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Lectio Divina del Domingo de Ramos (A)

Domingo de Ramos: Celebramos la entrada triunfal de Jesús en ...

CONMEMORACIÓN DE LA ENTRADA DEL SEÑOR EN JERUSALÉN

EVANGELIO (Mt 21, 1-11)

✠ Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

CUANDO se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de Los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles:

«Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto».
Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:

«Decid a la hija de Sion:

“Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”».

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

«¡“Hosanna” al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡“Hosanna” en las alturas!».

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando:

«¿Quién es este?».

La multitud contestaba:

«Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

Palabra del Señor.

 

MISA

PRIMERA LECTURA (Is 50, 4-7)

No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
(Tercer cántico del Siervo del Señor)

Lectura del libro de Isaías.

EL Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;

     para saber decir al abatido una palabra de aliento. 

Cada mañana me espabila el oído, 

     para que escuche como los discípulos. 

El Señor Dios me abrió el oído; 

     yo no resistí ni me eché atrás. 

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, 

     las mejillas a los que mesaban mi barba; 

     no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. 

El Señor Dios me ayuda, 

     por eso no sentía los ultrajes; 

     por eso endurecí el rostro como pedernal, 

     sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

Después de la alegre procesión inicial, con palmas bendecidas, esta primera lectura introduce la participación en los sufrimientos y sentimientos de Cristo, en la pasión. Es la parte inicial del tercer poema de Isaías sobre el «Siervo sufriente», una «confesión», sobre el tipo «de algunas composiciones de Jeremías y de los Salmos de lamento individual».

Al principio, el Siervo recuerda, de manera apasionada, la misión recibida para apoyar a los descorazonados, que eran los retornados del exilio de Babilonia, a fines del siglo VI a. C., en medio de muchas dificultades y hostilidades. Luego proclama cómo lo vivió, gracias a los dones del Señor de un idioma y un oído «para ser iniciado», es decir, de aquellos introducidos y totalmente dedicados a escuchar y proclamar la palabra de Dios. Esto implica un compromiso profundo y constante también. la suya. De hecho, requirió el testimonio más duro de la vida, por las persecuciones, expresadas doblando la espalda a los flageladores, y por las humillaciones sufridas, que pueden tomarse literalmente, hechas de insultos, escupidas en la cara y depilaciones vergonzosas.

Ante todo esto, el Siervo reafirma sus sentimientos más profundos. No se detiene, pero enfrenta valientemente las pruebas. Es seguro que Dios lo ayuda, para esto no tiene confusión e incertidumbres, pero hace que la cara sea dura y sin miedo como una roca.

 La lectura se detiene aquí, tal vez para permanecer en lo que es más apropiado para los sentimientos de Cristo en la pasión que sigue. En los versículos que completan el poema, el Siervo también desafía a sus oponentes sobre la exactitud de sus posiciones y está seguro de que Dios los confundirá y los usará como una prenda dañada por la polilla. No son sentimientos tiernos, pero tampoco son ajenos a Cristo. Quizás los cristianos de hoy deberían redescubrir el camino y el coraje para repetirlos.

Salmo responsorial

Sal 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24 (R.: 2ab)

R/.   Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

        V/.   Al verme, se burlan de mí, 

                hacen visajes, menean la cabeza: 

                «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; 

                que lo libre si tanto lo quiere».   R/.

        V/.   Me acorrala una jauría de mastines, 

                me cerca una banda de malhechores; 

                me taladran las manos y los pies, 

                puedo contar mis huesos.   R/.

        V/.   Se reparten mi ropa, 

                echan a suerte mi túnica. 

                Pero tú, Señor, no te quedes lejos; 

                fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.   R/.

        V/.   Contaré tu fama a mis hermanos, 

                en medio de la asamblea te alabaré. 

                «Los que teméis al Señor, alabadlo; 

                linaje de Jacob, glorificadlo; 

                temedlo, linaje de Israel».   R/.

SEGUNDA LECTURA (Flp 2,6-11)

Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

CRISTO Jesús, siendo de condición divina, 

     no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; 

     al contrario, se despojó de sí mismo 

     tomando la condición de esclavo, 

     hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia,

     se humilló a sí mismo, 

     hecho obediente hasta la muerte, 

     y una muerte de cruz. 

Por eso Dios lo exaltó sobre todo 

     y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; 

     de modo que al nombre de Jesús 

     toda rodilla se doble 

     en el cielo, en la tierra, en el abismo, 

     y toda lengua proclame: 

     Jesucristo es Señor, 

     para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

La carta a los filipenses dirigida a la primera comunidad cristiana fundada por Pablo en Europa, tiene en este himno cristológico el eje de su mensaje, lleno de estímulos para la vida cristiana de todos y siempre. El apóstol se encuentra encadenado (Fil 1,7.14), fuertemente comprometido a vivir el misterio de los muertos y de Cristo resucitado, que está predicando. Él anhela conocer, el poder de su resurrección, participar en sus sufrimientos, cumplir con la muerte, con la esperanza de alcanzar la resurrección de entre los muertos. De los filipenses, ha aceptado repetidamente la ayuda material como una participación en su tribulación (Flp 4, 14-16) y se lo agradece. Pero mucho más quiere que sean participantes en su adhesión a Cristo, como ciudadanos dignos del evangelio (Flp 1,27) y como cristianos que viven en comunión (Flp 2,1-4). Por esta razón, la invitación que les presenta es inseparable del pasaje de hoy: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2, 5). También se aplica a nosotros hoy, como ciudadanos y como cristianos.

Puede ser que el propio Pablo sea el autor de esta composición rítmica. Pero lo más probable es que la tomó de la liturgia y la adaptó a sus intenciones. El patrón en dos partes simétricas es claro, uno descendente, kènosys y el otro ascendente, exaltación.

Con la kènosys, vaciado (vv. 6-8), Cristo desciende del trono más alto al abismo más profundo, por pasos vertiginosos. Al contrario de Adán, presuntuoso de ser como Dios, pasa de la verdadera «igualdad con Dios» a la «condición de siervo»; por lo tanto, de gobernante supremo a siervo obediente; en una obediencia no ordinaria, sino hasta la muerte; y una muerte no cualquiera, sino en la cruz, como hacía con los esclavos y los peores delincuentes …

Con exaltación (vv. 9-11), Dios lo hace subir todos los escalones. Todas las criaturas están involucradas y es consecuente a la aniquilación. Sobre todo, le da a Cristo un Nombre, es decir, una realidad y una misión sobre todas las demás; por lo tanto, le somete a todos los seres buenos y malos, en los cielos, en la tierra y bajo la tierra; y, en reconocimiento de su señorío universal, le da a cada persona la oportunidad de encontrar y vivir la gloria de la paternidad divina.

A continuación, Pablo señala a los filipenses algunas consecuencias prácticas, que también se aplican a nosotros si las actualizamos, relacionándolas con la vida en la sociedad y en la Iglesia de hoy.

Versículo antes del Evangelio

Cf. Flp 2,8-9

Puede emplearse alguna de las aclamaciones propuestas, y se dice antes y después del siguiente versículo

Cristo se ha hecho por nosotros obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó, sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

Para la lectura de la historia de la Pasión del Señor no se llevan cirios ni incienso, ni se hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Esta lectura la proclama el diácono o, en su defecto, el mismo celebrante. Pero puede también ser proclamada por lectores laicos, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo. 

Si los lectores de la Pasión son diáconos, antes del canto de la Pasión piden a bendición al celebrante, como en otras ocasiones antes del Evangelio; pero si los lectores no son diáconos se omite esta bendición.

EVANGELIO  (Mt 26, 14— 27,6

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?
Corista:
EN aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
«¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?».
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?
C. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?».
C. Él contestó:
+ «Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle:
“El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”».
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar
C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:
+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar».
C. Ellos muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro
S. «¿Soy yo acaso, Señor?».
C. Él respondió:
+ «El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. «¿Soy yo acaso, Maestro?».
C. Él respondió:
+ «Tú lo has dicho».

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre
C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió, lo dio a los discípulos y les dijo:
+ «Tomad, comed: esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Bebed todos; porque esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados. Y os digo que desde ahora ya no beberé del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre».
C. Después de cantar el himno salieron para el monte de los Olivos.

Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño
C. Entonces Jesús les dijo:
+ «Esta noche os vais a escandalizar todos por mi causa, por- que está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño”. Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro replicó:
S. «Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré».
C. Jesús le dijo:
+ «En verdad te digo que esta noche, antes de que el gallo cante, me negarás tres veces».
C. Pedro le replicó:
S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y lo mismo decían los demás discípulos.

Empezó a sentir tristeza y angustia
C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y dijo a los discípulos:
+ «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar».
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a sentir tristeza y angustia.
Entonces les dijo:
+ «Mi alma está triste hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo».
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieres tú».
C. Y volvió a los discípulos y los encontró dormidos. Dijo a Pedro:
+ «¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad».
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque sus ojos se cerraban de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo las mismas palabras.
Volvió a los discípulos, los encontró dormidos y les dijo:
+ «Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, enviado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:
S. «Al que yo bese, ese es: prendedlo».
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. «¡Salve, Maestro!».
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ «Amigo, ¿a qué vienes?».
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano y lo prendieron. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.
Jesús le dijo:
+ «Envaina la espada; que todos los que empuñan espada, a espada morirán. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. ¿Cómo se cumplirían entonces las Escrituras que dicen que esto tiene que pasar?».
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me prendisteis. Pero todo esto ha sucedido para que se cumplieran las Escrituras de los profetas».
C. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

Veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder
C. Los que prendieron a Jesús lo condujeron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver cómo terminaba aquello.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. «Este ha dicho: “Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días”».
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. «Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios».
C. Jesús le respondió:
+ «Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo».
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo:
S. «Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?».
C. Y ellos contestaron:
S. «Es reo de muerte».
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon diciendo:
S. «Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha pegado».

Antes de que cante el gallo me negarás tres veces
C. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó una criada y le dijo:
S. «También tú estabas con Jesús el Galileo».
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
S. «No sé qué quieres decir».
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que estaban allí:
S. «Este estaba con Jesús el Nazareno».
C. Otra vez negó él con juramento:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:
S. «Seguro; tú también eres de ellos, tu acento te delata».
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar diciendo:
S. «No conozco a ese hombre».
C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo afuera, lloró amargamente.

Entregaron a Jesús a Pilato, el gobernador
C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

No es lícito echarlas en el arco de las ofrendas, porque son precio de sangre
C. Entonces Judas, el traidor, viendo que lo habían condenado, se arrepintió y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos diciendo:
S. «He pecado entregando sangre inocente».
C. Pero ellos dijeron:
S. «¿A nosotros qué? ¡Allá tú!».
C. Él, arrojando las monedas de plata en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas de plata, dijeron:
S. «No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre».
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías:
«Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor».

¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Jesús respondió:
+ «Tú lo dices».
C. Y, mientras lo acusaban, los sumos sacerdotes y los ancianos no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. «¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?».
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía liberar un preso, el que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, dijo Pilato:
S. «¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?».
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia, Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él».
C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. «¿A cuál de los dos queréis que os suelte?».
C. Ellos dijeron:
S. «A Barrabás».
C. Pilato les preguntó:
S. ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?».
C. Contestaron todos:
S. «Sea crucificado».
C. Pilato insistió:
S. «Pues, ¿qué mal ha hecho?».
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. «¡Sea crucificado!».
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos ante la gente, diciendo:
S. «¡Soy inocente de esta sangre. Allá vosotros!».
C. Todo el pueblo contestó:
S. «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!».
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

¡Salve, rey de los judíos!
C. Entonces los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

Crucificaron con él a dos bandidos
C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a llevar su cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Si eres hijo de Dios, baja de la cruz
C. Los que pasaban, lo injuriaban, y, meneando la cabeza, decían:
S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
C. Igualmente los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también diciendo:
S. «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¡Es el Rey de Israel!, que baje ahora de la cruz y le creeremos. Confió en Dios, que lo libre si es que lo ama, pues dijo: «Soy Hijo de Dios”».
C. De la misma manera los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

«¿Elí, Elí, lamá sabaqtani?»
C. Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente:
+ «Elí, Elí, lemá sabaqtaní?».
C. (Es decir:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. «Está llamando a Elías».
C. Enseguida uno de ellos fue corriendo, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber.
Los demás decían:
S. «Déjadlo, a ver si viene Elías a salvarlo».
C. Jesús, gritando de nuevo con voz potente, exhaló el espíritu.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se resquebrajaron, las tumbas se abrieron y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que él resucitó, entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:
S. «Verdaderamente este era Hijo de Dios».
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirlo; entre ellas, María la Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

José puso en su sepulcro nuevo el cuerpo de Jesús.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Este acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en su sepulcro nuevo que se había excavado en la roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

Ahí tenéis la guardia: Id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:
S. «Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor estando en vida anunció: «A los tres días resucitaré”. Por eso ordena que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo:
“Ha resucitado de entre los muertos”. La última impostura sería peor que la primera».
C. Pilato contestó:
S. «Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis».
C. Ellos aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia.

Palabra del Señor.

© Conferencia Episcopal Española

Lectio

Mateo escribe el Evangelio para los judeo-cristianos, cuando, después de las primeras conversiones masivas, muchos se retiraban y la sinagoga se distanciaba de la Iglesia, mientras crecía la afluencia de los paganos. Él revela esta situación desde el principio (Mt 1-2), cuando presenta a Jesús de Nazaret, hijo de Abraham y David, generado por el Espíritu Santo, nacido en Belén según las Escrituras, buscado por los magos paganos, mientras que Herodes, tirano sangriento y celoso, hacía un complot para eliminarlo, cómplice de los sacerdotes y escribas, intimidado y plagiado. En la historia de la pasión, regresa para resaltar las actitudes de rechazo y descubrimiento de Jesús hasta su triunfo en la resurrección y el envío de discípulos en misión a todos los pueblos.

Traicionado, Jesús se entrega totalmente (Mt 26,14-30).

La historia comienza con la traición de Judas, indicada con el verbo «entregar» (paradidomes), el mismo usado por Jesús, al comienzo del capítulo, para anunciar a los discípulos que el Hijo del hombre «será entregado» para ser crucificado, coincidiendo con la Pascua judía. El verbo en forma pasiva utilizado por él tiene como sujeto a Dios, el Padre, y significa que «será dado» como un acto supremo de amor. Judas, por otro lado, afirma deshacerse del Maestro y significa que puede «traicionarlo». Dos formas opuestas de vivir la misma realidad, que a menudo se repiten.

Sin embargo, además de prever todo, Jesús sabe cómo mantenerse en la perspectiva completa del don y domina perfectamente los eventos a pesar de la maldad de los adversarios y la debilidad de los discípulos. Mientras celebra la Pascua judía, de hecho, desenmascara y deplora la traición, pero sobre todo instituye la Eucaristía, anticipando y haciendo perenne el don de sí mismo en la cruz.

La fuerza de Jesús y el apoyo a los discípulos (Mt 26,31-56)

En Getsemaní, Jesús se acerca al don supremo de sí mismo y trata de hacer que los discípulos sean conscientes de la crisis que están a punto de afrontar, anunciando a Pedro la fragilidad de su presunción, aunque bien intencionada. Luego muestra dónde encuentra la fuerza y ​​dónde ellos también pueden encontrarla: «Velad y rezad». Velando para hacer frente a la crisis y para el apoyo mutuo. Orar al Padre con total disponibilidad: «¡Pero no se haga mi voluntad sino la tuya!» No como yo quiera, sino como tú quieres.                                       

El contraste entre el don y la traición centrado en su persona hace que Jesús esté triste hasta la muerte. Pero él lo acepta y lo afronta con firmeza: «Aquí, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre será entregado (por el Padre enamorado)… Levántate, vámonos; he aquí, el que me traiciona se acerca «. Abre su corazón al mismo traidor: «¡Amigo, por eso estás aquí!», Es decir, por algo que niega la relación como amigo. Luego detiene la violencia inusual de los discípulos y dice que la de los adversarios es injusta y cobarde. Posteriormente, el remordimiento llevó a Judas a devolver el precio de la traición a los verdugos (Mt 27,3-10).

El Hijo de Dios condenado por el Sanedrín (Mt 26.57-75)

Reunidos en la casa del sumo sacerdote, el Sanedrín, en lugar de un juicio, compara con Jesús los principales cargos. Ocurre en la noche, por lo tanto, no es válido, y los miembros del sanedrín están inmersos en la noche del prejuicio y del odio, peor que los sumos sacerdotes y escribas interrogados por Herodes a la llegada de los magos (Mt 2). Buscan testimonios falsos sobre sus enseñanzas, con el propósito de declarado reo de muerte. Caifás es hipócrita al pedirle a Jesús que responda a dos falsos testigos que están de acuerdo en su afirmación de poder destruir el templo y reconstruirlo en tres días: él mismo está convencido de que los falsos testigos no son suficientes en una afirmación tan llena de significado religioso y profunda verdad. Luego pasa a una solemne petición: «Te ruego, por el Dios vivo» (Mt 26,63). Pero sigue siendo teatral e hipócrita. De hecho, él inmediatamente rechaza la respuesta afirmativa que Jesús, previamente callado, se siente obligado a dar a la autoridad. Resuena la acusación de blasfemia digna de muerte y desata el desprecio con salivazos y golpes.

En el contexto de este proceso religioso, Mateo informa las negaciones de Pedro, que son la pérdida de los testimonios necesarios a favor y que tienen causas, hoy como ayer, no solo por el odio y la arrogancia de los enemigos, sino también por su propio miedo, fragilidad y conveniencia.

El inocente Jesús juzgado por el despectivo y oportunista Pilato (Mt 27,1-26)

Para darle legalidad al proceso nocturno, los miembros del Sanedrín lo repiten brevemente tan pronto como se hace de día y «entregan» a Jesús a Pilato, pagano e invasor. La suya también es una «entrega» de la traición de Jesús y de ellos mismos, de su dignidad y autonomía a las más altas autoridades judías. Un arrebato de dignidad tiene el traidor. Pero Judas está abrumado por la desesperación.

Incluso el del gobernador no es un proceso, sino un regate despectivo e inteligente de responsabilidades. Le pregunta a Jesús si es «el rey de los judíos» Sin embargo, lejos de lo que los magos querían decir con esta expresión (cf. Mt 2,2). Lo ve todo en la perspectiva político-militar de Roma. Por lo tanto, no da peso a la respuesta afirmativa de Jesús y continúa con el sucio juego político de proponer el trueque con el sedicioso Barrabás. Pilato se libera, ante la furia asesina de sus adversarios y «entrega» a Jesús para que sea crucificado. Se proclama inocente, con el gesto teatral de lavarse las manos y al mismo tiempo lo azota para confirmar la licencia para matarlo.

¡El rey de las burlas es verdaderamente el Hijo de Dios! (Mt 27,27-54)

La ejecución capital desencadena un vómito de sentimientos de los jueces perversos. Los soldados de Pilato, con crueldad por la inscripción del motivo de la condena en la cruz, se burlan de Jesús poniéndole «ropas reales», una «corona de espinas» y con escupitajos. Los judíos y en particular los miembros del Sanedrín se burlan de él como reformador religioso, hacedor de milagros y Mesías, «Hijo de Dios».

Parece el final de todo, el triunfo de los impíos y el abandono de Dios. Jesús mismo experimenta este abismo en su humanidad y clama su súplica al Padre. Pero es el colapso de un mundo determinado y el comienzo de otro nuevo. Mateo señala esto al insertar detalles extraordinarios en este punto: la oscuridad sobre toda la tierra, el terremoto, el velo del templo desgarrado, las apariciones de muertos. Y muestra los primeros frutos del reconocimiento de los paganos al decir que, no solo el centurión, sino también aquellos que estaban con él afirman: «Verdaderamente este era Hijo de Dios».

Esperando la resurrección (Mt 27,55-66)

Los discípulos parecen haber olvidado el anuncio repetido de la resurrección al tercer día (Mt 16,21; 17,23; 20,19). Pero en su experiencia y en sus corazones tienen las premisas para darle la bienvenida. Mateo, como los otros sinópticos, en primer lugar, recuerda a las mujeres, que quieren continuar hasta el extremo el seguimiento y el servicio de Jesús comenzado en Galilea. En particular, María Magdalena y la otra María permanecen en el sepulcro incluso cuando todos se han ido. Son las mismas que, justo después del sábado, regresan y tienen el primer anuncio de la resurrección (Mt 28,1-7) y son las encargadas de conducir a los discípulos sobre sus pasos. Mientras tanto, José de Arimatea se limita al lamentable acto del entierro.

Aquellos que lo asesinaron recuerdan la profecía de Jesús, la califican como una impostura y se preocupan de que los discípulos no intenten hacerla pasar por verdadera, robando el cadáver. Advierten a Pilato, sellan la lápida y colocan a los guardias. Mateo agregará más tarde que después de haber excluido prejuiciosamente la resurrección, recurrirán al pago de testigos falsos para continuar negándola. Pero sólo la mala fe puede detener el poder del Cristo resucitado.

Meditatio

La obediencia a Dios permite que el Siervo (1ªL) y Jesús (Ev. y 2ªL) soportar la dolorosa sujeción a los hombres y su violencia. La fe del siervo Jesús parece una fidelidad tan radical a Dios y una solidaridad tal con los hombres que redime el mal con el bien. El relato de Mateo es principalmente cristológico: Jesús está en el centro de la narración como una figura hierática que domina los acontecimientos con la autoridad del Señor. Se anuncia la teología de la gloria de la narrativa joánica. El Cristo de la Pasión de Mateo es más parecido al majestuoso Cristo de los mosaicos bizantinos que al Jesús kenótico de la narrativa de Marcos. Él domina los eventos: la introducción a toda la historia lo muestra (el «título» de la pasión de la mañana: Mt 26,1-2). Jesús sabe a lo que se enfrenta y lo dice: a la luz de este conocimiento, los esfuerzos de Judas y las conspiraciones de sus oponentes para arrestarlo se reducen. En verdad, lo que se logra en la pasión es el plan de Dios manifestado en las Escrituras: la correspondencia entre detalles triviales y textos bíblicos se convierte en una ocasión para que Mateo demuestre que la pasión tiene un fundamento metahistórico, es el cumplimiento dramático de la historia de Dios con la humanidad. La autoridad incomparable de Jesús se debe a su conocimiento y aceptación de la voluntad divina, en otras palabras, a su obediencia a las Escrituras. Siempre atento al cumplimiento de las Escrituras, Mateo está aún más atento al relato culminante del evangelio. El señorío que Jesús muestra (en particular con el que interviene para dar una idea de los acontecimientos, para amonestar y corregir, va acompañado de su obediencia: él es el Siervo del Señor, el Justo, es decir, el que no persigue su propia voluntad, sino la del Padre. Jesús es el Hijo de Dios, una expresión que no indica una identidad de la naturaleza, sino una comunión total de voluntad y acción.

La dimensión eclesial de la pasión de Mateo se refleja en una presentación de los hechos iluminados por la fe en el Resucitado. Esta pasión es «una historia destinada a una asamblea de creyentes» (X. Léon-Dufour). La comunidad a la que se dirige el evangelio de Mateo, que necesita ser fortalecida en la fe y alentada en las hostilidades, parece, en su pobreza y pequeñez, recibir ese Reino de Dios (21.43) que es un tema básico del primer evangelio. La comunidad ahora abierta a los no judíos es la apertura universalista que connota a la comunidad cristiana. La pasión de Jesús es también un juicio sobre Israel, sobre todo sobre sus líderes religiosos, sacerdotes y ancianos (27,20): la expresión en boca de todo el pueblo está presente solo en Mateo: «¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!» (27,25), no es una fórmula de autoedición, sino solo de asunción de responsabilidad jurídica, y en el contexto de la historia, es lo que Pilato quería, quien asumió la responsabilidad del destino de Jesús (27,24). La expresión «sobre nuestros hijos» es una amplificación retórica que no puede significar una maldición que debe perpetuarse en la historia del pueblo de Israel: Mateo no está tan interesado en identificar quién es más culpable ante la muerte de Jesús, pero sí de mostrar que Jesús es el único Justo.

Finalmente, la muerte en la cruz de Jesús es narrada por Mateo en una manera teológica, no como una crónica: los signos teofánicos que la acompañan (terremoto, apertura de sepulcros, resurrección de los santos muertos, su entrada en la ciudad santa, etc) anticipan lo que sucederá en el fin del mundo. Así, Mateo dice que la muerte de Jesús constituye el evento culminante y decisivo de la historia: ya es el cumplimiento de la historia. Este texto, que solo se encuentra en Mateo, habla de la resurrección de Jesús en el momento mismo de su muerte, y muestra que la narración de la pasión es la revelación de un misterio, el misterio de la historia de la salvación.

Contemplatio

Cómo vivir la semana santa

La bendición de las palmas, de las cuales este domingo toma su nombre, y la procesión que siguió quieren evocar la entrada de Jesús en Jerusalén y la multitud que va a su encuentro festivo y alegre.

Quizás nuestra procesión parece un poco pobre en comparación con lo que debería recordar. Sin embargo, lo importante no es tomar las palmas y los ramos olivos en la mano y dar unos pasos, sino expresar la voluntad de comenzar un viaje. De hecho, esta escena, que quisiera ser entusiasta, no tiene valor en sí misma: más bien asume su significado en el conjunto de eventos posteriores que culminarán en la muerte y resurrección de Jesús. Por lo tanto, contiene una pregunta que también es una invitación: ¿quieres moverte y seguir los pasos de Jesús entrando en Jerusalén hasta el calvario? ¿Quieres ver dónde terminan los pasos de tu Dios, quieres estar con Él donde Él está? Solo de esta manera la alegría de la Pascua será tuya.

Entramos por lo tanto con el Domingo de Ramos en la Semana Santa, también llamada Semana Mayor. Porque, como dice San Juan Crisóstomo, «nos han ocurrido bienes infalibles: terminó la larga guerra, se extinguió la muerte, se canceló la maldición, se eliminaron todas las barreras, se suprimió la esclavitud del pecado. En ella, el Dios de la paz lo ha pacificado todo, tanto en el cielo como en la tierra».

Por lo tanto, será una semana en la que rezaremos, en particular por la paz en Jerusalén y, también nos preguntaremos sobre las condiciones profundas para lograr la paz real en Jerusalén y en el resto del mundo.

La liturgia de hoy es, por lo tanto, un preludio de la Pascua del Señor. La entrada a Jerusalén comienza la hora histórica de Cristo, la hora hacia la cual tiende toda su vida, la hora que está en el centro de la historia mundial. Jesús mismo dirá esto poco después a los griegos que, al enterarse de su presencia en la ciudad, piden verlo: » Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre será glorificado» (Jn 12, 23). Gloria que brillará cuando atraiga a todos hacia él desde la cruz.

(Carlo Maria MARTINI, Conociendo al Señor Resucitado , San Paolo, Cinisello Balsamo, 2009, 159-160).

Oratio

Tu rostro, Señor Jesús, es el rostro del Dios de la humildad que nos ama para desvestirnos, hasta el punto de hacerse pobre entre nosotros.

Tu cara es la cara de nuestro dolor de nuestra soledad, de nuestra angustia, de nuestra muerte que querías tomar porque ya no estábamos solos y desesperados.

Concédenos que aprendamos a reconocer esta desconcertante revelación de tu omnipotencia, la omnipotencia de aquellos que aman hasta el punto de compartir el sufrimiento, hasta el punto de ser crucificado por nuestro amor.

Enséñanos lo que significa amar como tú nos amas, aceptar en silencio para participar en tu misterio de pasión y muerte y disfrutar contigo y en tu la alegría de la victoria total sobre la división, sobre el pecado y la muerte.

Actio

¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

La intención general del apostolado de la oración del Papa para el mes abril es: “Liberación de las adicciones”.

Universal: Recemos para que todas las personas bajo la influencia de las adicciones sean bien ayudadas y acompañadas. 

Intención personal: Trataré de mirar a mis hermanos más cercanos de la familia, de ayudarles cuando estén enfermos y les surja alguna necesidad.

Intención comunitaria: Por los miembros de nuestras pequeñas comunidades que sufren abandono o cuando están enfermos, y hayan perdido un ser querido, para que surja en nosotros ese deseo de ayudarles.

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