Sociedad descristianizada

5.- HACIA UNA PARROQUIA AL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN EN UNA SOCIEDAD EN VÍAS DE DESCRISTIANIZACIÓN

5.1.   Explicación

Las parroquias han de desarrollar hoy su misión en medio de una creencia difusa y de una increencia ampliamente aceptadas y socialmente legitimadas. Su mayor error sería seguir actuando dando por supuesta la fe en el corazón de las personas y en el interior del tejido social (familia, escuela, estructuras sociales).

El fenómeno de la creencia difusa, de la increencia y el alejamiento de la Iglesia es muy complejo y variado. Los mismos que se dicen creyentes viven muchas veces su fe acosados por la duda, la desorientación y la incertidumbre. Los que se van alejando lo hacen en grados diversos y siguiendo itinerarios diferentes.

Algunos se van desprendiendo de su fe por puro mimetismo y acomodación al ambiente. Otros se instalan en un estilo de vida pragmático e «in-trascendente» en el que no hay sitio para la experiencia religiosa. Bastantes se han alejado por problemas morales o situaciones matrimoniales irregulares. Otros, movidos por ideologías cerradas a la fe o contrarias a ella. Cada vez son más numerosos los que nunca han sido iniciados a la experiencia cristiana.

Promover una nueva evangelización exige hoy a las parroquias descubrir cuál ha de ser su servicio a la fe precisamente en esta situación y cómo han de ayudar a estos hombres y mujeres a despertarla primero, y a madurarla después como adhesión personal, libre y gozosa al Dios de Jesucristo.

La parroquia, lugar propio de la iniciación cristiana, no se puede limitar hoy a preparar a los niños y adolescentes para que reciban los sacramentos de la iniciación. Se nos exige un esfuerzo más amplio: 1) acompañar y sostener a creyentes débiles y desorientados que ya no pueden vivir hoy su fe arropada en el ambiente o en apoyos socio-culturales; 2) ayudar a los que se van alejando a reiniciar un camino de conversión que los lleve de nuevo a la experiencia cristiana; 3) dialogar con los diferentes tipos de increyentes para escuchar sus críticas, sus valores e inquietudes, ayudarles a formular los grandes interrogantes y aspiraciones del ser humano, y abrirles el camino a una primera adhesión global al Evangelio.

 

5.2.   Líneas de acción

  • Desarrollar una pastoral más diversificada
  1. Por lo general, en nuestras parroquias se ofrece a todos lo mismo y de manera indistinta, sin hacer apenas esfuerzo alguno por responder mejor a las diversas situaciones de las personas, niveles de fe o de increencia, grado de vinculación a la parroquia, Nos parece necesario promover una atención pastoral más diversificada, que responda de manera más adecuada a los diversos niveles de fe y las diversas posiciones religiosas de las personas.
  2. La celebración de la fe no puede plantearse de la misma manera cuando la asamblea está compuesta por creyentes responsables o comprometidos, cuando se trata de practicantes rutinarios o cuando la mayoría de los asistentes son ocasionales o gentes totalmente
  3. No se debe dar el mismo tratamiento catequético al niño de familia piadosa y al que vive en un hogar indiferente u hostil a la fe. Junto a la preparación de jóvenes convencidos al sacramento de la Confirmación habrá que desarrollar otras iniciativas que respondan más a un planteamiento misionero entre adolescentes y jóvenes que a una catequesis sacramental (v.g.: actividades de Tiempo Libre, animación socio-cultural, )
  4. Hemos de pensar, sobre todo, en las personas más o menos alejadas, que no tienen una actitud de rechazo y que, iniciarían una búsqueda se encontraran ayuda. Necesitamos encontrar ocasiones de contacto y espacios de acogida para ellas, en grupos reducidos o de manera incluso personal, con métodos y espíritu diferente al catequético, en actitud de escucha sincera de sus planteamientos, formulando las preguntas que ni ellos ni nosotros debemos eludir, deshaciendo prejuicios y experiencias negativas, despertando la apertura a
    • Potenciar la catequesis misionera
  5. Nuestro pueblo no está hoy falto de sacramentos y posibilidades sacramentales, sino falto de evangelización y catequesis Junto a acciones más intensas orientadas a un primer anuncio o impacto del Evangelio (misiones populares renovadas, cursillos de cristiandad, etc.) creemos necesario potenciar una catequesis misionera para jóvenes y adultos cuyo objetivo ha de ser el despertar religioso y la primera adhesión al evangelio.
  6. Existen experiencias dispares de catequesis de adultos y de jóvenes con ofertas hechas desde grupos y movimientos diferentes con planteamientos a veces demasiado parciales, reduccionistas o excesivamente ideologizados. Creemos necesario que las diócesis elaboren un plan concreto que permita a toda parroquia ofrecer una catequesis de adultos y de jóvenes (como ofrece catequesis infantil) cuyo objetivo sería encaminar hacia una fe más personalizada, más vivida y experimentada, mejor compartida en la comunidad, más encarnada en el mundo y más
  7. Necesitamos, además, experimentar y encontrar verdaderos catecumenados para personas realmente alejadas. Procesos capaces de conducir de la no-fe a la fe, del alejamiento a la comunidad, del vacío a la experiencia religiosa, de la indiferencia a la opción por
  8. Nos parece urgente cuidar que a toda acción sacramentalizadora preceda un anuncio evangelizador, al menos, En esta línea hemos de seguir desarrollando la pastoral pre-sacramental de carácter netamente evangelizador (contacto con padres alejados ante el Bautismo o primera Comunión de sus hijos, preparación de novios indiferentes al Matrimonio,…). Este tipo de contactos puede ser el medio de conectar con alejados dispuestos a iniciar encuentros de carácter catecumenal.
    • Liturgia en clave misionera
  9. La finalidad principal de la liturgia no es Celebran la fe de los que ya son creyentes. Por eso, «para que los hombres puedan llegar a la liturgia, es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión» (SC, 9). Sin embargo, hemos de plantearnos qué hacer en esas celebraciones a las que asisten personas alejadas y cristianos de fe muy débil o apagada (funerales, bodas,…)
  10. Antes que nada, hemos de decir que para muchos de ellos que asisten con respeto y cierta receptividad, la celebración realizada y vivida de manera auténtica, con una participación sentida por parte de los creyentes, puede tener una fuerza y un impacto evangelizador más fuerte que muchas palabras y
  11. Pero, además, sin manipular ni instrumentalizar la liturgia para fines extraños a ella misma, hemos de cuidar que esas celebraciones puedan ser un anuncio evangelizador. Para ello es preciso preparar con esmero la celebración, extremar la

acogida, potenciar la fuerza expresiva de los gestos y los signos, intensificar la participación interna y externa del núcleo de creyentes más comprometidos, cuidar el lenguaje, la homilía, el cantoral y las moniciones, de manera que conecten mejor con la sensibilidad, preocupaciones e inquietudes del hombre de hoy, etc.

  1. De manera casi natural, la demanda religiosa de las gentes se orienta hacia la parroquia en momentos claves de la existencia (nacimiento, matrimonio, enfermedad, muerte,…). Son bastantes los que sienten este hecho como un obstáculo y no como ayuda a la evangelización. Sin embargo, esta demanda brota de la dimensión religiosa del ser humano que, como las restantes dimensiones, pide ser evangelizada. Aunque constituya una tarea difícil, que requiere discernimiento, purificación y exigencia, creemos que esta demanda religiosa ofrece a las parroquias una gran oportunidad para evangelizar a las gentes y ayudarlas a vivir de manera más digna y profunda el nacimiento de la vida, el amor, el sentido del dolor, la muerte, la esperanza final. Naturalmente esto exige cuidar mucho más la preparación y celebración del sacramento del Bautismo, el Matrimonio, la Unción de los enfermos, los funerales,
  2. En esta misma línea hemos de cuidar la religiosidad popular (fiestas, devociones, costumbres religiosas, romerías, procesiones,…) sin caer en la promoción ligera e indiscriminada de lo mágico o folklórico, estimulando y ahondando en sus contenidos más auténticos y

 

5.3.   Actitudes

  1. Actitud dialogante con la increencia

-No se evangeliza al increyente desde el miedo, la polémica, la descalificación o el desprecio, sino desde una actitud de diálogo lúcido y paciente. Cualquier proyecto evangelizador de nuestras parroquias que-dará desvirtuado si pretende utilizar la fuerza, el poder o la coacción, sin respetar debidamente la conciencia y los valores de cada persona.

-Nuestras parroquias han de cultivar un clima de actitud amistosa y dialogante hacia los increyentes, compartiendo problemas e interrogantes, sin colocarnos secretamente al margen o por encima de los que no creen, reconociendo la dosis de increencia e infidelidad que llevamos cada uno en nuestro propio corazón.

      2. Buscar el punto de encuentro: la persona

Para dialogar y establecer el contacto con los increyentes o creyentes difusos hemos de buscar un terreno común y éste no puede ser otro que la persona hombre con su necesidad de esperanza y salvación. Hemos de plantearnos juntos las grandes contradicciones, inquietudes e interrogantes del hombre contemporáneo y sentirnos unidos para colaborar en la tarea de construir una humanidad más digna, responsable y esperanzada.

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