Simeón y Ana

Simeón y Ana

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Cuando San José y la Virgen María fueron al templo para cumplir las obligaciones legales que implicaba el nacimiento de un primer hijo varón y los ritos de purificación de la madre, le salieron al encuentro dos personajes ancianos: Simeón y Ana. Estos personajes son a la par representantes del pueblo de Israel fiel a Dios, a quien se cumplen las promesas de salvación; y representantes del espíritu profético, en versión masculina y femenina como gusta hacer san Lucas, que da testimonio de la llegada de la salvación esperada largos siglos.

SIMEÓN significa “El que escucha”. De este hombre sólo sabemos lo que nos dice san Lucas en el

25 Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29 «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31 a quien has presentado ante todos los pueblos: 32 luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel». 33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35 —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Lo adornaban pues cuatro cualidades: cumplidor de la ley, religiosidad auténtica, lleno de esperanza en la redención que traería el Mesías y agraciado con la inspiración de Dios. Estas son las cualidades del profeta y del verdadero Israelita.

Estas cualidades y su capacidad de escucha le llevan a encontrarse con el Mesías y a reconocerlo en Jesús.

El hecho de que bendiga en el templo a la Sagrada Familia sugiere que era sacerdote, aunque no se afirma expresamente y su bendición no es “descendente” sino “ascendente”, es decir es una acción de gracias por la bendición recibida. 

Como profeta declara que la salvación que trae Jesús es para “todos los pueblos,” para “las naciones” , es decir para todos los hombres y producto de la fidelidad de Dios a las promesas hechas a su pueblo.

Su profecía se prolonga en las palabras que le dice a María en la que le anuncia su participación en el dolor redentor de Jesús, que con su mera presencia provoca un juicio de Dios sobre la humanidad ya que unos lo aceptarán por la fe y otros no.

ANA significa “(Dios) Tiene misericordia” De ella dice también san Lucas en el c. 2:

36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Se la llama, pues, expresamente “profetisa” y se la describe como una mujer entregada durante casi toda su vida al servicio del templo mediante la oración y el ayuno.

Su edad de 84 años (= 12×7) la presenta como el resumen perfecto del pueblo de Israel que también vivió unos años de feliz Alianza con Dios y que luego vivió largos años de “viudez” de lejanía de Dios por el destierro y la sumisión a los imperios que lo dominaron.

Ella también profetiza, anuncia movida por Dios, que ha llegado el tiempo de la salvación y la redención a su pueblo.

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