Cuarta fase: Perseverancia

Cuarta fase: Perseverancia

Resultado de imagen de perseverancia

 

La cuarta y última fase de nuestro viaje espiritual es lo que la tradición llama «perseverancia final», permanecer fieles a Cristo y su Reino hasta el final de nuestras vidas y, por lo tanto, entrar en la gran aventura de la eternidad con él en el cielo, en el banquete de bodas que tiene preparado. «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda» [Mt 22, 1-14].

Nadie tiene garantizada la perseverancia final. Es, como la existencia misma, como la gracia del bautismo, y como tantas otras gracias que recibimos a lo largo de nuestras vidas, un regalo de Dios, que proviene de su bondad y no de ningún mérito propio.

Jesús resumió esta primacía de la gracia en cada fase de nuestra vida cristiana en el Capítulo 6 de Juan: «Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré en el último día» [Jn 6,44]

Pero a pesar de que no podemos ganar la perseverancia final (porque vale mucho más que cualquier cosa que nosotros podamos hacer para pagarla), podemos trabajar para lograrlo. Mediante la oración y la generosidad a lo largo de nuestras vidas, podemos ponernos en la posición de aceptar y recibir esta gracia, que es don y tarea.

Jesús mismo lo explicó, tenemos un papel importante que desempeñar en nuestra perseverancia cuando dijo: «El que persevere hasta el fin se salvará» [Mt 24,13]

San Pablo expresó su comprensión de esta verdad a los cristianos en Corinto: «…sino que golpeo mi cuerpo y lo someto, no sea que, habiendo predicado a otros, quede yo descalificado» [1Co 9,27]

Pero un poco más adelante en la misma Carta, San Pablo mostró una gran comprensión del papel principal de la gracia de Dios en nuestros esfuerzos por perseverar: «No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla» [1Co 10,13].

Por la gracia de la perseverancia final oramos al final de cada Ave María: «ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *