La Virgen María

La Virgen María

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EL NUEVO TESTAMENTO

En el Nuevo Testamento se nos cuentan pocas cosas acerca de María. Y como se trata de noticias dispersas, siembre en función de presentar quién es Jesús, su retrato nos resulta como desenfocado y algo borroso.

Solo hablan de María los cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles. Pablo afirma que Jesús es hijo de mujer en Gálatas 4,4. La mujer vestida de sol del Apocalipsis 12 es la Iglesia, pero, por eso mismo, de forma indirecta puede verse

como la Virgen María.

LUCAS

Quién más datos nos ofrece es san Lucas en los relatos sobre el nacimiento de Jesús, en los que incluso insinúa que la misma María fue su informante ya que dice que “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.”; y esto quiere decir que las guardaba en su memoria y les daba vueltas en su pensamiento para profundizar en su significado.

Origen de María

Ella era una mujer de Nazaret (Lucas 1,26), pequeña aldea de Galilea. Además Lucas 1,36 nos dice que María era pariente de Isabel, lo cual equivale a decir que era de la misma tribu. Y como Isabel y Zacarías eran una familia sacerdotal, eran de la tribu de Leví.

Lucas, pues que al final de su Evangelio nos muestra a Jesús bendiciendo a los suyos, como sacerdote, aunque dice expresamente que es fuera del templo, al principio del Evangelio lo introduce en una familia sacerdotal.

Leyendas antiguas dicen que vivió en Jerusalén y que fue asignada al servicio del Templo.

En realidad no sabemos nada de su infancia y juventud. Las leyendas recogidas en los “Evangelios Apócrifos” narran de ella cosas tan bellas como

sin fundamento histórico.

Madre virginal de Jesús

Sabemos que no debía ser rica porque estaba prometida según nos dicen Mateo y Lucas a un trabajador, aunque era de familia noble y reconocido como perteneciente a la estirpe de David.

El anuncio del Ángel Gabriel le llegó cuando aún era muy joven. Ella asumió con plena conciencia decisión y coherencia la tarea que Dios le asignaba. Desde ese momento siguió con fidelidad admirable a su Hijo.

El cántico de María

Lucas nos transmite en su evangelio el bello canto que al visitar a Isabel pronunció María, inspirándose en el canto que dijo Ana la madre de Samuel

(1 Samuel 2,1-10) y en el que deja claro que la fidelidad de Dios se manifiesta en el cumplimiento de sus promesas y realiza su salvación por pura gracia superando las debilidades de los seres humanos:

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humildad de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:

su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

—como lo había prometido a nuestros padres—

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

(Lucas 1,46-55)

MARÍA DURANTE LA VIDA PÚBLICA DE JESÚS

Es muy probable que José hubiera muerto cuando Jesús comenzó su vida pública pues Jesús era conocido como “el hijo de María”

Marcos 6,3 dice: ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?

La mención en este lugar de los hermanos de Jesús no implica necesariamente que fueran hijos de María. La Iglesia, de hecho, desde los primeros tiempos ha mantenido que María se mantuvo Virgen incluso después de haber nacido Jesús.

En una ocasión se nos muestra a María con sus familiares desconcertados ante la actuación de Jesús y en esa ocasión proclama que su misión está por encima

de cualquier relación familiar:

Marcos 3, 20 Llega a casa y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer. 21 Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí. (…) 31 Llegan su madre y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar. 32 La gente que tenía sentada alrededor le dice: «Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan». 33 Él les pregunta: «¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?». 34 Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice: «Estos son mi madre y mis hermanos. 35 El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Ver también Mateo 12,46- 50)

JUAN

San Juan nos habla dos veces de María al comienzo de su Evangelio interviniendo en las bodas de Caná (Juan 2,1-12). Al final de este relato se nos informa que la Madre de Jesús y sus familiares se trasladaron a Cafarnaún con Él y luego lo acompañaron en sus desplazamientos. (Juan 2,12 ver también

Juan 7,1-10)

La segunda vez, que aparece María es ya al pie de la cruz: donde es encomendada por Jesús al cuidado del discípulo amado que la acoge y la protege como madre suya.

Este texto es complejo en sí mismo y suscita algunas cuestiones que hoy por hoy son imposibles de solucionar salvo en meras conjeturas.

Juan 19 25 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre: María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. 26 Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». 27 Luego, dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre». Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.

Si como gramaticalmente parece cierto, solo hay dos mujeres, a la Madre de Jesús se la llama “María la de Cleofás” Pero ¿quién es ese Cleofás que da el apellido a María? ¿Era su padre? ¿Es Cleofás otro nombre de José, o incluso del mismo Jesús? No tenemos modo de saberlo.

ASUNCIÓN

María murió después de la resurrección de su Hijo ya que en los Hechos de los Apóstoles se nos dice que estaba con la primera Iglesia y con los Apóstoles esperando la venida del Espíritu Santo (Hech 1,14) En esa escena María es presentada como la Reina, la madre del Rey, que es tratada con todo honor mientras se espera la vuelta del Resucitado para asumir su reino para siempre. Se destaca también que en ausencia de Jesús María es el centro de unidad de los diversos grupos que constituyen el conjunto de la Iglesia.

Unos dicen que murió en Éfeso a donde habría ido con Juan Evangelista, al que se identifica con el discípulo amado, después de que Jesús desde la Cruz se la encomendara a su cuidado.

Pero en Jerusalén hay un lugar conocido como el Sepulcro de María, donde nace el torrente Cedrón. Según algunos relatos muy antiguos que tratan de la Asunción de María al cielo, anualmente se hacía una procesión hasta ese sepulcro de Jerusalén para conmemorar el transito de María al cielo.

Es, pues, casi cierto que María murió en Jerusalén y poco probable que muriera en Éfeso.

DEVOCIÓN AMARÍA

La devoción a María hunde sus raíces en los primeros tiempos del cristianismo, pero adquirió creciente fuerza a partir de que el Concilio de Éfeso afirmara que hay que hablar de ella como “Madre de Dios” ya que Cristo es una sola persona y es Dios hecho hombre.

María fue una mujer sencilla, “una más” pero representa al pueblo de Israel que esperaba fielmente al Salvador y representa a la Iglesia que siendo fiel a la Palabra de Dios hace presente a Jesús en el mundo.

Lo importante de María es que aunque era pequeña y pertenecía a los humildes del pueblo, Dios, desde toda la eternidad, se fijó en ella y la destinó a ser la madre de su Hijo.

El Catecismo dice de ella (CdIC 495): Llamada en los evangelios «la Madre de Jesús» (Juan 2,1; 19,25), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como «la madre de mi Señor» desde antes del nacimiento de su hijo (Luc 1,43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios [«Theotokos»].

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