Parroquia acogedora que vive el Evangelio

1.- Hacia una Parroquia acogedora que vive el Evangelio

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1.1.       Explicación.

  • Comenzamos recordando un principio esencial enunciado por la Evangelii Nuntiandi: «Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor… La Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizadora, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el evangelio…» (EN, 15).

Evangelizar es actualizar o reproducir hoy la experiencia humanizadora, liberadora, transformadora, salvadora que comenzó con y en Jesucristo. Dicho de otro modo, hacer presente hoy en la vida de las personas, en la historia de los pueblos, en el tejido entero de la convivencia social, esa fuerza salvadora que se encierra en la persona y el acontecimiento de Jesucristo.

Por eso, la acción evangelizadora hacia otros arranca siempre de la experiencia personal de salvación de Jesucristo vivida por uno mismo en el seno de la comunidad creyente. Así se realiza la evangelización: como una penetración de la fuerza salvadora de Dios en la historia de los hombres, a través de unos creyentes que han hecho o, mejor, están haciendo en su propia vida esa experiencia salvadora.

Es el evangelizador el primero que tiene que conocer por propia experiencia que Jesucristo es liberador y salvador y que el Evangelio encierra una fuerza transformadora y humanizadora. «El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez… Es impensable que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que, a su vez, da testimonio y anuncia» (EN, 24). La evangelización es siempre expansión, irradiación, comunicación de la experiencia de salvación que vive un creyente o, mejor, una comunidad de creyentes.

  • Estamos convencidos de que, por muchos cambios que se introduzcan en el trabajo y la estructura pastoral, nuestras parroquias no tendrán más fuerza evangelizadora si en su interior no hay una experiencia más viva de lo que es acoger el Evangelio y convertirse a

El trabajo pastoral que observamos en nuestras parroquias responde, a veces de manera inconsciente, a una determinada concepción de parroquia (v.g. como centro de servicios religiosos, lugar de culto, familia cristiana, etc.). Creemos que en estos momentos hemos de entender y promover la parroquia, sobre todo, como una comunidad donde es posible hacer hoy la experiencia del Evangelio. Es decir, una comunidad donde se lleva a cabo la evangelización intensiva de unos creyentes dispuestos, a su vez, a vivir como testigos de la fe en medio de la sociedad.

Cuando en la parroquia falta esta experiencia de Evangelio, los riesgos que se siguen son evidentes: el trabajo pastoral se convierte fácilmente en actividad profesional; la liturgia, en ritualismo vacío; la acción caritativa, en servicio social o filantrópico. La parroquia no puede anunciar y difundir la salvación cristiana como Buena Noticia, es decir, como algo bueno  y verdadero, si en su interior no se tiene esa experiencia evangélica.

Por eso, no hay contradicción entre lo que suele llamarse evangelización hacia el exterior y evangelización hacia el interior. Al contrario se exigen mutuamente. La autoevangelización en el interior de la parroquia es parte esencial y absolutamente indispensable para poner en marcha una nueva evangelización en nuestro país.

 

1.2.       Líneas de acción

  • El cultivo de la experiencia cristiana
  1. La verdad evangélica de nuestras parroquias pasa por una renovación de la experiencia Lo que falta entre nosotros no es tanto la repetición del mensaje evangélico cuanto la experiencia del encuentro con el misterio cristiano. Creemos, por ello, urgente en la comunidad parroquial el cultivo mayor de todo aquello que puede alimentar el espíritu y la vivencia cristiana.
  2. Después de estos años de renovación litúrgica posconciliar, creemos llegado el momento de imprimir más hondura a nuestra celebración para superar todo lo que sea pura costumbre, inercia o mero cumplimiento de un deber. Una celebración viva de liturgia (eucaristía, sacramentos) va creando poco a poco un estilo de comunidad más consciente de su fe, más gozosa y más capaz de testimonio
  3. Hemos de cuidar de manera particular la Eucaristía como el corazón de la comunidad evangelizadora, «fuente y culmen de toda evangelización» (PO, 5). Para ello creemos necesario: promover de nuevo una catequesis más profunda de la Eucaristía a toda la comunidad; estimular no sólo la participación litúrgica que establece una relación horizontal entre los participantes (entre asamblea y presidente; entre lector y oyentes; entre fieles entre sí,…) sino también, y sobre todo, una comunicación con Dios Padre que nos ofrece su salvación en Cristo su Hijo por la acción del Espíritu. No ignoramos que la actuación del presbítero es decisiva a la hora de preparar la celebración, animar la asamblea y presidir la
  4. Nuestras parroquias han de cuidar con más esmero la celebración cristiana del domingo, única experiencia que sostiene y aumenta habitualmente la fe de Cada domingo la parroquia ha de anunciar y celebrar incansablemente su esperanza en el Resucitado. Para ello es necesario desarrollar la pastoral del domingo, a través del año litúrgico, en todas sus dimensiones: día del Señor resucitado (alegría, paz); día de la asamblea cristiana (acogida, encuentro, comunión); día de la Eucaristía (celebración, fraternidad); día de la Palabra (predicación, escucha); día del descanso (fiesta, esperanza)
  5. Por lo general, es muy poco e insuficiente lo que se hace en las parroquias para enseñar a los creyentes a orar. Estos últimos años se han ido suprimiendo, sin ser debidamente sustituido, triduos, novenarios y devociones diversas que, en otros tiempos alimentaron la vida cristina del Por otra parte, bastantes cristianos sienten hoy la necesidad de silencio, oración, encuentro con Dios. Creemos que las parroquias han de convocar más para encuentros de oración; ofrecer posibilidades a los fieles para encontrarse con Dios y escuchar su Palabra en silencio; celebrar el sacramento de la reconciliación; enseñar prácticamente caminos de oración…
  6. Consideramos urgente cuidar con más atención la vida interior de los agentes de pastoral (oración, encuentros de fe, escucha del evangelio, formación, estilo de ..). Bastantes de ellos, desbordados por una actividad excesiva, cogidos en la rueda de compromisos, reuniones y tareas diversas, privados de verdadero alimento para su vida interior, se pueden ir convirtiendo poco a poco en funcionarios más que en testigos de la fe. Suprimir la oración y la contemplación de nuestro trabajo pastoral no le da más eficacia sino que lo empobrece de raíz.
    • Animación interior del trabajo pastoral

Al mismo tiempo que vamos introduciendo cambios en nuestra pastoral, hemos de aprender a animarla interiormente y enriquecerla de espíritu evangélico.

  1. Para transmitir una doctrina son necesarias personas competentes y bien preparadas que conozcan el mensaje y sean capaces de transmitirlo de manera convincente. Para evangelizar es importante, además y sobre todo, que sean testigos, es decir, creyentes en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora, transformadora y salvadora que encierra el Evangelio cuando es acogido responsablemente por una persona o un
  2. Para propagar un mensaje con eficacia se necesitan medios de poder eficaz, plataformas de captación, técnicas de propaganda, pedagogía adecuada… Para evangelizar son decisivos e insustituibles los medios empleados por Cristo: solidaridad con los marginados y olvidados, acogida a cada persona, cercanía a las necesidades más vitales del hombre, crear fraternidad, promover el perdón y la reconciliación, ofrecer sentido a la vida y esperanza a la muerte.
  3. Para propagar eficazmente una doctrina se necesitan unas estructuras y una organización adecuada. Para evangelizar, lo decisivo es el testimonio y la calidad de vida evangélica que puede irradiar una Las estructuras y la organización son necesarias en la medida en que sirven para sostener y hacer operativo el testimonio.
    • Aprendizaje de la vida evangélica
  4. La parroquia ha de ser un lugar donde sea posible hacer la experiencia de seguimiento a Jesús y aprendizaje concreto de los valores evangélicos. Desde esta clave hemos de discernir todas las realidades pastorales: proyectos, asambleas, Consejo Pastoral, reuniones, actividades varias,…
  5. Queremos recordar que todo ese esfuerzo de educación en la fe hay que orientarlo no sólo a la adquisición de una mayor cultura religiosa o a una comprensión del hecho cristiano más acorde con la cultura moderna, sino, sobre todo, a la conversión al Evangelio y al aprendizaje de una vida más evangélica. Desde aquí hemos de revisar los diversos procesos catequéticos, verificar sus resultados y mejorar su orientación y metodología.

1.3.       Actitudes

  1. Conversión al evangelio

Lo primero que necesitan muchas parroquias es despertar su conciencia e iniciar un proceso de conversión al Evangelio. Es urgente ir caminando de una parroquia, entendida como una institución que abarca a la masa de ciudadanos registrados en nuestros libros bautismales, a una parroquia concebida como comunidad de convertidos al Evangelio, que han creído en Jesucristo, le aceptan como Salvador de su vida y se esfuerzan por vivir escuchando su Espíritu.

Esto nos exige ser más sensibles a «las zonas de increencia» que existen en el interior de la parroquia y en cada uno de nosotros; entender y vivir la parroquia como una comunidad en constante conversión; implicados en el trabajo pastoral en una actitud personal de conversión a Dios y de servicio liberador a los hermanos.

  1. Romper la inercia pastoral

El gran pecado latente en muchas parroquias es la inercia. No pensamos sólo en parroquias que no son capaces de superar esquemas, planteamientos y actuaciones que no responden ya al reto evangelizador de hoy. Pensamos también en parroquias que, pretendiendo crecer y renovarse, caen en un ritmo repetitivo en el que se funciona por cursos: se programa el año sin escuchar las exigencias siempre nuevas del Espíritu y se van cumpliendo las diversas actividades pastorales sin ahondar en la experiencia cristiana. Desde la inercia no es posible evangelizar.

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