PARROQUIA ABIERTA A LA MISIÓN

4.- HACIA UNA PARROQUIA ABIERTA A LA MISIÓN EVANGELIZADORA

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 4.1.       Explicación

Recordábamos al comienzo, con palabras de la Evangelii Nuntiandi, que la vocación propia de la Iglesia y su identidad más profunda consiste en evangelizar (EN, 15). El objetivo pues, y la razón de ser de la comunidad cristiana no está dentro sino fuera de sí misma. No existe para sí sino para que los hombres y mujeres experimenten la fuerza de salvación que es el Evangelio.

Esto significa que la comunidad parroquial no puede permanecer replegada sobre sí misma, sino que ha de abrirse al mundo concreto donde está enraizada y donde las gentes viven sus luchas, gozos y sufrimientos. No puede encerrarse dentro de sí pues está llamada a acoger las aspiraciones y esperanzas de salvación de las gentes. Incluso, en los esfuerzos de autoevangelización debe estar presente la tensión hacia fuera y la conciencia de misión.

En su conjunto, la actividad de las parroquias se nos presenta hoy muy centrada en los servicios internos y la atención a los participantes, con una falta notable de dinamismo evangelizador hacia fuera.

Por lo general, nuestros proyectos pastorales y nuestra acción parroquial no contemplan ni tienen como horizonte inmediato a personas alejadas o ámbitos y sectores profundamente descristianizados que van quedando al margen de la parroquia, sin que apenas nos hagamos un planteamiento práctico de cómo llevar hasta allí la presencia salvadora del Evangelio.

Incluso cuando funcionan bien y llegan a ser comunidades donde los practicantes maduran y celebran su fe con dignidad, bastantes parroquias se podrían preguntar si son realmente centros de penetración evangelizadora desde donde se anuncia y se hace cada vez presente la fuerza transformadora de Jesucristo en la sociedad.

Nuestras parroquias han de abrirse decididamente a una evangelización estrictamente misionera. En una sociedad en vías de progresiva descristianización, su misión no puede reducirse a mantener la fe de los practicantes y acompañarlos en sus deberes cristianos. Las parroquias han de descubrir su vocación precisa en esta sociedad que se va alejando de la fe. O se convierten en comunidad netamente misionera o progresivamente irán perdiendo su valor.

Tal vez, la falta de experiencia, el desconcierto inicial o la debilidad de nuestras fuerzas no nos permitan dar inmediatamente pasos espectaculares. Pero lo importante es ver hacia dónde debemos de caminar.

«La Iglesia es universal por vocación y por misión» (EN, 62). No queremos olvidar que el horizonte de la misión evangelizadora es universal.

La apertura misionera de la parroquia quedaría desnaturalizada si cada parroquia no se sintiera responsable, junto con las demás comunidades de la Iglesia diocesana y la Iglesia universal, del anuncio del Evangelio en el mundo entero. De múltiples maneras habrá de hacerse presente en el esfuerzo de apoyar la extensión de la Iglesia en todos los frentes y por todos los pueblos. Esta sensibilidad a la misión universal nos puede urgir más a asumir nuestro propio compromiso misionero aquí.

4.2.       Líneas de acción

  • Despertar y alimentar la conciencia de misión
  1. Creemos urgente desarrollar en el interior de las parroquias «el dinamismo apostólico del Pueblo de Dios» (AA, 1) despertando la conciencia de misión en las personas y los grupos y desencadenando un cambio de orientación de estructuras y actividades hacia la misión estrictamente
  2. Para ello, vemos necesario ir elaborando y desarrollando poco a poco en cada parroquia un proyecto misionero que nos ayude a superar planteamientos de carácter puramente sacramentalista o catequético y nos haga caminar hacia lo Cada vez son más las parroquias que elaboran planes, proyectos o programas pastorales. Creemos necesario introducir en todo este esfuerzo una preocupación misionera más vigorosa: detectando mejor a quienes en concreto se siente enviada la parroquia, concretando acciones dirigidas directamente a sectores o ámbitos alejados, desarrollando todo lo que nos lleve a la vida y problemas de la gente, suprimiendo lo que resulta superfluo o contraproducente para la acción evangelizadora, purificando lo que es antitestimonio evangélico…
  3. Es urgente despertar y potenciar mucho más la vocación misionera o apostólica de los seglares en todos los procesos catequéticos, catecumenados y No hemos de olvidar que «la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es vocación también al apostolado» (AA,2). Todo proceso catequético debe pretender conseguir verdaderos evangelizadores de la fe. En todas las etapas de la formación ha de estar presente la sensibilidad hacia la misión. Desde este criterio se hace urgente revisar procesos, métodos, enfoques, clima grupal,…
  4. Es necesario impulsar mucho más el anuncio y la irradiación personal de la fe, recordando que «el apostolado que se desarrolla individualmente… es el principio y fundamento de todo apostolado seglar, incluso, asociado; y no puede ser sustituido por éste» (AA, 16). Muchos de los seglares comprometidos en nuestras parroquias conviven con familiares, amigos y vecinos increyentes. Hay que descubrirles su responsabilidad misionera y animarlos a que su contacto personal con los demás sea cauce de anuncio evangelizador. «En el fondo, ¿hay otra forma de comunicar el evangelio que no sea la de transmitir a otro la propia experiencia de fe?» (EN, 46).
  5. En esta línea hemos de promover más explícitamente el valor del testimonio de vida personal, grupal y comunitario, sin olvidar que pertenece siempre al contenido mismo de la acción evangelizadora. Un testimonio y estilo de vida que no coincide con los criterios y comportamientos habituales en la sociedad (austeridad, solidaridad, reacción ante las injusticias, servicialidad, alegría interior, esperanza,…) y que ha de ser exigido, sobre todo, a quienes toman parte más activa en los proyectos, celebraciones y actividades de la «A través de este testimonio sin palabra, estos cristianos hacen plantearse a quienes contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por que son así? ¿Por qué viven de esa manera? ¿Qué es o quién es el que los inspira?» (EN, 21).
    • El desplazamiento a la vida
  6. Creemos que muchas parroquias, excesivamente centradas en su propia experiencia y funcionamiento, han de iniciar un esfuerzo profundo de desplazamiento a la vida. Hemos de redescubrir la experiencia humana, la vida de las gentes, los problemas del pueblo, como lugar propio donde crece y ha de crecer el Reinado de
  7. Para ello, es necesario potenciar todo aquello que ayude a la parroquia a mirar hacia fuera, sensibilizándose más a la situación y la vida concreta de las gentes. De manera particular, las comisiones, juntas, Consejos Pastorales, han de estar más atentos a lo que se vive, se piensa, se goza y se sufre entre nosotros, siguiendo la vida, los acontecimientos y los problemas de las personas, sin quedarse siempre en los problemas y la organización interna de la parroquia.
  8. Esto exige detectar y analizar la realidad humana del No pensamos en un puro análisis sociológico o un juicio moral. Se trata de mirar la realidad «con ojos de evangelizador», detectando la ausencia del Reino de Dios, escuchando llamadas concretas a la conversión, descubriendo dónde nos hemos de hacer presentes, dejándonos evangelizar por los pobres, etc. En esta línea, creemos necesario potenciar más en los grupos y las actividades parroquiales una lectura creyente de la vida, discerniendo la vida desde el Evangelio e interrogando al Evangelio desde la vida (v.g. el método y la actitud de la revisión de vida).
  9. Consideramos indispensable desarrollar un estilo de parroquia acogedora donde todos puedan encontrarse como en su Ello exige cuidar la acogida amistosa, desinteresada y cálida a todo el que se acerque, dejando siempre en segundo término los aspectos burocráticos o administrativos.
  10. En esta línea se impone también en bastantes parroquias un esfuerzo de realismo y sencillez. A muchas parroquias se les pueden hacer demasiado complicados nuestros planteamientos, lenguaje, organización y Parece necesario dar un tono más sencillo a los encuentros; hablar de la vida concreta y no de nuestras racionalizaciones; pedir la aportación de la experiencia cristiana y no sólo ideas; plantear cuestiones que se puedan contestar desde la vida y no desde los libros; emplear un lenguaje más accesible y normal; valorar los pequeños compromisos de la gente.
  11. Hay que desarrollar más instrumentos y medios de comunicación y presencia que hagan llegar la experiencia y la vida de la comunidad parroquial al mayor número posible de hogares y personas (información, convocatorias, llamadas,…). Saber hacerse presentes en la actividad ciudadana y popular (fiestas, acciones de barrio, marchas de solidaridad, actos por la paz, manifestaciones diversas,…). Penetrar en el barrio o la zona a través de una red de cristianos comprometidos a informar, comunicar y enlazar con la parroquia (agentes de Cáritas, pastoral sanitaria, enlaces de portal).
  12. En la vida y planteamientos pastorales se ha de tener más en cuenta a «la persona en situación», es decir, atender más al medio concreto en el que viven y desarrollan su actividad diaria (fábrica, ambientes juveniles, barrio, situación de jubilación, paro, separación matrimonial, clima de «deseducación televisiva»…)
  13. Hemos de cuidar que en la celebración litúrgica, sobre todo dominical, resuene la vida real que se está viviendo en la calle: que la oración nazca de las diferentes experiencias de las personas, las familias y los pueblos; que la llamada a la conversión se haga desde las injusticias y pecados concretos de hoy; que el Evangelio ilumine y juzgue la vida ..

4.3.       Actitudes

  1. Recuperar la vocación apostólica

-Diversos factores nos han podido retirar total o parcialmente del compromiso evangelizador. Hemos de recuperar la conciencia de que somos enviados por Dios a la sociedad actual para su evangelización. No es sólo una responsabilidad a asumir. Es un don que se nos hace y hemos de acoger con gozo.

Los sacerdotes corren el riesgo de ir reduciendo su ministerio al cumplimiento de una función. Recibido el nombramiento, van cumpliendo su tarea de párroco o coadjutor, y, suficientemente ocupados por su trabajo, pueden olvidar la llamada radical a la evangelización. Con los años, diversas experiencias de fracaso, resistencias y dificultades los pueden llevar a la tentación de «estrechar, bajo distintos pretextos, el campo de acción misionera» (EN, 50). Los curas una parroquia o sector han de sentirse, antes que nada, un equipo evangelizador y misionero.

Los religiosos no han de olvidar, por su parte, que están llamados a evangelizar hoy esta sociedad, desde su peculiar modo de seguir radicalmente a Jesucristo. Por ello, «toda su vida religiosa ha de estar saturada de espíritu apostólico, y toda su obra apostólica ha de estar animada por el espíritu religioso» (PC, 8).

-Todavía son muchos los seglares que entienden su bautismo y su fe como un camino o medio de salvación personal no como una vocación que nos urge a desarrollar una misión en el mundo. Las parroquias ayudarán a descubrir esta  vocación apostólica si saben promover y proponer a los fieles no sólo prácticas religiosas, morales y caritativas, sino también compromisos y acciones tendentes a anunciar y hacer presente la fuerza del Evangelio en el mundo.

  1. Estimular la apertura misionera

-La actitud misionera exige que superemos en el interior de los grupos y actividades parroquiales la nostalgia de tiempos pasados y el deseo de restaurar un estilo de parroquia que no respondería hoy al servicio de la evangelización.

-Hemos de liberarnos también de actitudes defensivas, de la búsqueda de refugio en el interior de la parroquia o del espíritu de «ghetto» que nos distancian del mundo moderno, nos ponen de espaldas al hombre actual y nos impiden ser levadura en medio de la sociedad.

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