Parroquia corresponsable

3.- HACIA UNA PARROQUIA CORRESPONSABLE EN LA ACCIÓN EVANGELIZADORA

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3.1.       Explicación.

«La Iglesia entera es misionera y la obra de la evangelización es un deber fundamental del Pueblo de Dios» (AG, 35). Por tanto, una Iglesia que quiera potenciar su fuerza evangelizadora ha de promover en su seno la corresponsabilidad.

Todos los miembros del Pueblo de Dios (laicos, religiosos y sacerdotes) son necesarios en la comunidad evangelizadora. Todos están llamados a ser miembros activos y responsables. Nadie ha de ser considerado sólo y exclusivamente miembro pasivo, objeto de la acción de los demás. De manera orgánica y diferenciada, según las diversas vocaciones, carismas y servicios, todos los miembros del Pueblo de Dios somos corresponsables de la totalidad de la misión de la comunidad cristiana.

En su conjunto, creemos que la acción pastoral que se realiza en nuestras parroquias está todavía pensada, dirigida y encauzada casi exclusivamente por los sacerdotes.

Es cierto que, durante estos últimos años, ha ido creciendo de manera muy notable la colaboración pastoral de los laicos. Muchos de ellos se han ido comprometiendo en diversas tareas y se han integrado en diferentes organismos pastorales. Pero, en bastantes parroquias, los seglares que colaboran activamente son todavía pocos, casi siempre los mismos, y los mismos para todo.

Por otra parte, incluso cuando se da esta participación de los laicos, la responsabilidad en los diferentes campos sigue casi siempre en manos de los sacerdotes.

Naturalmente, todo esto tiene graves consecuencias para impulsar la acción evangelizadora desde la parroquia. Por una parte, un gran sector de fieles se instala en la pasividad, sin sentir apenas responsabilidad alguna en la misión de la comunidad. Son cristianos «sin vocación evangelizadora». Por otra parte, los sacerdotes, en vez de ser estimuladores de las diversas vocaciones y servicios en el interior del Pueblo de Dios, siguen actuando muchas veces como los únicos responsables y ejecutores de casi todo, aunque tarde o temprano terminan limitando su trabajo y creatividad a las tareas más fundamentales de orden cultual y catequético. De esta manera, la parroquia se empobrece y va quedando vacía de fuerza evangelizadora.

Creemos que, para impulsar la evangelización hoy, nuestras parroquias han de pasar del clericalismo y la pasividad laical a la corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios.

Para precisar mejor el significado de este paso, queremos indicar que hay dos hechos que nos preocupan, de cara a la evangelización, al observar cómo se está llevando a cabo en estos momentos la incorporación de los laicos a tareas parroquiales.

Por lo general, los seglares se vienen incorporando sobre todo, a tareas y servicios internos de la comunidad, y no tanto en los diferentes ámbitos de la vida temporal. Nos preguntamos si no estamos retirando, de alguna manera, de su misión propia y específica en la vida familiar, laboral, cultural, política. No hemos de olvidar que, como dice la Evangelii Nuntiandi, «su tarea primaria e inmediata no es la instalación y el desarrollo de la comunidad eclesial -ésta es función específica de los pastores-, sino poner en práctica todas las posibilidades cristianas evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora es el mundo vasto y complejo» (EN, 70).

Por otra parte, observamos que muchos de estos seglares no logran traer al seno de la comunidad los problemas, preocupaciones y experiencias de su vida diaria en el mundo, sino que trabajan en su respectivo campo pastoral, como meros colaboradores del clero, sin aportar su propia experiencia seglar y perdiendo, incluso, identidad laical.

Hemos de desarrollar, por tanto, el nivel actual de responsabilización y participación laical, pero impulsando, sobre todo, su incorporación a tareas propiamente misioneras y de presencia evangelizadora en el mundo, y acogiendo más eficazmente la experiencia seglar en el seno de la comunidad parroquial.

3.2.       Líneas de acción

  • Promover la responsabilidad y participación
  1. Creemos necesario introducir en las parroquias un estilo y una pedagogía responsabilizadora con el objetivo de ir aumentando el número de cristianos capaces de plantearse con responsabilidad la misión evangelizadora de la

Los presbíteros, religiosos y laicos ya comprometidos hemos de trabajar cuidando de no «desresponsabilizar» al conjunto de la comunidad. Al contrario, nuestra tarea más importante hoy puede ser ayudar a otros a descubrir su vocación y sus posibilidades de servicio. Hemos de impulsar entre todos una verdadera «pastoral vocacional» en el seno de la comunidad, no sólo para suscitar vocaciones al ministerio presbiteral, la vida religiosa y el matrimonio, sino también para las diversas tareas y servicios de la vida cristiana.

  1. Hemos de cuidar mucho más la llamada al compromiso pastoral, evitando improvisaciones y ligerezas, presentando a personas concretas la posibilidad de colaborar en una tarea bien definida, ayudándoles a descubrir el valor evangelizador que encierra, acompañándolas y capacitándolas para aquel
  2. Creemos importante estimular más la formación por la acción. La persona descubre mejor su fe cuando se compromete en una acción catequética. El padre comprende mejor su propia responsabilidad cuando toma pare en una Asociación de Padres de familia o Padres de Se descubre mejor las exigencias del Reino cuando uno se compromete en la humanización del barrio. En bastantes parroquias que cuentan con charlas de formación y procesos educativos suficientes se deja sentir la falta de esta pedagogía activa.
  3. Se ha de ayudar a los seglares a descubrir campos nuevos de responsabilización, iniciándolos en tareas que han de pasar ya a manos laicales, g. acogida y preparación de novios, preparación de padres ante el Bautismo de sus hijos, animación de procesos catecumenales de jóvenes y adultos, etc. Pero, sobre todo, hay que ayudarles y animarles a encontrar campos de responsabilización más directamente evangelizadora en medio del mundo (campo familiar, mundo de la enseñanza, ámbitos de barrio, organización sindical, vida municipal, actividad política, etc.)
  4. Hemos de ir elevando también los niveles de responsabilización de seglares que están ya colaborando (v.g. de la catequesis infantil a la educación juvenil o evangelización en el tiempo libre; de labores de colaboración a tareas de dirección; de colaboración en la acción litúrgica a tareas de preparación de la celebración, ) Más que seguir realizando directamente toda clase de actividades, creemos que una de las tareas más importantes de los presbíteros es ir animando el crecimiento de esa responsabilidad laical.
    • La formación y capacitación de los laicos

No es posible hacer crecer seriamente la corresponsabilidad de los laicos y promover un cambio de su actitud evangelizadora si no se cuida debidamente su formación. Sólo con ella podrán muchos seglares, educados en otros tiempos y desde otras claves, adquirir personalidad, seguridad e iniciativa misionera.

Hay que cuidar, antes que nada, una formación básica cristiana y una actitud misionera fiel al espíritu y la eclesiología del Vaticano II. Son muchos los medios, grupos y procesos que se promueven actualmente. A nuestro juicio, en todos ellos se ha de cuidar e intensificar mucho más la educación de una verdadera personalidad cristiana laical y la formación para el compromiso o la presencia cristiana en el mundo. No hemos de olvidar que «el carácter secular es lo propio y peculiar de los laicos» (LG, 31) y que hay que «suscitar cada vez más cristianos que se dediquen a la liberación de los demás» (EN, 38).

Es necesario, además, seguir impulsando una capacitación pastoral especializada, necesaria absolutamente no sólo para tareas catequéticas, sino también para actuar adecuadamente en el campo litúrgico, pastoral de la caridad, mundo de los enfermos, tercera edad, droga, etc. donde no basta la buena voluntad.

Para potenciar esta formación laical creemos de vital importancia promover desde el arciprestazgo, sector, zona pastoral o diócesis, cursillos, escuelas, encuentros periódicos, intercambio de experiencias y cuantos servicios necesiten las parroquias.

  • Promover cauces de corresponsabilidad

La corresponsabilidad puede quedar bloqueada y reducirse sólo a buena voluntad si no se promueven cauces concretos de participación y corresponsabilidad. Creemos necesario seguir potenciando en las parroquias toda clase de instrumentos y cauces, por modestos que parezcan, orientados a estimular más la información a los fieles, las consultas, la comunicación y la participación progresiva en la maduración, elaboración y realización de los proyectos pastorales.

En esta línea, creemos que ha llegado el momento de impulsar decididamente la creación del Consejo Pastoral.  El objetivo prioritario de muchas parroquias puede ser el ir pasando ya de las juntas parroquiales, comisiones coordinadas, etc. a un verdadero Consejo Pastoral, representativo realmente de la comunidad, animador de la corresponsabilidad pastoral e impulsor de la acción evangelizadora. Para ello existen hoy en bastantes diócesis directorios y orientaciones de gran validez. Esta puesta en marcha de los Consejos Parroquiales, casi siempre difícil y trabajosa, puede ser el mejor aprendizaje de la corresponsabilidad.

Sería una equivocación pensar que el Consejo Pastoral y los demás cauces de corresponsabilidad nos son necesarios sólo para organizar un poco mejor lo que ya venimos haciendo y asegurar así un mejor funcionamiento interno. Por el contrario, nos han de servir, sobre todo, para ir despertando la conciencia misionera de la parroquia y ponerla de cara al mundo y a su tarea evangelizadora. En este sentido, la coordinación que hemos de promover no ha de consistir simplemente en yuxtaponer u ordenar las diversas iniciativas que surjan, sino en hacer converger todo hacia un proyecto misionero y unos objetivos comunes de acción evangelizadora.

Entre nosotros se ha avanzado poco en la encomienda de ministerios laicales o ministerios instituidos, no ordenados. Ciertamente estos ministerios no se improvisan de un día para otro. Antes de instituirlos ligeramente, creemos que las parroquias están llamadas en estos momentos a realizar un trabajo de preparación: capacitando a seglares para diferentes servicios determinados, dando mayor estabilidad e importancia a la encomienda, valorando públicamente el servicio de estos laicos ante la comunidad, configurando todo el trabajo parroquial desde un espíritu y un estilo ministerial.

3.3.       Actitudes

  1. Actitud de corresponsabilidad

No ignoramos que para impulsar la corresponsabilidad laical es decisiva la actitud de los presbíteros y, en particular, la del párroco al que el actual Derecho Canónico pide que «reconozca y promueva la función propia que compete a los fieles laicos en la misión de la Iglesia» (c. 529, 2). Los presbíteros y los religiosos han de descubrir el lugar que les corresponde en la comunidad cristiana, sin inhibiciones ni extralimitaciones, con sentido de complementariedad, reconociendo a los seglares como miembros activos y responsables, con pleno derecho en la acción evangelizadora. Esto exige, en concreto, superar la desconfianza inicial en ellos, renunciar a la tentación de rodearse sólo de personas adictas y dóciles, y centrarse cada vez más en suscitar, animar y madurar las diversas vocaciones laicales, implicando a todos en la responsabilidad.

Los seglares, por su parte, han de superar la pasividad y la inhibición, liberarse de sentimientos de inferioridad, acoger las diversas llamadas del Espíritu, preocuparse responsablemente de su formación, descubrir el valor de su aportación seglar y crecer en colaboración desinteresada a la tarea evangelizadora.

  1. Postura de diálogo

La falta de experiencia, el autoritarismo de algunos, el afán de protagonismo de ciertos grupos, las actitudes de tipo reivindicativo, etc., pueden bloquear el crecimiento de la corresponsabilidad si falta una actitud de diálogo abierto que consiste, fundamentalmente, en ofrecer cada uno nuestra propia aportación acogiendo honestamente la de los demás.

Este diálogo será más posible si, en vez de mirarnos unos a otros para enfrentarnos desde nuestras respectivas posiciones, miramos todos juntos al mundo actual y escuchamos sinceramente la llamada que hoy se nos hace a la evangelización.

El diálogo pastoral exige pasar del individualismo al trabajo en equipo; de la inhibición a la colaboración gozosa; del protagonismo al sentido del servicio; de la preocupación obsesiva sistemática y pesimista a la actitud constructiva y confiada del Espíritu.

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