Corresponsabilidad

La corresponsabilidad

Todos los bautizados somos Iglesia y corresponsables de la implantación del Reino de Dios. Por tanto, discípulos y misioneros.

Esta corresponsabilidad exige un cierto grado de igualdad y de unidad entre la jerarquía y los fieles.

Escribió San Pío X: “Sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin propio de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene más obligación que dejarse gobernar y obedecer dócilmente las directrices de sus pastores” (Vehementer nos, 8. 11-2-1906). Estas palabras son el fiel reflejo de una mentalidad que reduce a los fieles al infantilismo espiritual.

El Concilio Vaticano II escribió el Decreto sobre el Apostolado de los laicos, todo él muy rico en doctrina, y en la Constitución dogmática sobre la Iglesia, la constitución dogmática  Lumen Gentium, en el número 17, habla de las relaciones de los laicos con la jerarquía, y dice: “En la medida de sus conocimientos, de la competencia y prestigio que poseen, tienen el derecho y, en algún caso, la obligación de manifestar su parecer sobre aquellas cosas que dicen relación al bien de la Iglesia”.

Pablo VI, en su discurso a la Rota romana, el 4 de febrero de 1977, dijo: “Los fieles, revestidos del sacerdocio común, no deben ser considerados como súbditos, sino como colaboradores del orden jerárquico”.

Desde San Pío X hasta Francisco, la Iglesia ha dado un giro de 180 grados en la valoración de los fieles cristianos.

¿Qué exige el ejercicio efectivo de la corresponsabilidad?

1º. La toma de conciencia por parte de todos, de la jerarquía y de los fieles. En teoría, todos somos Iglesia; pero, en la práctica no siempre se ejerce la corresponsabilidad como un derecho y un deber que, aunque admite grados porque a mayor elevación del cargo mayor debe ser la responsabilidad y la dedicación al servicio, no admite excusas para que unos dejen “actuar” a los otros o para que éstos se comprometan.

2º. La corresponsabilidad efectiva pide que el Pueblo de Dios sea correcta y puntualmente informado de lo que acontece en la vida de la Iglesia.La jerarquía debe buscar los medios necesarios de información. No se puede pretender que los laicos sean responsables si, antes, se les niega la información adecuada. 

3º. La corresponsabilidad efectiva pide la creación y el desarrollo correcto de organismos apropiados que, en representación de los diversos carismas eclesiales, tomen las decisiones y se responsabilicen del quehacer pastoral, en todas sus facetas.

Después del Vaticano II, se han creado los llamados Consejos Diocesanos y parroquiales; aunque sólo con carácter consultivo  ¿Por qué no dotarlos de auténtico carácter vinculante? ¿Por qué no otorgarles la autoridad de elegir a su propio obispo de entre los sacerdotes más respetados y cualificados de la diócesis? ¿Quién puede conocer mejor y de primera mano las necesidades y la persona más adecuada para resolverlas? El Pueblo de Dios está formado por hombres y mujeres. Hay que dar entrada a las mujeres en los organismos eclesiales.

Recién terminado el Concilio, el cardenal Suenens escribía en un libro titulado La corresponsabilidad en la Iglesia de hoy, que pronto se hizo famoso: «Si se me preguntase cuál es el ‘germen de vida’ más rico en consecuencias pastorales que se debe al Concilio, respondería sin dudarlo: el haber vuelto a descubrir el pueblo de Dios como una totalidad y, en consecuencia, la corresponsabilidad que de aquí se deriva para cada uno de sus miembros» [L. J. Suenens, La corresponsabilidad en la Iglesia de hoy, Bilbao 1969, 17]

Sin pretender un cambio de modelo, sí parece necesario que la autoridad se use, no para imponer el propio criterio, sino para aunar voluntades y esfuerzos, según aquel principio de San Agustín:
 “Haya unidad en la necesario, libertad en lo dudoso, y caridad en todo”. 

Benedicto XVI dice a la parroquia de San Juan de la Cruz de Roma:«Me he enterado con aprecio de que vuestra comunidad se propone, en el respeto de las vocaciones y de los papeles de los consagrados y los laicos, la corresponsabilidad de todos los miembros del Pueblo de Dios. Como ya he recordado, esto exige un cambio de mentalidad, sobre todo de cara a los laicos, “pasando de considerarles ‘colaboradores’ del clero a reconocerles como plenamente ‘corresponsables’ del ser y del actuar de la Iglesia, favoreciendo así la promoción de un laicado maduro y comprometido» (cfr Discurso de apertura del Congreso pastoral de la Diócesis de Roma – 26 de mayo de 2009).

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