El problema

El PECADO es el PROBLEMA

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1. EL PROBLEMA, Lo que impide que en nuestro mundo se manifieste el amor de Dios y se realice su plan de felicidad, paz y comunión se llama pecado. El pecado es la causa de todos los males que aquejan a la humanidad. El problema que tenemos es que somos pecadores, y por tanto, alejados del amor de Dios. Nosotros somos pecadores, por eso precisamente pecamos y necesitamos ser liberados del pecado y de la muerte.

 

  • ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios (Romanos 3,23);
  • Mira, en la culpa nací,  pecador me concibió mi madre  (Salmos 51,7);
  • Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Marcos 1,14-15);
  • Pero quien come dudando, se condena, porque no actúa desde la fe. Y todo lo que no procede de la fe es pecado (Romanos 14,23).

 

Cómo rezar el Rosario

Cómo rezar el Santo Rosario

 
 

Cómo rezar el Rosario

1.- Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

2.- Rezar el Acto de Contrición: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

3.- Rezar tres avemarías y un Gloria.

4.- En función del día de la semana, elegimos los misterios a meditar, según lo que se indica más abajo. Tras enunciar el primer misterio, se reza un padrenuestro.

Misterios Gozosos (Lunes y Sábados)

La Encarnación del Hijo de Dios.
La Visitación de Nuestra Señora a su prima santa Isabel.
El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
La Purificación de Nuestra Señora y Presentación del Niño Jesús. 
El Niño perdido y hallado en el Templo.

Misterios Dolorosos (Martes y Viernes)

La Oración de Jesús en el Huerto de los olivos.
La Flagelación del Señor.
La Coronación de espinas.
La Cruz a cuestas camino del Calvario .
Crucifixión y muerte de Jesús  en la Cruz.

Misterios Gloriosos (Miércoles  y Domingos)

La Resurrección del Señor.
La Ascensión del Señor.
La Venida del Espíritu Santo.
La Asunción de Nuestra Señora.
La Coronación de María Santísima.

Misterios Luminosos (Jueves)

El Bautismo en el Jordán
La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná. 
El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión. 
La Transfiguración del Señor en el monte Tabor. 
La institución de la Sagrada Eucaristía.

5.- Se rezan 10 avemarías, un gloria y a continuación la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

6.- Se enuncia el segundo misterio y se reza un padrenuestro.

7.- Se rezan 10 avemarías, un Gloria y la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

8.- Se enuncia el tercer misterio y se reza un padrenuestro.

9.- Se rezan 10 avemarías, un Gloria y la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

10.- Se enuncia el cuarto misterio y se reza un padrenuestro.

11.- Se rezan 10 avemarías, un Gloria y la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

12.- Se enuncia el quinto misterio y se reza un padrenuestro.

13.- Se rezan 10 avemarías, un Gloria y la Jaculatoria: María, Madre de gracia, Madre de misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

14.- Se reza un padrenuestro y estas tres avemarías:

Dios te salve, María, Hija de Dios Padre, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

15.- Finalmente, se reza la Letanía de la Santísima Virgen María:

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad. Señor, ten piedad
Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.
Dios, Hijo Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.
Dios, Espíritu Santo. Ten misericordia de nosotros.
Trinidad santa, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.
Santa María. Ruega por nosotros
Santa Madre de Dios. Ruega por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes. Ruega por nosotros.
Madre de Cristo. Ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia. Ruega por nosotros.
Madre de la Divina Gracia. Ruega por nosotros.
Madre purísima. Ruega por nosotros.
Madre castísima. Ruega por nosotros.
Madre y Virgen. Ruega por nosotros.
Madre sin mancha. Ruega por nosotros.
Madre inmaculada. Ruega por nosotros.
Madre amable. Ruega por nosotros.
Madre admirable. Ruega por nosotros.
Madre del buen consejo. Ruega por nosotros.
Madre del Creador. Ruega por nosotros.
Madre del Salvador. Ruega por nosotros.
Virgen prudentísima. Ruega por nosotros.
Virgen digna de veneración. Ruega por nosotros.
Virgen poderosa. Ruega por nosotros.
Virgen acogedora. Ruega por nosotros.
Virgen fiel. Ruega por nosotros.
Ideal de santidad. Ruega por nosotros.
Trono de sabiduría. Ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría. Ruega por nosotros.
Templo del Espíritu Santo. Ruega por nosotros.
Obra maestra de la gracia. Ruega por nosotros.
Modelo de entrega a Dios. Ruega por nosotros.
Rosa escogida. Ruega por nosotros.
Fuerte como la torre de David. Ruega por nosotros.
Hermosa como torre de marfil. Ruega por nosotros.
Casa de oro. Ruega por nosotros.
Arca de la Nueva Alianza. Ruega por nosotros.
Puerta del cielo. Ruega por nosotros.
Estrella de la mañana. Ruega por nosotros.
Salud de los enfermos. Ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores. Ruega por nosotros.
Consoladora de los tristes. Ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos. Ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles. Ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas. Ruega por nosotros.
Reina de los Profetas. Ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles. Ruega por nosotros.
Reina de los Mártires. Ruega por nosotros.
Reina de los confesores de la fe. Ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes. Ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos. Ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado original. Ruega por nosotros.
Reina llevada al cielo. Ruega por nosotros.
Reina del Santo Rosario. Ruega por nosotros.
Reina de la Familia. Ruega por nosotros.
Reina de la paz. Ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor. 
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

Oración

Te pedimos, Señor, que nosotros tus siervos, gocemos siempre de salud de alma y cuerpo y por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de este mundo y concédenos las alegrías del Cielo.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

misterios luminosos

MISTERIOS LUMINOSOS

Misterios Luminosos

Santo Rosario Misterios Luminosos (jueves)

Santo Rosario en formato de audio 

 

bautismo-de-jesus1. El Bautismo de Jesús en el Jordán.

Entonces Jesús fue de Galilea al Jordán para que Juan lo bautizara. Pero Juan quería impedirlo, diciendo: «Soy yo el que necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?» Jesús le respondió: «¡Déjame ahora, pues conviene que se cumpla así toda justicia!» Entonces Juan accedió a ello. Una vez bautizado, Jesús salió del agua; y en esto los cielos se abrieron y vio al Espíritu de Dios descender en forma de paloma y posarse sobre él. Y se oyó una voz del cielo: «Éste es mi hijo amado, mi predilecto». (Mt 3,13-17)

 

 

 

 

bodas-de-cana2. La Autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.

Tres días después hubo una boda en Caná de Galilea, en la que estaba la madre de Jesús. Invitaron también a la boda a Jesús y a sus discípulos. Se terminó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le contestó: «¿A ti y a mí qué, mujer? Mi hora todavía no ha llegado». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí seis tinajas de piedra de unos cien litros cada una para los ritos de purificación de los judíos. Jesús les dijo: «Llenad de agua las tinajas». Y las llenaron hasta arriba. Añadió: «Sacad ahora y llevádselo al maestresala». Y se lo llevaron. Tan pronto como el maestresala probó el agua convertida en vino (sin saber de dónde era, aunque sí lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), llamó al novio y le dijo: «Todos sirven primero el vino mejor; y cuando se ha bebido en abundancia, el peor. Tú, en cambio, has guardado el vino mejor hasta ahora». Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus milagros, manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. (Jn 2,1-11).

 

anuncio-reino-de-dios3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.

Después de ser Juan encarcelado, Jesús fue a Galilea a predicar el evangelio de Dios; y decía: «Se ha cumplido el tiempo y el reino de Dios está cerca. Arrepentíos y creed en el evangelio». (Mc 1,14-15)  

 

 

 

 

 

 

la-transfiguracion4. La Transfiguración.

Unos ocho días después Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y Santiago y los llevó al monte a orar. Mientras él oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente. Dos hombres, de improviso, se pusieron a hablar con él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con un resplandor glorioso y hablaban con él de su muerte, que iba a tener lugar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero lograron mantenerse despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él. Cuando éstos se alejaban de Jesús, Pedro dijo: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. Mientras él estaba diciendo esto, vino una nube y los cubrió. Al entrar en la nube, los discípulos se asustaron. Y una voz desde la nube dijo: «Éste es mi hijo, el elegido, escuchadlo». (Lc 9,28-35)

la-eucaristia5. La institución de la Eucaristía.

Durante la cena Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó un cáliz, dio gracias, se lo pasó a ellos y bebieron de él todos. Y les dijo: «Ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por todos». (Mc 14,22-24)

misterios dolorosos

MISTERIOS DOLOROSOS

Misterios Dolorosos

Santo Rosario Misterios Dolorosos  (martes y viernes)

Santo Rosario en formato Audio 

 

jesus-huerto-olivos1. La Oración de Nuestro Señor en el Huerto.

Salió y fue, según su costumbre, al monte de los Olivos. Sus discípulos lo acompañaban. Cuando llegó al lugar, les dijo: «Orad para no caer en la tentación». Él se apartó de ellos como un tiro de piedra, se arrodilló y se puso a orar, diciendo: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Y se le apareció un ángel del cielo reconfortándolo. Entró en agonía, y oraba más intensamente; sudaba como gotas de sangre, que corrían por el suelo. (Lc 22,39-44)

 

 

 

 

la-flagelacion-de-jesus2. La Flagelación del Señor.

Entonces Pilato mandó azotar a Jesús. (Jn 19,1)

 

 

 

 

 

 

 

coronacion-espina3. La Coronación de espinas.

Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, le vistieron un manto de púrpura; se acercaban a él y le decían: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le daban bofetadas. (Jn 19,2-3)

 

 

 

 

 

 

jesus-cruz-a-cuestas4. El Camino del Monte Calvario.

Jesús quedó en manos de los judíos y, cargado con la cruz, salió hacia el lugar llamado «la calavera», en hebreo «Gólgota», donde lo crucificaron (Jn 19,17-18)

 

 

 

 

 

 

jesus-muere-cruz2jpg5. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor.

Después de esto, Jesús, sabiendo que todo se había consumado, para que se cumpliera la Escritura, dijo: «Tengo sed». Había allí un vaso lleno de vinagre; empaparon una esponja en el vinagre, la pusieron en una caña y se la acercaron a la boca. Cuando Jesús lo probó, dijo: «Todo está cumplido». E, inclinando la cabeza, expiró. (Jn 19,28-30)

misterios gozosos

MISTERIOS GOZOSOS

Misterios Gozosos

Santo Rosario Misterios Gozosos  (lunes y sábado)

 

Santo Rosario en formato Audio 

 

la-anunciacion1. La Anunciación.

A los seis meses envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una joven virgen, prometida de un hombre descendiente de David, llamado José. La virgen se llamaba María. Entró donde ella estaba, y le dijo: «Alégrate, llena de gracia; el Señor está contigo». Ante estas palabras, María se turbó y se preguntaba qué significaría tal saludo. El ángel le dijo: «No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande y se le llamará Hijo del altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no tengo relaciones?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño que nazca será santo y se le llamará Hijo de Dios. Mira, tu parienta Isabel ha concebido también un hijo en su ancianidad, y la que se llamaba estéril está ya de seis meses, porque no hay nada imposible para Dios». María dijo: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel la dejó. (Lc 1,26-38)

la-visitacion-prima-sta-isabel2. La Visitación de Nuestra Señora a Santa Isabel.

Unos días después María se dirigió presurosa a la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Cuando Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó en su seno e Isabel quedó llena del Espíritu Santo. Y dijo alzando la voz: «¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Y cómo es que la madre de mi Señor viene a mí? Tan pronto como tu saludo sonó en mis oídos, el niño saltó de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído que se cumplirán las cosas que te ha dicho el Señor!» (Lc 1,39-45)

 

 

 

nacimiento-de-jesus3. El Nacimiento del Hijo de Dios.

Por aquellos días salió un decreto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Éste es el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Todos iban a empadronarse, cada uno a su ciudad. También José, por ser descendiente de David, fue desde la ciudad de Nazaret de Galilea a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para empadronarse con María, su mujer, que estaba encinta. Mientras estaban allí se cumplió el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo reclinó en un pesebre, porque no encontraron sitio en la posada. (Lc 2,1-7)

 

 

 

purificacion-maria4. La Purificación de la Virgen Santísima.

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para ofrecerlo al Señor, como está escrito en la ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor, y para ofrecer el sacrificio según lo ordenado en la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. (Lc 2,22-24)

 

 

 

 

 

nino-perdido-hallado-templo5. La Pérdida del Niño Jesús y su hallazgo en el templo.

Sus padres iban todos los años a Jerusalén por la fiesta de la pascua. Cuando tuvo doce años, fueron a la fiesta, como era costumbre. Terminada la fiesta, emprendieron el regreso; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres se dieran cuenta. Creyendo que iba en la caravana, anduvieron una jornada, al cabo de la cual se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, volvieron a Jerusalén en busca suya. A los tres días lo encontraron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Todos los que le oían estaban admirados de su inteligencia y de sus respuestas. Al verlo, se quedaron maravillados; y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué has hecho esto? Tu padre y yo te hemos estado buscando muy angustiados». Les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo ocuparme en los asuntos de mi Padre?» Ellos no comprendieron lo que les decía. (Lc 2,41-50)

 

misterios gloriosos

MISTERIOS GLORIOSOS

Misterios Gloriosos

Santo Rosario Misterios Gloriosos (miércoles y domingo)

Santo Rosario en formato de audio

 

resurreccion-jesus1. La Resurrección del Señor.

“El ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: no tengáis miedo porque si buscáis a Jesús el crucificado, no está aquí. Ha resucitado, como lo había dicho. Venid a ver el lugar donde estaba.”

 

 

 

 

 

 

la-ascension2. La Ascensión del Señor.

 Jesús los sacó hasta cerca de Bethania y alzando las manos los bendijo. Mientras los bendecía se separó de ellos y fue al cielo pero dijo: salgan a predicar por todas partes.” 

 

 

 

 

 

 

la-venida-del-espiritu-santo3. La Venida del Espíritu Santo.

Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y sus hermanos. Llegó el día de Pentecostés y un viento del cielo con ruido y llena toda esa casa. 

 

 

 

 

 

asuncion-maria-cielo4. La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos.

“Levantate amada mía, hermosa mía y vente porque mira ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido. Muestrame tu semblante, dejame oir tu voz, porque tu voz es dulce y bello tu semblante”.  

 

 

 

 

 

 

coronacion-maria5. La Coronación de la Santísima Virgen.

 “toda espléndida la hija del rey, va adentro con vestido en oro recamado, con sus brocados es llevada ante el rey y una gran señal apareció en el cielo, una mujer vestida de sol con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza”. 

 

El Padrenuestro y las 7 palabras

Padrenuestro                                Siete Palabras de la Cruz

Al pedir: “Santificado sea tu Nombre” entramos en el plan de Dios, la santificación de su Nombre —revelado a Moisés, después en Jesús— por nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada hombre.  

7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)

 

En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras vidas.  

 

6. Todo está cumplido (Jn. 19, 30)

 

En la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad  a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo.  

5. Tengo sed (Jn. 19,28)

 

En la cuarta petición, al decir “danos”, expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía.  

3. Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)

 

La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo. 1. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34)2. En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23,43)
Al decir: “No nos dejes caer en la tentación”, pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.  

 

 

 

 

4. ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?  (Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)

 

En la última petición, “y líbranos del mal”, el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.

 

Con el “Amén” final expresamos nuestro «fiat»  respecto a las siete peticiones: «Así sea».

Conclusión: El viaje de la vida

Conclusión: El viaje de la vida

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La perseverancia final es más que una fase de madurez espiritual, es su culminación. Es la puerta del palacio del Rey nos espera al final del viaje, un viaje que comienza en la puerta de entrada de nuestra primera conversión y serpentea por el camino a menudo duro y siempre impredecible de integración y generosidad, de sincera fidelidad a Cristo y a su Iglesia

Dios nos da tiempo para recorrer ese camino, porque él sabe que, a través del viaje, a través del aprendizaje y la práctica del arte de la espera, nos convertiremos en mejores amantes, creciendo hasta la madurez espiritual en el Señor, y eso es lo que él está esperando.

Termino animándoos a caminar siempre con Dios. En el viaje de la vida cristiana puedes correr o caminar. Ambas maneras son aceptables; las dos te llevan a la meta. La Biblia habla de los que corrieron y de los que caminaron, y a ambos los presenta como triunfadores. El apóstol san Pablo terminó la ca­rrera con gozo. Finalizó el viaje, llegó a la meta. De Enoc se dice que caminó con Dios durante trescientos años pero, al final, también llegó. Si dos caminan juntos, es porque están de acuerdo. Para caminar con Dios debemos estar de acuerdo con Él.

Algunos tenemos el hábito de la impuntualidad, pero una cosa es llegar tarde a una reunión informal con los amigos, y otra es llegar tarde a una cita con Dios Y nosotros hemos concertado una cita con Dios.

A veces me parece oír al Señor decirme: «Aquí estoy para nuestra cita. ¿Dónde estás? Deseo hablar contigo esta mañana. ¿Tienes un momento para mí? Tienes tiempo para el periódico, la televisión, el whatsapp, el correo electrónico, pero no tienes tiempo para orar, leer la Biblia, hablar conmigo… Deseaba hablar contigo durante el almuerzo, pero tu oración fue muy rápida. ¿Dónde estás? ¡Tenemos una cita!». Nuestro viaje cristiano puede ser largo, pero nunca viajamos solos.

Dios es fiel, guarda siempre su alianza y, como decía Santa Teresa de Calcuta: «Dios no me ha pedido éxito, me ha pedido fidelidad». Dedícale tiempo, un tiempo de calidad cada día, todos los días, y que esta sea vuestra oración diaria para que en la conversión continua, la integración, la generosidad y la perseverancia crezcas hoy y siempre.

CUESTIONARIO PERSONAL

  1. ¿He tomado una decisión firme y consciente de vivir para Cristo y su reino, y no solo para mí mismo? Si la respuesta es no, ¿qué me impide tomar esa decisión en este momento? Si es sí, ¿cuándo tomé esa decisión y cuáles fueron las circunstancias que Dios usó para moverme en esa dirección? Recuerda y da gracias.
  2. ¿He conocido a alguien cuya primera conversión sucediese de una manera particularmente dramática o maravillosa? ¿Qué puedo aprender acerca de Dios al reflexionar sobre la experiencia de esa persona?
  3. ¿Conozco a alguien que no haya tenido una experiencia que los haya llevado a la primera conversión? ¿Qué puedo hacer para ayudar a esas personas a tener el encuentro transformador de la vida con Cristo que los pondrá en el camino hacia la felicidad verdadera y eterna?
  4. ¿Siento profundamente el deseo de ser el mensajero de Cristo para las personas que aún no han llegado a conocerlo y puedan convertirse en sus seguidores? ¿Cuán profundamente debería sentir este deseo?
  5. ¿Qué es lo que ha sido más difícil hasta ahora en el trabajo de integración de cada aspecto de mi vida en mi amistad con Dios? ¿Por qué?
  6. ¿Qué ha sido más gratificante hasta ahora en el trabajo continuo de integrar cada aspecto de mi vida en mi amistad con Dios? ¿Por qué?
  7. ¿Cuándo me ha invitado Dios a dar un paso de mayor generosidad en mi vida cristiana? ¿Cómo respondí y qué resultados produjo mi respuesta?
  8. ¿Qué me ha ayudado a decir «sí» a las invitaciones pasadas de Dios a la generosidad? ¿Qué me ha dificultado decir «sí»?
  9. ¿Estoy preparado para recibir de Dios otra invitación a una mayor generosidad? ¿Por qué?
  10. ¿Quién es para mí un modelo de perseverancia cristiana? ¿Qué estoy haciendo ahora para abrirme a recibir la gracia de la perseverancia final?

Cuarta fase: Perseverancia

Cuarta fase: Perseverancia

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La cuarta y última fase de nuestro viaje espiritual es lo que la tradición llama «perseverancia final», permanecer fieles a Cristo y su Reino hasta el final de nuestras vidas y, por lo tanto, entrar en la gran aventura de la eternidad con él en el cielo, en el banquete de bodas que tiene preparado. «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda» [Mt 22, 1-14].

Nadie tiene garantizada la perseverancia final. Es, como la existencia misma, como la gracia del bautismo, y como tantas otras gracias que recibimos a lo largo de nuestras vidas, un regalo de Dios, que proviene de su bondad y no de ningún mérito propio.

Jesús resumió esta primacía de la gracia en cada fase de nuestra vida cristiana en el Capítulo 6 de Juan: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día» [Jn 6,44]

Pero a pesar de que no podemos ganar la perseverancia final (porque vale mucho más que cualquier cosa que nosotros podamos hacer para pagarla), podemos trabajar para lograrlo. Mediante la oración y la generosidad a lo largo de nuestras vidas, podemos ponernos en la posición de aceptar y recibir esta gracia, que es don y tarea.

Jesús mismo lo explicó, tenemos un papel importante que desempeñar en nuestra perseverancia cuando dijo: «El que persevere hasta el fin se salvará» [Mt 24,13]

San Pablo expresó su comprensión de esta verdad a los cristianos en Corinto: «…sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado» [1Co 9,27]

Pero un poco más adelante en la misma Carta, San Pablo mostró una gran comprensión del papel principal de la gracia de Dios en nuestros esfuerzos por perseverar: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla» [1Co 10,13].

Por la gracia de la perseverancia final oramos al final de cada Ave María: «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Tercera fase: Generosidad

Tercera fase: Generosidad

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La tercera fase es generosidad. Una vez que hemos integrado más o menos nuestra vida con nuestra decisión de ser discípulos y apóstoles de Cristo, podemos comenzar a sentirnos bastante cómodos, tal vez incluso un poco seguros de nosotros mismos.

La generosidad es la virtud que nos conduce a dar y darnos a los demás de una manera habitual, firme y decidida, buscando su bien y poniendo a su servicio lo mejor de nosotros mismos, tanto bienes materiales como cualidades y talentos, las cuatro Ts: Tiempo, Talento, Tesoro y Testimonio.

Cuando llegue el momento adecuado, Dios nos presentará alguna situación o circunstancia que nos sacará de nuestra zona de confort, algo que requerirá más generosidad, más sacrificio, más entrega, más oblación.

Él hace esto porque nos ama. Él quiere lo mejor para nosotros, entonces él nos empuja. Él no quiere que nos conformemos por ser «buenos» cristianos o católicos practicantes; él quiere que seamos santos: santos reales, dinámicos, poderosos y renovadores del mundo.

Y como ser santo requiere más amor del que nuestro egoísmo natural le gusta dar, Dios nos pone en las circunstancias adecuadas en las que tenemos que estirarnos.

Por lo general duele; por lo general, es difícil para nosotros, y por eso la Iglesia nunca se cansa de señalar nuestra mirada hacia el crucifijo, lo que nos recuerda que la generosidad de Cristo fue total e incondicional. Él es nuestro modelo de amor generoso.

La llamada a la generosidad puede venir de muchas maneras diferentes.

Puede ser una invitación a seguir una vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, lo que significa renunciar a nuestros propios planes y esperanzas al poner todos nuestros huevos en la canasta de Dios.

Puede ser una invitación a elegir una carrera profesional menos tradicional para dedicarse a tiempo completo al trabajo poco glamuroso de construir el Reino de Cristo.

Puede ser una enfermedad física como un ensayo o la muerte de un ser querido.

Pueden ser dificultades en el matrimonio o en la vida familiar (por ejemplo, cuando la pareja de recién casados se da cuenta de que no pueden tener hijos).

Debido a que no hay límite en cuánto podemos amar a Dios y a nuestro prójimo, normalmente seremos llamados a una mayor generosidad.

Una, dos o varias veces, la llamada a la generosidad será dramática, como cuando San Ignacio de Loyola abandonó los privilegios de la nobleza para seguir su vocación sacerdotal, o cuando la viuda Santa Isabel de Hungría rechazó la propuesta de matrimonio del emperador para poder dedicarse a la oración y obras de caridad cristiana.

Pero momentos dramáticos como esos no surgen de la nada. El Espíritu Santo trata de prepararnos para ellos con sesiones de práctica de generosidad, como sutiles invitaciones para pasar unos minutos extra ante el Sagrario, o hacer un esfuerzo adicional por otra persona incluso cuando no nos apetece, no tenemos ganas, o para hacer algunos ajustes en nuestras relaciones sociales.

La generosidad, como la acción de dar y compartir con los demás, es una cualidad que debemos fomentar. No solamente en momentos de desastres naturales, que es cuando más se necesita la ayuda humanitaria, sino como un hábito en nuestro vivir diario, los verdaderos cristianos no se quedan de brazos cruzados esperando que surjan tiempos de necesidad, sino que buscan oportunidades para actuar.

Vivir la generosidad significa

  • Dar con alegría.
  • Compartir de buen modo.
  • Dar algo que es valioso para mí.
  • Guardar parte de mi dinero o de mis cosas para ayudar a quien lo necesite.
  • Compartir con una sonrisa aunque me sienta mal.
  • Compartir mi tiempo escuchando con atención lo que otros tengan que decirme, aunque yo tenga otras cosas que hacer o realmente no me interese mucho lo que dicen.
  • Estar siempre pendiente de las necesidades de los demás, más que de las mías.
  • Estar siempre dispuesto a dar lo mejor de mí ante las necesidades de los demás.
  • Ayudar sin que nadie me lo pida.
  • Compartir mi tiempo ayudando aunque tenga que dejar de hacer otras cosas que me gustan.
  • Hacer algo cada día por el bien de los demás, buscando la manera mejor y más eficaz de hacerlo, dando siempre lo mejor de mí.

«El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho» [Lc 16,10]. Si respondemos fielmente a estas invitaciones sutiles y discretas a la generosidad oculta, estaremos bien preparados para responder fielmente a las más dramáticos, las que nos dan la oportunidad de crecer en santidad no a pasos sino a zancadas.