No al miedo, sí a la Gracia

No al miedo, sí a la Gracia

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Cada día, cada momento es una oportunidad de gracia y bendición. Cada encuentro con las personas es una oportunidad para comunicar la gracia de Dios. Tú y yo estamos destinados a ser canales, instrumentos a través de los cuales Dios derrama sus bendiciones en la vida de las personas. Sin embargo, a menudo dejamos que el miedo se interponga en el camino y evitamos que esas bendiciones lleguen.

Cuantas ocasiones en las que hemos querido acercarnos y abrazar a alguien, pero por temor a su reacción nos contuvimos. Hemos sentido la necesidad de decir a alguien que oramos por él o ella, pero por temor a lo que pudieran pensar, me les dijimos nada. Ese miedo ha contenido tantas bendiciones, nos ha impedido ser transmisores de la gracia de Dios que habría sido nuestra colaboración con el Creador.

Los padres

Mamá, papá, se os ha dado un regalo extraordinario no solo al traer una nueva vida al mundo, sino para amar a ese niño, para aprender a amar a través de ese niño, para enseñarle a amar al niño. Habéis sido colocados como un cabezas, la autoridad sobre ese niño, no para imponer vuestra voluntad, sino para guiar a ese niño en todos los aspectos de la vida. Y de muchas maneras habéis fallado.

No es que seáis unos malos padres, todos cometemos errores en la experiencia de aprendizaje de por vida que es la paternidad y la maternidad. Sin embargo, sin importar la edad de vuestros hijos hoy, podéis aprender a ser un mejores padres, mejores guías, especialmente cuando se trata de Dios.

¿Cuántas veces al día piensas en tus hijos? ¿Con qué frecuencia rezas por ellos? ¿Con qué frecuencia les dices que los amas? ¿Con qué frecuencia los bendices?

Padres, sois la primera imagen de Dios con la que vuestros hijos se encuentran. El primer amor, ternura, misericordia, alegría que experimentan es el vuestro. Aunque vuestro hogar no sea el lugar ideal para que aprendan estas cosas, la gracia de Dios puede brillar incluso en circunstancias adversas. Pero si no estamos abiertos a ello, no cooperamos con Él, no permitimos que fluya en nosotros y a través nuestro, no podemos hacer llegar su gracia a los demás.

«La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió» (Jn 1,5)

Esposos

Cuando os casasteis, ¿os disteis cuenta de en qué os estabais metiendo? Las imágenes románticas de caminar de la mano por una playa de arena mientras el sol se pone y las olas rompen suavemente en la orilla no tienen que desvanecerse por completo, pero una vez que la realidad toma carta de ciudadanía y las dificultades de la vida de casados llegan a casa, os dais cuenta que en el matrimonio no todo es placer y diversión.

El matrimonio, a menudo, es una lucha y eso se debe a que os habéis comprometido mutuamente, no solo para haceros felices, sino para amaros totalmente y llevaros al cielo el uno al otro. Esa es una gran responsabilidad. Y por supuesto, os enfrentareis a vuestras propias resistencias. Sin embargo, no estáis solos.

El punto central de la Eucaristía es que Él está presente en vuestro matrimonio. Mientras pronunciabais vuestro sí de compromiso, os llenabais de una gracia santificadora. Esta poderosa gracia vivificadora es la que hace posible amar a esa persona incluso cuando las cosas no van bien entre ambos. La gracia te permite no solo superar esos difíciles momentos de desilusión, sino también transformarlos en oportunidades de bendición.

«Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5)

¿Cuántas veces has orado por tu cónyuge? ¿Cuántas veces has orado con tu cónyuge? ¿Cuántas veces has extendido la mano y hecho la señal de la cruz en su frente o has puesto tus manos en su cabeza y le has bendecido?

Tu vocación es ser una bendición para tu cónyuge.

Debes ser la presencia de Dios para tu cónyuge. Estás destinado a guiarlo a Dios. No permitas que las dificultades del matrimonio te impidan ser un recipiente de la gracia de Dios para tu cónyuge.

Sé que cuando tenéis una pelea, piensas que lo último que quieren escuchar es:  «Eh, vamos a orar».  Ser cristiano significa ir contracorriente. Es un estilo de vida contracultural y algunas veces te sentirás raro. Permite que Dios abrace a tu cónyuge en su amor. Permite que su misericordia se manifieste a través de ti. Después de todo, el matrimonio se trata de eso.

Compañeros de trabajo

El lugar de trabajo está, por regla general, desprovisto de gracia. ¿Por qué? Porque nos quejamos constantemente y hablamos negativamente de las personas con las que trabajamos todos los días. Podrías pensar que te estás desahogando. Pero en realidad, lo que estás haciendo es maldecir a tus compañeros de trabajo y haciendo un infierno de vuestras vidas.

Piensa: ¿qué pasaría si en lugar de quejarme de mis compañeros de trabajo yo orara por ellos? ¿Qué pasaría si cada día me despertara entusiasmado con las oportunidades que se abren para ser un instrumento de gracia para mis compañeros de trabajo y ellos para mi? ¿Qué pasaría los saludara con una sonrisa? ¿Qué pasaría si al final de la jornada de trabajo les diera una bendición al marcharme?

Así es como el lugar de trabajo se vuelve sagrado.

No significa que deba establecer una sesión de lectio divina durante la hora del almuerzo, aunque sería genial. Al afrontar la jornada laboral como una oportunidad para compartir el amor y la misericordia de Dios con los compañeros de trabajo, te conviertes en un faro de luz, no solo para parecer bueno ante sus ojos, sino para irradiar la luz de Dios sobre ellos.

No te preocupes por lo que piense la gente o lo que dirán sobre ti. Sé tu «la luz del mundo» que, por el bautismo, estás destinado a ser. Tu fe en Dios no solo debe transformar tu vida, sino la vida de quienes te rodean. Si tu luz está debajo de una caja o debajo de la mesa camilla, no va a brillar. No va a iluminar la habitación.

Imagina cómo tu alegría podría tocar la vida de un compañero de trabajo que está deprimido. Piensa cómo tu escucha podría influir en el que ha sufrido la pérdida de un ser querido… Las posibilidades son infinitas. Dios puede obrar en ti y a través de ti en las vidas de tus compañeros de trabajo de más formas de las que puedas imaginar. Pero tienes que estar abierto a su gracia.

Estos son solo algunos ejemplos de la forma en que puedes ser una bendición para los demás. Todo comienza en la familia, por eso he puesto ejemplos de los padres y los esposos. Sin embargo, la familia extendida (amigos, compañeros…) también es importante. No hay límites para que Dios pueda trabajar a través de ti. Cuando te abres a su gracia, Él te llevará a lugares que nunca imaginaste. Y Él tocará la vida de los demás a través de ti, si lo dejas.

Esa voz dentro de tu cabeza que trata de convencerte de no amar, de no orar por los demás, de no bendecir a otros, ése es el enemigo. Susurra sus mentiras todo día y noche. Solo cuando dejes de lado el miedo y sigas tu fe, confiando en la guía de Dios, experimentarás lo que es ser «la luz del mundo».

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