Una comunidad viva y fraterna

2.- Hacia una Parroquia comunidad viva y fraterna

Resultado de imagen de comunidad viva y fraterna

2.1.  Explicación

Jesús no es un evangelizador en solitario. Desde el comienzo convoca un grupo de seguidores y crea una comunidad cuya misión es vivir, anunciar y promover el Reinado de Dios. La evangelización es responsabilidad de la comunidad de los discípulos de Jesús.

Por muy importantes que puedan ser las acciones y los gestos individuales de cada creyente, la responsabilidad y el impulso de la misión evangelizadora está en la comunidad. Por ello, donde no se construye comunidad de seguidores de Jesús se está obstaculizando de raíz la evangelización.

No es suficiente, por tanto, para impulsar la evangelización hoy, contar con algunos sacerdotes, religiosos o laicos comprometidos en la evangelización de la increencia actual o en la transformación de algunos ambientes. Necesitamos comunidades vivas donde sea posible percibir «un signo opaco y luminoso al mismo tiempo, de una presencia nueva de Jesucristo» (EN, 15).

Naturalmente no se trata de comunidades cerradas sobre sí mismas, sino comunidades donde como dice la Evangelii Nuntiandi, incluso «la vida interna -la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido- no tiene pleno sentido más que cuando se convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y anuncio de la Buena Nueva» (EN, 15).

2.2.2. Nuestras parroquias no pueden ponerse al servicio de la evangelización si no van transformándose de centros de servicios religiosos en comunidades vivas de creyentes, es decir, en ámbitos donde los cristianos puedan vivir realmente la experiencia de la fraternidad cristiana.

La evangelización nos está pidiendo hoy parroquia donde los creyentes puedan compartir más fraternalmente su fe y sus bienes, interpelarse y enriquecerse mutuamente, celebrar más unidos su esperanza y sentirse más corresponsables en la  tarea evangelizadora de la comunidad.

Esta puede ser una de las aportaciones más decisivas de la parroquia a la evangelización y a tantos hombres y mujeres que necesitan urgentemente de una comunidad para redescubrir su fe y crecer en la experiencia cristiana.

Estamos convencidos de que la parroquia puede jugar en nuestro país un papel decisivo en la construcción de una Iglesia- comunión y en la creación de verdaderas comunidades cristianas en estos momentos en que constatamos un mosaico de grupos, asociaciones y colectivos eclesiales muy variados; una pluralidad de actividades y actuaciones dispersas, sin la unión y armonía interna que ha de existir entre los diversos carismas y servicios; un gran individualismo religioso en bastantes cristianos que entienden y viven su fe de manera aislada.

Este esfuerzo por construir una comunidad fraterna en el interior de la parroquia tiene hoy un valor evangelizador particular en una sociedad donde las relaciones son, con frecuencia, utilitarias, interesadas, competitivas e incluso opresoras, y donde va aumentando la dispersión, el aislamiento, la manifestación y el anonimato de las personas.

2.2. Líneas de acción

  • Potenciar siempre lo comunitario

Somos conscientes de que en bastantes parroquias coexisten cristianos de sensibilidades diferentes, procedencias diversas y opciones divergentes. Constatamos, con frecuencia, entre nosotros, lenguajes y actuaciones que esconden teologías, espiritualidades, experiencias, intereses y praxis pastorales muy

Pero es precisamente en este contexto donde hemos de ir creando comunidad fraterna, sin despreciar ni arrancar a nadie de su legítima pertenencia a la parroquia, recordando que «ella es el lugar natural de las familias, de las auténticas comunidades de base, de los diversos movimientos, grupos y asociaciones»1.

  1. Para que la comunión no sea algo puramente afectivo, interior o abstracto, creemos urgente promover en nuestras parroquias todo lo que estimule la comunicación, relación interpersonal y grupal, trabajo en equipo, colaboración,… evitando todo aquello que lleve a la dispersión, el aislamiento, la división o mutua descalificación.
  2. Es normal que, al iniciar un proceso de renovación en las parroquias, vayan surgiendo minorías o núcleos de cristianos más concienciados o comprometidos, que responden con mayor prontitud y pueden ser fermento animador de la comunidad total. Aunque es necesario atender el ritmo y las exigencias de estas minorías, hay que evitar, por encima de todo, que se conviertan en niveles selectos a los que no puede incorporarse cualquiera o que distraigan y obstaculicen la atención pastoral a la totalidad de la comunidad parroquial.
  3. Creemos importante promover las convocatorias a la totalidad de los fieles y de los grupos (celebraciones, asambleas, encuentros festivos, jornadas de convivencia, ). Normalmente, nuestras parroquias convocan a sus fieles casi exclusivamente para la celebración litúrgica. Hemos de aprender a reunir también a los cristianos para reflexionar juntos sobre la vida y la marcha de la parroquia, los problemas del barrio, etc. En especial, creemos mejor su preparación, estimulando la participación amplia de todos, experimentando las diversas posibilidades que ofrece. hay bastantes cristianos que no tomarán parte en pequeños grupos o actividades parroquiales pero acudirán a estas Asambleas.
  4. En bastantes parroquias existe todavía una multiplicación tal de celebraciones por motivos de comodidad, por exigencias de grupos diversos o por otros factores que, de hecho, se deteriora la unidad litúrgica de la parroquia y se hace muy difícil la preparación y dignidad de las celebraciones. La creación de una verdadera comunidad exige ahí una revisión y discernimiento evangélico.
  5. También la administración económica de la parroquia ha de estar al servicio de la comunión, lo cual exige que se actúe con claridad (ningún ingreso ni salida sin registrar e informar), que no se promuevan economías paralelas o separadas y que todo esté subordinado al proyecto pastoral de la
    • Construir un tejido de relaciones y grupos comunitarios

Entre nosotros se viene hablando últimamente de la parroquia como «comunión de comunidades». Nos tememos que con frecuencia, se trata de una expresión utilizada de manera sistemática y bastante ligera, sin que se sepa exactamente cuál es su contenido concreto.

Sin entrar en discusiones teóricas, queremos afirmar que, a nuestro juicio, la parroquia es más que una pura instancia de coordinación y administración, más que un mero Consejo Pastoral donde los grupos y comunidades puedan expresarse; más que una mera convergencia o encuentro litúrgico de los diferentes colectivos cristianos.

Lo que sí observamos es que en muchas parroquias existe un espacio va-cío entre el cristiano individual y el encuentro litúrgico dominical en el que toma parte. Creemos que ese espacio puede y debe ser llenado y enriquecido, creando todo un tejido o una red de pequeñas comunidades, grupos cristianos diversos de carácter catequético o catecumenal, grupos de oración o de reflexión cristiana, encuentros de matrimonios o de padres cristianos, grupos juveniles o de tercera edad, asociaciones de carácter apostólico, etc.

Toda esta diversidad permite crear en el interior de la parroquia cauces de encuentro donde los cristianos puedan relacionarse de un modo más cercano y personal, compartir y revisar su fe de manera más viva e intensa, recuperar con más vigor la conciencia de su eclesialidad, crecer de manera concreta en la corresponsabilidad misionera.

2.3.  Actitudes

  1. Actitud de comunión

Creemos necesario imprimir a todas las realidades parroquiales (estructuras, grupos, celebraciones, actividades pastorales, etc.) un espíritu eclesial de comunión frente a todo aquello que promueva el individualismo, el protagonismo injustificado, el aislamiento, la intolerancia excluyente, los capillismos.

Este sentido de comunión ha de ser suscitado también en el seno de aquellas comunidades religiosas, institutos o asociaciones que realizan sus propias actividades (colegios, centros asistenciales, etc.) de manera totalmente desconectada de la vida y la marcha de la parroquia donde se ubican. Han de descubrir que su acción, sin perder nada de su carácter propio y específico, debe servir más eficazmente a la evangelización relacionándose con la parroquia e insertándose en su pastoral de conjunto.

2. Actitud de discernimiento

Creemos necesario y urgente un espíritu y una labor de discernimiento en los diferentes grupos, comunidades, catecumenados y asociaciones varias que crecen hoy en nuestras parroquias. En orden a una revitalización de la comunidad parroquial, éstos nos parecen los aspectos más atendibles:

-Se ha de discernir si la llamada comunidad o grupo cristiano es comunidad de fe convocada por el Señor y donde los creyentes maduran, comparten y enriquecen su adhesión al Evangelio de Cristo o todo se reduce a encuentros de personas necesitadas de una relación cálida, atraídas por una simpatía mutua o unidas por una misma ideología interpeladora de la vida.

-Se ha de revisar si el grupo o comunidad está eficazmente abierto a la comunidad parroquial y al servicio de su acción evangelizadora. La actitud sectaria acapara toda la atención y el tiempo de las personas hacia el propio grupo y busca el reclutamiento y el crecimiento del grupo olvidando y desentendiéndose del crecimiento progresivo de la comunidad total.

-Se ha de revisar de manera particular el riesgo de encerrarse sobre sí mismos para constituirse en grupo de vanguardia litúrgico, catequético o revolucionario, en ruptura con el resto del pueblo de Dios. Desde la autocomplacencia o el complejo de superioridad individual o grupal no se construye comunidad.

-En todo esto, «las claras directrices de los Obispos deben ayudar a discernir y valorar lo específico de cada uno de los grupos, y a armonizar las actividades de todos con los objetivos comunes a los obreros del Evangelio»2.

 

1 JUAN PABLO II: Mensaje para la XXIII Jornada Mundial de las Vocaciones, (enero de 1986): CONGRESO PARROQUIA EVANGELIZADORA, «Textos para la reflexión», pág. 19.

2 JUAN PABLO II: A los obispos de Lombardía en la visita «ad limina», (febrero 1987): CONGRESO PARROQUIA EVANGELIZADORA: «Textos para la reflexión», pág. 18.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *