

35 de Seruc, de Ragau, de Fálec, de Eber, de Salá,

36 de Cainán, de Arfaxad, de Sem, de Noéde Lámec,

37 de Matusalén, de Henoc, de Járet, de Maleleel, de Cainán,

38 de Enós, de Set, de Adánde Dios.

EL ÁRBOL DE JESÉ

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El árbol de Jesé es una representación gráfica muy frecuente de los antepasados de Jesús.

Suele ser un árbol enraizado en el padre de David.

En las ramas se ponen algunos personajes más significativos y en la copa la Virgen María con Jesús

La Virgen María

La Virgen María

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EL NUEVO TESTAMENTO

En el Nuevo Testamento se nos cuentan pocas cosas acerca de María. Y como se trata de noticias dispersas, siembre en función de presentar quién es Jesús, su retrato nos resulta como desenfocado y algo borroso.

Solo hablan de María los cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. Pablo afirma que Jesús es hijo de mujer en Gálatas 4,4. La mujer vestida de sol del Apocalipsis 12 es la Iglesia, pero, por eso mismo, de forma indirecta puede verse

como la Virgen María.

LUCAS

Quién más datos nos ofrece es san Lucas en los relatos sobre el nacimiento de Jesús, en los que incluso insinúa que la misma María fue su informante ya que dice que “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.”; y esto quiere decir que las guardaba en su memoria y les daba vueltas en su pensamiento para profundizar en su significado.

Origen de María

Ella era una mujer de Nazaret (Lucas 1,26), pequeña aldea de Galilea. Además Lucas 1,36 nos dice que María era pariente de Isabel, lo cual equivale a decir que era de la misma tribu. Y como Isabel y Zacarías eran una familia sacerdotal, eran de la tribu de Leví.

Lucas, pues que al final de su Evangelio nos muestra a Jesús bendiciendo a los suyos, como sacerdote, aunque dice expresamente que es fuera del templo, al principio del Evangelio lo introduce en una familia sacerdotal.

Leyendas antiguas dicen que vivió en Jerusalén y que fue asignada al servicio del Templo.

En realidad no sabemos nada de su infancia y juventud. Las leyendas recogidas en los “Evangelios Apócrifos” narran de ella cosas tan bellas como

sin fundamento histórico.

Madre virginal de Jesús

Sabemos que no debía ser rica porque estaba prometida según nos dicen Mateo y Lucas a un trabajador, aunque era de familia noble y reconocido como perteneciente a la estirpe de David.

El anuncio del Ángel Gabriel le llegó cuando aún era muy joven. Ella asumió con plena conciencia decisión y coherencia la tarea que Dios le asignaba. Desde ese momento siguió con fidelidad admirable a su Hijo.

El cántico de María

Lucas nos transmite en su evangelio el bello canto que al visitar a Isabel pronunció María, inspirándose en el canto que dijo Ana la madre de Samuel

(1 Samuel 2,1-10) y en el que deja claro que la fidelidad de Dios se manifiesta en el cumplimiento de sus promesas y realiza su salvación por pura gracia superando las debilidades de los seres humanos:

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

(Lucas 1,46-55)

MARÍA DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS

Es muy probable que José hubiera muerto cuando Jesús comenzó su vida pública pues Jesús era conocido como “el hijo de María”

Marcos 6,3 dice: ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?

La mención en este lugar de los hermanos de Jesús no implica necesariamente que fueran hijos de María. La Iglesia, de hecho, desde los primeros tiempos ha mantenido que María se mantuvo Virgen incluso después de haber nacido Jesús.

En una ocasión se nos muestra a María con sus familiares desconcertados ante la actuación de Jesús y en esa ocasión proclama que su misión está por encima

de cualquier relación familiar:

Marcos 3, 20 Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. 21 Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. (…) 31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Ver también Mateo 12,46- 50)

JUAN

San Juan nos habla dos veces de María al comienzo de su Evangelio interviniendo en las bodas de Caná (Juan 2,1-12). Al final de este relato se nos informa que la Madre de Jesús y sus familiares se trasladaron a Cafarnaún con Él y luego lo acompañaron en sus desplazamientos. (Juan 2,12 ver también

Juan 7,1-10)

La segunda vez, que aparece María es ya al pie de la cruz: donde es encomendada por Jesús al cuidado del discípulo amado que la acoge y la protege como madre suya.

Este texto es complejo en sí mismo y suscita algunas cuestiones que hoy por hoy son imposibles de solucionar salvo en meras conjeturas.

Juan 19 25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre: María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. 26 Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 27 Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Si como gramaticalmente parece cierto, solo hay dos mujeres, a la Madre de Jesús se la llama “María la de Cleofás” Pero ¿quién es ese Cleofás que da el apellido a María? ¿Era su padre? ¿Es Cleofás otro nombre de José, o incluso del mismo Jesús? No tenemos modo de saberlo.

ASUNCIÓN

María murió después de la resurrección de su Hijo ya que en los Hechos de los Apóstoles se nos dice que estaba con la primera Iglesia y con los Apóstoles esperando la venida del Espíritu Santo (Hech 1,14) En esa escena María es presentada como la Reina, la madre del Rey, que es tratada con todo honor mientras se espera la vuelta del Resucitado para asumir su reino para siempre. Se destaca también que en ausencia de Jesús María es el centro de unidad de los diversos grupos que constituyen el conjunto de la Iglesia.

Unos dicen que murió en Éfeso a donde habría ido con Juan Evangelista, al que se identifica con el discípulo amado, después de que Jesús desde la Cruz se la encomendara a su cuidado.

Pero en Jerusalén hay un lugar conocido como el Sepulcro de María, donde nace el torrente Cedrón. Según algunos relatos muy antiguos que tratan de la Asunción de María al cielo, anualmente se hacía una procesión hasta ese sepulcro de Jerusalén para conmemorar el transito de María al cielo.

Es, pues, casi cierto que María murió en Jerusalén y poco probable que muriera en Éfeso.

DEVOCIÓN AMARÍA

La devoción a María hunde sus raíces en los primeros tiempos del cristianismo, pero adquirió creciente fuerza a partir de que el Concilio de Éfeso afirmara que hay que hablar de ella como “Madre de Dios” ya que Cristo es una sola persona y es Dios hecho hombre.

María fue una mujer sencilla, “una más” pero representa al pueblo de Israel que esperaba fielmente al Salvador y representa a la Iglesia que siendo fiel a la Palabra de Dios hace presente a Jesús en el mundo.

Lo importante de María es que aunque era pequeña y pertenecía a los humildes del pueblo, Dios, desde toda la eternidad, se fijó en ella y la destinó a ser la madre de su Hijo.

El Catecismo dice de ella (CdIC 495): Llamada en los evangelios «la Madre de Jesús» (Juan 2,1; 19,25), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como «la madre de mi Señor» desde antes del nacimiento de su hijo (Luc 1,43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [«Theotokos»].

San José

San José

            Mar 6,3

           Mat 13,55

            Luc 4,22

         Juan 6,42

No es este el artesano, el hijo de María y hermano de Santiago y José, y Judas y Simón y no están sus hermanas aquí junto a nosotros?

¿No es este el hijo del artesano? No se llama su madre María y sus hermanos Santiago y José y Simón y Judas? y sus hermanas ¿no están todas junto a nosotros?

¿No es este hijo de José?

No es este Jesús, el hijo de José de quien conocemos al padre y a la madre? ¿Cómo ahora dice que ha bajado del cielo?

   

            Luc 3,23

         Juan 1,45

   

Siendo hijo según se pensaba de José, de Helí …

a Jesús hijo de José, el de Nazaret

 

De José se nos dice que era de la familia de David y estaba desposado con María, pero que María no concibió a Jesús de San José sino del Espíritu Santo.

El anuncio del nacimiento de Jesús en el Evangelio según san Mateo, se hace a José. Con este relato se soluciona la pregunta que nos puede surgir: Si Jesús es hijo de María de forma virginal ¿cómo podemos

decir que es descendiente de David? Y además ¿Quién es verdaderamente Jesús?

José es quien introduce a Jesús en la familia de David y le transmite los derechos como rey. El pone el nombre al niño, es decir le da su personalidad jurídica y lo introduce en la vida y cultura de su pueblo.

José era artesano y vivía en Nazaret Como descendiente de David, cuando el censo que hizo Quirino por orden de Augusto, tuvo que ir a Belén a censarse, viaje que fue ocasión de que Jesús naciera en Belén

como estaba anunciado por los profetas.

San Mateo también nos dice que José protegió a Jesús en la persecución que le hizo Herodes.

Es probable que antes de haberse casado con María hubiera tenido otros hijos a los que todos llamaban “hermanos de Jesús”

José el esposo de María

En Mat 1-2 y en Luc 1-2 el marido de María es llamado José. El nombre de José en la genealogía de Mateo está incluido en una especie de cita del A. T. Jacob engendró a José. La cita de la genealogía de Lucas también parece tardía y producto de una cuidadosa elaboración. Los evangelios de la infancia, además, son posteriores al resto del Evangelio.

También en otros textos es llamado José el que se considera padre de Jesús. Sin embargo hay que examinar cuidadosamente estos textos.

Veamos estos que pueden considerarse paralelos: 

En Mar 6,3 se lee “¿No es este el carpintero, el hijo de María, y hermano de Santiago y de José, y de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?”

La expresión debió sonar escandalosa ya que nadie se designaba como hijo de una mujer si su padre era conocido. Decir «hijo de María» era decir que María no tenía marido. Por eso ya en Mateo 13,55 se lee «¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María y sus hermanos Santiago y José y Simón y Judas? ¿Y sus hermanas no están todas donde nosotros?” 

Lucas 4,22 añade el nombre del marido de María: ¿No es este el hijo de José? 

También Juan 6 42 añade este nombre ¿No es este Jesús el hijo de José, de quien nosotros conocemos al padre y a la madre?

Los otros dos textos Luc 3,23, que pertenece a la genealogía de Jesús, y Juan 1,45, son más tardíos. Esto nos hace ver que la tradición que da el nombre de José es relativamente tardía según los textos que la recogen, pero aparece en lugares muy diversos y eso sería un indicio de antigüedad.

Finalmente, hay que considerar que en Juan 19,25-27 se lee «Estaban junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena» El texto puede entenderse de modo que sean cuatro o tres las personas al pie de la cruz, pero también puede leerse como si fueran sólo dos, de modo que la segunda pareja explicitaría a la primera. Si fuera así, Cleofás sería el nombre del marido o del padre de la madre de Jesús. Se añade que el nombre de Cleofás aparece alguna vez bastante misteriosamente en el N. T., en el pasaje de Emaús Luc 24 y que era un nombre que se utilizaba entre los miembros de la parentela de Jesús. Entre los primeros obispos de Jerusalén, que eran parientes de Jesús, aparece uno como «hijo de Cleofás

Queda, pues, como pregunta ¿Hay que tener en cuenta la posibilidad de que José se llamara también Cleofás como un segundo nombre?

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¿Por qué involucrarse?

“Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,16).

Todos queremos que nuestras vidas tengan un significado, un sentido más profundo. A pesar de las muchas demandas en nuestro tiempo, incluidas las responsabilidades laborales y familiares, sigue existiendo el hambre de devolver y hacer que nuestras vidas individuales sean significativas. Involucrarse en un servicio parroquial es una forma poderosa de darse a sí mismo y hacer significativas las vidas de los demás. Ya sea sirviendo en el comedor de Cártias, compartiendo nuestra fe con las generaciones futuras en la catequesis, o aplicando tus habilidades profesionales en un consejo parroquial, hay innumerables formas de usar tus talentos o cualidades para promover el reino de Dios aquí en nuestra comunidad parroquial.

Implicarse en un servicio o ministerio parroquial es también una excelente manera de comunicarse y hacer comunión con otros feligreses. En una parroquia tan grande como la Santa Cruz, son estas comunidades más pequeñas las que realmente hacen que nuestra parroquia se sienta como en casa. Lo más importante de involucrarse en el servicio es que ofrece una manera profunda de seguir los pasos de Jesús, amar y servir a los demás mientras nos esforzamos por amar y servir a nuestro Dios y Señor.

Cómo participar

¡Hay muchas maneras de compartir tu tiempo y talento en La Santa Cruz! Te invitamos a mirar nuestro sitio web y te alentamos a probar varios ministerios parroquiales hasta que encuentres tu mejor opción. Puedes completar el formulario de CENSO PARROQUIAL.

Dar tiempo

Dar tiempo

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La oración es el comienzo de la CORRESPONSABILIDAD. Solo cuando pasamos tiempo con Dios orando, nos preparamos espiritualmente para ofrecernos al servicio de los demás. Haz un compromiso personal para:

  • Asistir a misa todos los domingos y días festivos.
  • Asistir a la misa entre semana al menos una vez a la semana.
  • Pasa 10 minutos al día en oración personal.
  • Pasa media hora a la semana en Adoración ante el Sagrario.
  • Reza junto con tus seres queridos
  • Lee la Biblia por una hora a la semana
  • Reza el rosario semanalmente
  • Ve a confesarte cada dos meses
  • Programa tiempo para un retiro
  • Asiste a una charla de formación.

Simeón y Ana

Simeón y Ana

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Cuando San José y la Virgen María fueron al templo para cumplir las obligaciones legales que implicaba el nacimiento de un primer hijo varón y los ritos de purificación de la madre, le salieron al encuentro dos personajes ancianos: Simeón y Ana. Estos personajes son a la par representantes del pueblo de Israel fiel a Dios, a quien se cumplen las promesas de salvación; y representantes del espíritu profético, en versión masculina y femenina como gusta hacer san Lucas, que da testimonio de la llegada de la salvación esperada largos siglos.

SIMEÓN significa “El que escucha”. De este hombre sólo sabemos lo que nos dice san Lucas en el

25 Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31 a quien has presentado ante todos los pueblos: 32 luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». 33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35 —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Lo adornaban pues cuatro cualidades: cumplidor de la ley, religiosidad auténtica, lleno de esperanza en la redención que traería el Mesías y agraciado con la inspiración de Dios. Estas son las cualidades del profeta y del verdadero Israelita.

Estas cualidades y su capacidad de escucha le llevan a encontrarse con el Mesías y a reconocerlo en Jesús.

El hecho de que bendiga en el templo a la Sagrada Familia sugiere que era sacerdote, aunque no se afirma expresamente y su bendición no es “descendente” sino “ascendente”, es decir es una acción de gracias por la bendición recibida. 

Como profeta declara que la salvación que trae Jesús es para “todos los pueblos,” para “las naciones” , es decir para todos los hombres y producto de la fidelidad de Dios a las promesas hechas a su pueblo.

Su profecía se prolonga en las palabras que le dice a María en la que le anuncia su participación en el dolor redentor de Jesús, que con su mera presencia provoca un juicio de Dios sobre la humanidad ya que unos lo aceptarán por la fe y otros no.

ANA significa “(Dios) Tiene misericordia” De ella dice también san Lucas en el c. 2:

36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Se la llama, pues, expresamente “profetisa” y se la describe como una mujer entregada durante casi toda su vida al servicio del templo mediante la oración y el ayuno.

Su edad de 84 años (= 12×7) la presenta como el resumen perfecto del pueblo de Israel que también vivió unos años de feliz Alianza con Dios y que luego vivió largos años de “viudez” de lejanía de Dios por el destierro y la sumisión a los imperios que lo dominaron.

Ella también profetiza, anuncia movida por Dios, que ha llegado el tiempo de la salvación y la redención a su pueblo.

Kerigma 2

2. DIOS TE AMA INCONDICIONALMENTE PORQUE ÉL ES AMOR, Dios no te pone ninguna condición para amarte, Él te ama precisamente como tú eres en estos momentos.

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  • Dios es amor. (1 Juan 4,8)

  • ¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré. (Isaías 49,15)

  • Aunque los montes cambiasen y vacilaran las colinas, no cambiaría mi amor, ni vacilaría mi alianza de paz —dice el Señor que te quiere— (Isaías 54,10)

 

Kerigma 1

1. DIOS TE AMA PERSONALMENTE PORQUE ÉL ES TU PADRE, Dios ama a todos los hombres pero también ama a cada uno de manera personal, como cada uno necesita ser amado.Resultado de imagen de DIOS TE AMA PERSONALMENTE PORQUE ÉL ES TU PADRE

 

  • El Señor se le apareció de lejos:  Con amor eterno te amé,  por eso prolongué mi misericordia para contigo. (Jeremías 31,3)

  • Como un padre siente ternura por sus hijos,  siente el Señor ternura por los que lo temen. (Salmo 103,13)