El Padrenuestro y las 7 palabras

Padrenuestro                                Siete Palabras de la Cruz

Al pedir: “Santificado sea tu Nombre” entramos en el plan de Dios, la santificación de su Nombre —revelado a Moisés, después en Jesús— por nosotros y en nosotros, lo mismo que en toda nación y en cada hombre.  

7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)

 

En la segunda petición, la Iglesia tiene principalmente a la vista el retorno de Cristo y la venida final del Reino de Dios. También ora por el crecimiento del Reino de Dios en el “hoy” de nuestras vidas.  

 

6. Todo está cumplido (Jn. 19, 30)

 

En la tercera petición, rogamos al Padre que una nuestra voluntad  a la de su Hijo para realizar su Plan de salvación en la vida del mundo.  

5. Tengo sed (Jn. 19,28)

 

En la cuarta petición, al decir “danos”, expresamos, en comunión con nuestros hermanos, nuestra confianza filial en nuestro Padre del cielo. “Nuestro pan” designa el alimento terrenal necesario para la subsistencia de todos y significa también el Pan de Vida: Palabra de Dios y Cuerpo de Cristo. Se recibe en el “hoy” de Dios, como el alimento indispensable, lo más esencial del Festín del Reino que anticipa la Eucaristía.  

3. Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)

 

La quinta petición implora para nuestras ofensas la misericordia de Dios, la cual no puede penetrar en nuestro corazón si no hemos sabido perdonar a nuestros enemigos, a ejemplo y con la ayuda de Cristo. 1. Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34)2. En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23,43)
Al decir: “No nos dejes caer en la tentación”, pedimos a Dios que no nos permita tomar el camino que conduce al pecado. Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza; solicita la gracia de la vigilancia y la perseverancia final.  

 

 

 

 

4. ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?  (Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)

 

En la última petición, “y líbranos del mal”, el cristiano pide a Dios con la Iglesia que manifieste la victoria, ya conquistada por Cristo, sobre el “príncipe de este mundo”, sobre Satanás, el ángel que se opone personalmente a Dios y a su plan de salvación.

 

Con el “Amén” final expresamos nuestro «fiat»  respecto a las siete peticiones: «Así sea».

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