CAMBIO DE ÉPOCA CAMBIO DE PARADIGMA

 

CAMBIO DE ÉPOCA CAMBIO DE PARADIGMA.

JULIO SEGURADO COBOS, párroco de San Pedro Poveda de Jaén.

 

INTRODUCCIÓN                                                                          

Hace cuatro años (19 de marzo de 2015) publiqué este post e impartí una charla en el Encuentro diocesano de catequistas sobre cómo pasar de una catequesis centrada en la preparación de los sacramentos de los niños (sociedad de cristiandad-pastoral de mantenimiento) a una catequesis centrada en la evangelización de los adultos (sociedad secularizada-pastoral misionera). Pasados cuatro años me reafirmo en cada una de las intuiciones allí expresadas…

Lo me causa más perplejidad es ver la inacción de los responsables de la Iglesia, que siguen apalancados en una praxis catequética inútil e infructífera (cuando no contraproducente) y sin ningún atisbo de reacción o respuesta.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que la actual catequesis centrada en los niños (y con la mayoría de las familias ajenas al tema) es insuficiente, inoperante e ineficaz para formar discípulos misioneros de Jesucristo?

No tengo nada en contra de que se imparta formación religiosa a los niños, pues «de ellos es el Reino de los cielos». Lo que me causa horror es que el 90 % del esfuerzo evangelizador de la mayoría de las Parroquias esté centrado en los niños, que cuando llegan a la crisis de la adolescencia sucumben en casi su totalidad porque no hay una familia creyente que haga de red y los sostenga.

¿CÓMO ERA ANTES?

La mayoría de nosotros hemos nacido y crecido en el régimen de cristiandad, vigente en España en los últimos siglos, y qué tantos frutos ha dado.

El régimen de cristiandad se caracteriza por una armonía y convivencia pacífica entres la familia, la escuela, la cultura del pueblo, la Parroquia… Ser ciudadano viene a ser equivalente a ser cristiano… Se nace cristiano por nacer en España.

En este contexto la fe se engendraba en tres grandes ámbitos que rodean a todo individuo:

  1. La familia: Allí se nace a la fe por contagio, en los acontecimientos diarios, en las reacciones, en las celebraciones, en la oración.
  2. La escuela: Aquí se continúa la educación .. Toda la enseñanza escolar es respetuosa con la fe y está impregnada de moral y de religión.
  3. El pueblo o ciudad: Es como una familia ampliada, donde todas las tradiciones, devociones, fiestas están marcadas por la cultura y la moral

En este contexto de cristiandad, los niños aprenden la fe como se aprende a hablar español: de oído, con los acentos propios de la tierra y la familia.

¿Qué papel juega aquí la Parroquia? La iglesia del pueblo o del barrio suele ser el edificio más grande y bonito, sobresale por encima de los demás, y es el más cuidado… Es nuestra segunda casa… A lo largo del año la visitamos muchísimas veces. La Parroquia gira alrededor del Párroco, que “cuida las almas” con la predicación, el catecismo, la doctrina, las misiones populares, las novenas, devociones… La Parroquia funciona un poco como una agencia de servicios religiosos. Por eso, el Párroco necesita “ayudantes” o colaboradores…

Como la fe se engendra en la familia, en la escuela y en la cultura del pueblo, la Parroquia se dedica principalmente a cuidar la fe de las personas y a alimentarla, pero no se plantea engendrarla, porque eso es tarea de otros…

¿Cómo es la catequesis? Es fácil: Como el niño ya cree en Dios, sabe algo de historia sagrada, conoce las fiestas del año litúrgico, suele ir a Misa con frecuencia y en la escuela le han enseñado ya muchas cosas, la catequista, que suele ser mujer y maestra, se puede centrar en enseñar la DOCTRINA, los conceptos, las fórmulas de fe, es decir, la “gramática” de ese idioma que el niño ya “habla”. El estilo de catequesis es, pues, escolar: una maestra, una clase, un libro… El método es sobre todo memorizar: preguntas y respuestas… Lógicamente está dirigida a los niños/as y es OBLIGATORIA “para hacer la Comunión” y también para la Confirmación (“porque si no, no puedes casarte por la Iglesia”). Eso sí, basta con unos meses o un año como mucho.

¿CÓMO ES HOY?

La evolución de la sociedad es de todos conocida: primero comienzan a aparecer grupos en la sociedad que ponen en cuestión este modelo social; a ello se une la irrupción de los poderosos medios de comunicación, que van haciendo realidad un cambio de 180 º:

  1. El pueblo ya no es lo que era: Gracias a la TV y a Internet vivimos en la “aldea global”, en un mundo interétnico y Hoy cualquiera (también los niños y jóvenes) tiene acceso a un supermercado de opiniones, modas y valores en el que se puede elegir a la carta. ¡Queda lejos esa cultura popular cristiana que giraba en torno a la Parroquia!
  2. La escuela está marcada por la enseñanza laica, a veces bastante intolerante con la cultura cristiana y con la asignatura de Religión. El Papa Benedicto habló hace años de una “emergencia educativa”… Lo que está claro es que la escuela ya no es sinónimo de educación en la fe.
  3. La familia ha sido posiblemente la más afectada por esta Los padres de hoy parecen carecer de un modelo educativo claro. Antes, el guión estaba escrito, pero ahora hay que improvisar continuamente. Esto dificulta no poco la transmisión de la fe y de los valores.

A medida que estos ámbitos engendradores de la fe se iban diluyendo, la Parroquia comenzó a descargar en la hora semanal de catequesis la responsabilidad de la iniciación en la fe. De ahí que se alargaran los años de preparación. Como el proceso se estaba haciendo aburrido, se crearon colonias, campamentos y actividades extra escolares en la Parroquia para tratar de interesar a los niños y atraerlos… Estas actividades hacían más agradable el proceso, a la vez que acentuaban la realidad de que la catequesis era un “rollo”, la parte seria, el requisito para disfrutar de la parte “guay”. También se ha intentado implicar a los padres sin mucho éxito…

El resultado fue que el proceso de la catequesis parroquial se hizo interminable, absorbiendo una gran cantidad de fuerzas; hubo que echar mano de muchos catequistas que contaban con buena voluntad y poco más… y la Parroquia se fue convirtiendo más aún en una agencia de servicios religiosos, eso sí, modernos y atractivos, pero incapaces de lo más importante: ENGENDRAR EN LA FE.

De ahí la sensación de fracaso: ¿Cómo es posible que después de 7 años de catequesis y 10 de clases de religión los niños acaben sin tener fe y sin una relación viva con Dios? ¿Por qué los padres se interesan unos años, mientras sus niños son pequeños, y luego desaparecen, una vez recibidos los sacramentos? ¿Por qué tantos grupos parroquiales y tantos cristianos adultos se despreocupan de la tarea más importante y urgente: la de transmitir la fe a las nuevas generaciones?

UN NUEVO HORIZONTE

Los tres Papas recientes llevan años poniendo el acento en un hecho evidente: Europa necesita una NUEVA EVANGELIZACIÓN.

Esto, para el tema que nos ocupa, significa algunos cambios radicales:

  1. La catequesis no puede seguir dando por supuesta la fe en los niños, porque en el 99% no la Esto significa un giro de 180º: De cuidar la fe (hoy ausente) a sembrarla, de ayudar a madurar la fe, a proponerla.
  2. Esto no puede hacerlo un catequista solo o un Párroco con buena voluntad, sino que se necesita una
  3. Por eso, es necesario poner el acento más en los adultos y en la familia, que en los niños.
  4. Lógicamente esto supone también un cambio de modelo: pasar de una Parroquia de cristiandad a una PARROQUIA MISIONERA (o de nueva evangelización). La Parroquia no puede seguir funcionando como una agencia de servicios, sino que debe afrontar en serio y como prioridad el anuncio del Evangelio, la misión, proponiendo e invitando al encuentro con el Señor, tanto a los que suelen venir como a los que ..

PARROQUIA MISIONERA

«Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una “simple administración”. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un “estado permanente de misión”» (Papa Francisco)

CONVERSIÓN PASTORAL Y MISIONERA

En las últimas décadas, los Papas vienen insistiendo en la necesidad de una nueva evangelización, pero no se observan excesivas respuestas ni demasiados resultados.

No obstante, debería resultar evidente que un cambio de época debería exigir un cambio de modelo de parroquia: pasar de una parroquia de mantenimiento o administración a una parroquia misionera (o evangelizadora), que da prioridad al anuncio del Evangelio y a la salida misionera para proponer e invitar al encuentro con el Señor.

Este paso de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera, que tiene como objetivo fundamental “hacer discípulos”, exige un cambio profundo de modelo al que el Papa Francisco denomina “conversión pastoral y misionera”: «Espero que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están. Ya no nos sirve una “simple administración”. Constituyámonos en todas las regiones de la tierra en un “estado permanente de misión”» (Francisco, EG 25). Pues «hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador» (EG 27), estructuras caducas que ya no favorecen la transmisión de la fe y que han de ser cambiadas.

LA CLAVE DE LA PARROQUIA MISIONERA

¿Qué es lo característico de una Parroquia misionera? Una Parroquia misionera es aquella que tiene como objetivo fundamental hacer discípulos, de acuerdo al encargo de Jesús: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt 28,19-20).

La parroquia de mantenimiento tiene como meta ofrecer actividades religiosas que alimenten la fe de sus feligreses (¡se da por supuesto que ya hay fe!) y atender a sus necesidades religiosas. En cambio, en la parroquia misionera, la meta principal es generar discípulos misioneros, es decir, engendrar la fe y ayudarla a que crezca y alcance su madurez. Por eso, en una pastoral de mantenimiento, las actividades, si gustan y atraen a un buen número de público, son fines en sí. Por el contrario, en una pastoral misionera las actividades o programas son sólo herramientas o medios al servicio del objetivo principal de hacer discípulos.

EL PROCESO DE HACER DISCÍPULOS

El proceso de formación de discípulos misioneros consta de cuatro aspectos fundamentales que se compenetran y se alimentan entre sí:

1º Debe haber al comienzo un primer ANUNCIO que propicie el encuentro de Cristo con cada persona: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» (EG 164). Cuando este anuncio es acogido, y acontece una conversión inicial, ha nacido un discípulo: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI). El Papa Francisco ha insistido en la importancia que tiene «el primer anuncio o “kerygma”, que debe ocupar el centro de la actividad evangelizadora y de todo intento de renovación eclesial» (EG 164) y que nunca debe darse por supuesto, como solemos hacer.

2º La segunda etapa del proceso es el DISCIPULADO o catecumenado de adultos, centrado en el seguimiento de Jesús y de su Evangelio en todas las dimensiones de la persona: intelecto, corazón, decisiones, sentimientos, afectos, espiritualidad, moral… Esta segunda etapa extensa de crecimiento, «camino de formación y de maduración» según el Papa (EG 160), consolida y madura el encuentro con Cristo y el proceso de conversión hasta que el discípulo «pueda decir plenamente: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Ga 2,20)» (EG 160). Durante este proceso ocupa un lugar especial la oración personal y comunitaria. Pues la oración es el termómetro y la batería de la vida cristiana,  y  sin  un  contacto  frecuente  con  el  Espíritu  de  Dios,  en  soledad  y  en

comunidad y desde el acompañamiento, no hay crecimiento posible en el seguimiento de Cristo. Al vivir este proceso de crecimiento en grupos pequeños, que potencian las relaciones interpersonales sin perder la relación con los demás miembros de la comunidad, la Parroquia se va estructurando como una comunión de pequeñas y medianas comunidades, que se reúnen todas juntas el domingo para alabar y dar gloria al Señor y reconocerse como pueblo de Dios en camino.

3º La tercera etapa es la COMUNIÓN: No puede haber vida cristiana sino en comunidad: en las familias, las parroquias, los grupos pequeños… Al igual que los primeros cristianos, que se reunían en comunidad, el discípulo participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria. También es acompañado y estimulado por la comunidad y sus pastores para madurar en la vida del Espíritu. Por último, la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana. El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana.

4º La cuarta etapa la constituye la MISIÓN: El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios.

La misión es inseparable del discipulado, por lo cual no debe entenderse como una etapa posterior a la formación, aunque se la realice de  diversas maneras de acuerdo a la propia vocación y al momento de la maduración humana y cristiana en que se encuentre la persona: «La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar» (EG 273).

Indudablemente, en todo este proceso se necesitan acompañantes cuyas tareas son: 1º) Acoger a las personas que llegan a la comunidad a través de los diferentes caminos de primer anuncio; 2º) Escucharlas y motivarlas en el proceso de seguimiento de Cristo; y 3º) Acompañarlas a lo largo de varios años en un pequeño grupo hasta la madurez cristiana.

EMPEZAR POR LOS AGENTES PASTORALES

La renovación de la parroquia exige actitudes nuevas en los párrocos y en los sacerdotes que están al servicio de ella. La primera exigencia es que el párroco sea un auténtico discípulo de Jesucristo, porque sólo un sacerdote  enamorado del Señor puede renovar una parroquia. Pero, al mismo tiempo, debe ser un ardoroso misionero que vive el constante anhelo de buscar a los alejados y no se contenta con la simple administración.

Para pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral en clave de misión, la primera tarea del Párroco es buscar en su propia comunidad un grupo inicial de laicos que se formen adecuadamente y comiencen a vivir, desde el encuentro con Cristo, este proceso de discipulado misionero, como vemos que hizo el Maestro en los evangelios (cf. Jn 1,39). La formación, acompañamiento y capacitación de estos agentes pastorales debe ser la prioridad del Párroco si de verdad quiere crear «la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan» (EG 24) y si de verdad «pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del “siempre se ha hecho así”» (EG 33).

CONCLUSIONES

El Papa Francisco confía en las posibilidades de la Parroquia pero le urge a renovarse en tres aspectos claves: estar más cerca de las personas; crecer en comunión y participación; y orientar todas sus actividades hacia la misión de “hacer discípulos”.

«Si es capaz de reformarse y adaptarse continuamente, seguirá siendo “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas” (Juan Pablo II.)

La parroquia es presencia eclesial en el territorio, ámbito de la escucha de la Palabra, del crecimiento de la vida cristiana, del diálogo, del anuncio, de la caridad generosa, de la adoración y la celebración. A través de todas sus actividades, la parroquia alienta y forma a sus miembros para que sean agentes de evangelización. Es comunidad de comunidades, santuario donde los sedientos van a beber para seguir caminando, y centro de constante envío misionero» (EG 28).

 

 

                     

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