Lectores 6

Generalidades

No cambiar las palabras. Leer tal y como aparece en el leccionario. Lo escrito en ROJO no se debe leer.

El ambón es el sitio propio del lector. El ambón es para ser utilizado para la Palabra proclamada. (Introducción al Leccionario para la Misa #31, 33).

Hacer pausa o disminuir la velocidad es valido si se quiere resaltar alguna expresión. No todo se dice a la misma velocidad. Los registros de voz están asociados con lo que se dice o con la intención comunicativa.

Las pausas sirven como espacio de meditación y para respirar.

La Palabra se proclama.

El primero en escuchar y entender el mensaje leído es el lector. Él es emisor y receptor a la vez. 

Evitar bajar el tono al final de las frases. Al contrario, subir un poco el tono al final evita que se pierdan las últimas sílabas.

Los lectores deben ser hombres y mujeres católicos con testimonio de vida cristiana.

Llegar temprano. Así se podrán ubicar y repasar las lecturas.

El Leccionario no se debe levantar. Permanece sobre el ambón.

Mientras el lector cumple su función, la asamblea debe respetar la silla del lector que ha estado vacía.

Conocer muy bien la estructura del leccionario.

No se trata de un simple acto de lectura pública. Se trata del paso de un mensaje sagrado al pueblo de Dios.

Desde el ambón no se debe leer ningún otro mensaje: cantos, avisos parroquiales, invitaciones a la comunidad, colectas, rifas, etc.

Las lecturas se deben tomar del leccionario y no de hojas sueltas.

Según OLM 20-21 el salmo debería ser cantado.

Al terminar la lectura mirar a la asamblea. Y después de una pausa decir palabra de Dios. Esperar la respuesta de la asamblea y retornar despacio al sitio de origen.

Un buen lector de textos o artículos académicos no necesariamente es un buen lector de la palabra. En el segundo prima la vivencia del Evangelio, pues él conoce las verdades reveladas.

Se lee por un compromiso personal con Dios.

El lector de la Palabra no nace en la vida académica. Nace en su experiencia de fe.

Leer con calma. Despacio, pausado.

La evangelización no se hace “de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces (E.N. #20)

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